Poemas de Alkaíd Marino

Un número sobre otro número[1]

 

2 corazones

separados por una línea

horizontal

aspiran a ser

 

                       1.

 

Nada en esta vida

es enteramente algo:

 

¿Todo es una fracción?

 

La línea que divide

el corazón de mis padres

es como esa cifra abandonada

que oculta

 

                         su valor.

 

Un número

sobre otro número:

 

mis padres jamás llegarían

a ningún resultado.

 

 

3/3

 

El amor es el resultado

de toda teoría

errónea.

______________________________

El error es el resultado

de toda teoría

amorosa.

 

 

Raleigh

 

Papá fumó con nostalgia la tarde;

no abrió esos ojos de esperanza

ni dio aquellos suspiros (tos

frente al espejo).

 

¿Mamá llegó a ser algo más efímero

que una bocanada de humo?

 

Era la pregunta

que mis hermanos y yo

nos hacíamos

al mirar los viejos ceniceros

de la casa.

 

Nunca supimos si aquella soledad

en nuestros sueños era de mamá

o de algún recuerdo ajeno.

Los días se disiparon, siluetas

breves del aliento, en el aire.

 

Papá aprendió a apagar el corazón

como se hace con un cigarro.

 

 

Mamá trabaja todo el día

 

Sé que me regañará

por el sabor de la comida:

 

aun no entiendo qué es una pizca de sal.

 

Limpiar la casa, trapear con ahínco;

cuidar de mis hermanos:

¿quién más podría cuidar de ellos?

 

Me odian.

 

Odian que mamá no esté.

 

No los culpo.

 

Detesto ir a las juntas de la escuela:

tomar decisiones sobre convivios,

vestuarios de baile;

cooperaciones.

 

Espero que mamá

no llegue con hambre:

 

una pizca de sal es un hogar roto.

 

 

Primaria

 

Odié esa escuela: 

                                               nadie quería ser mi amigo.

 

Con lágrimas en los ojos

miraba a mis compañeros

jugar a los quemados.

 

Sentado en una vieja banca

detrás del salón,

aplastaba las hormigas

cerca de mi pie:

                sonreía.

 

Me acostumbré a la caricia

de los lugares solitarios.

 

Esos lugares que los perros

eligen

para arrancarse la rabia

 

eran mis favoritos.

 

Mariano

 

Después que le pidiera a mi padre

que se fuera de la casa,

mi madre cerró la puerta de su cuarto

para siempre:

           dormir era su estado.

 

Con el tiempo,

también le pidió a la alegría

que se alejara de la cocina.

 

Papá, mamá ya no cree en el amor:

 

se quita el corazón por las mañanas,

 

saluda a las aves que llevan en el pico

la canción triste de aquel álbum.

 

Tiró sus libros antiguos de recetas:

colgó el delantal.

 

Mamá no volvió a mencionar

el nombre de papá

frente a un plato caliente de comida.

 

 

Hay verdades que mi hijo nunca escuchará de mi boca

 

Mi hijo, al igual que yo,

se quiebra la cabeza

al intentar comprender

la naturaleza dividida de las cosas:

 

¿Por qué somos seres

fragmentados?

 

¿Por qué necesitamos dividirlo

todo?

 

¿Cómo puedo explicarle

que alguna vez

él se quebrará

ante algo que fue concebido

para ser distancia?

 

¿Cómo puedo explicarle

que aún escucho la voz

de mi padre

alejándose del corazón

de mi madre?

 

Trazo una línea

para formar la primera fracción

en su cuaderno:

 

la tarea no consiste

en entender

en cuántas partes está dividida

la figura;

 

la tarea consiste

en evitar

que se divida el corazón

de mi hijo.

 

 

El agujero

 

Mi madre preservaba el equilibrio

de nuestro hogar:

 

ponía orden en las habitaciones,

remendaba los botones faltantes

de las camisas,

mantenía el piso limpio

para los pies

descalzos.

 

Intentó

por todos los medios

alejarnos del mal:

nunca dejaba telarañas

en las esquinas

de los muros;

guardaba bajo llave

las botellas de blanqueador,

untaba Vick Vaporub.

 

Pero Mamá

nunca pudo reparar

aquel agujero

que papá dejó

al marcharse.

 

 

Mi esposa corrige a mi hijo

 

Tiene ese torcer de ojos,

ese no me truenes la boca porque te pego:

me preocupa.

 

Yo deseé pegarle a mamá muchas veces.

 

Imaginaba la cachetada más dura;

la que me secaría la mano

de una buena vez

 

                          y para siempre.

 

Muchas veces le grité;

le gritaba con todas mis fuerzas

para que se arrepintiera

de amarme tanto; para que recordara

que no era la misma mamá

de la infancia.

 

Por la ventana observo a mi hijo

barrer el jardín:

murmura.

 

Cuando mamá me reprendía, yo también

murmuraba.

*

*

*

Semblanza

Alkaíd Marino (Ciudad de México, 1980). Participó en talleres literarios a cargo de los escritores Fidel Acevedo, Cristina Rivera Garza y Daniel Miranda Terrés. Autor de los libros de poesía: Tatuajes (Praxis, 2014), Mal de espejo (Praxis, 2016), Deixis (Praxis, 2018), Desencanto del héroe (Praxis, 2021), La delgada costumbre de lo vulnerable (o breve compendio de lo habitual) (Praxis, 2022) y A las fracciones papá les llamaba quebrados, algo tenía que romperse (Ediciones Liliputienses, 2025). En 2021 es antologado en el libro Los días azules: Poesía Pandémica, editado por Editorial Capítulo Siete. Participó en el X encuentro de poetas y narradores José Rubén Romero, 2025. Es parte de la Enciclopedia de la Literatura en México ELEM (FLM). Algunos de sus textos aparecen en medios impresos y digitales como Aullido; El Coloquio de los perros; Letras Libres; La Raíz Invertida; Luvina; Periódico de poesía; Círculo de Poesía; La Otra; Monolito; Nueva Provenza; Centro Cultural Tina Modotti; Grafografxs; Girasol Noctámbulo; La Pluma del Ganso; Plana Poética: Sol filamento; El Humo.


[1] Poemas del libro A las fracciones papá les llamaba quebrados, algo tenía que romperse (Ediciones Liliputienses, 2025).