Por Eduardo Zambrano
Podría decirse que “desde que el mundo es mundo”, la relación del hombre con la naturaleza, y con los árboles en particular, lleva consigo una conexión sagrada, asociada con la sabiduría, la fertilidad, o simbolizando también la fortaleza, la renovación, la longevidad. De entre todas estas culturas habrá que destacar a los celtas con el roble y a los nórdicos con el fresno, en la India el baniano o entre los mayas la ceiba. Sea como fuere, y más allá de esta tradición mítica y espiritual, el devastador auge de la industria a finales del siglo XIX y principios del XX, encendió una alarma para cuidar de ellos, de los árboles, de su valiosa participación en sanear al planeta con la captura del carbono y su transformación en oxígeno.
El primer país en pronunciarse para concientizar en la protección de la vida arbórea fue Suecia, en 1840. Con el tiempo muchos países se unieron a este noble propósito, México lo hizo en 1959, y lo puntualizó en el calendario el segundo jueves del mes de julio. Pero fue hasta 1969 que se hizo visible una fecha para tomar conciencia a nivel global, pues en 1971 hubo una aceptación oficial de parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), quedando el 28 de junio como el Día Mundial del Árbol.
Una forma de sumarse a esta toma de conciencia, que se celebra mañana domingo, es a través de la poesía. De igual forma desde que existe la poesía en el mundo la imagen del árbol aparece entre los versos y en la imaginación de los poetas. Ya sea desde la originaria y gloriosa tradición mítica a la simple condición humana; desde lo anecdótico a lo místico, de lo intelectual a lo popular, de la poesía sapiencial al poema lírico en su estado más puro… EL ÁRBOL enraíza en la tradición poética de todos los tiempos.
Los ocho textos que parecerán a continuación forman parte de una antología temática, siempre inacabada y que se va reforestando (digámoslo así), por mis lecturas.
Aproximación sapiencial
La invitación espiritual, casi religiosa, que hace el pensador hindú Krishnamurti, nos permitirá acercarnos a los árboles no solamente con interés, sino también con cierta reverencia y respeto:
Nunca observamos atentamente la condición de un árbol; nunca lo tocamos para sentir su solidez, la rugosidad de su corteza, para escuchar el sonido que le es propio. No es el sonido que produce el viento en las hojas, ni la brisa de la mañana que las hace susurrar, sino un sonido propio, el sonido del tronco, y el sonido silencioso de las raíces. Hay que ser sumamente sensible para captar ese sonido. No es el ruido del mundo, la verborrea del pensamiento, ni el ruido de las disputas humanas… sino el sonido propio del universo.
…
Aproximación lírica
En contraste al texto anterior, leemos ahora un acercamiento libre de todas concepciones, un poema plenamente lírico, bellísimo, donde Ezra Pound encuentra a su amada en una especie de Dafne, la ninfa que fue convertida en árbol para evitar el asedio de Apolo. Sin embargo, en este caso, el poeta logra injertarse y vivirse plenamente con su amada:
UNA MUCHACHA
Injertada en mis manos
su savia por mis brazos ha subido.
El árbol ha crecido con mi pecho.
Hacia abajo,
brotan de mí las ramas, como brazos.
Árbol eres,
musgo eres,
eres tú las violetas bajo el viento.
Una muchacha tan hermosa eres
y todo esto es locura para el mundo.
…
Aproximación intelectual
Sin duda, el maestro Octavio Paz, tan afecto a la presencia de los árboles, lo termina visualizando como algo vivo en su pensamiento, sobre todo, capaz de encenderse y manifestarse ante la mirada amorosa que le acompaña:
ÁRBOL ADENTRO
Creció en mi frente un árbol.
Creció hacia dentro.
Sus raíces son venas,
nervios sus ramas,
sus confusos follajes pensamientos.
Tus miradas lo encienden
y sus frutos de sombras
son naranjas de sangre,
son granadas de lumbre.
Amanece
en la noche del cuerpo.
Allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.
Acércate, ¿lo oyes?
…
Aproximación de línea directa (o popular)
En el entorno de la trova cubana hay una canción, un poema, donde el cantautor Eusebio Delfín se declara abiertamente el árbol “conmovido y triste” que registra el nombre de la amada; un poema sencillo que encuentra su ritmo en ocho hermosos endecasílabos:
¿Y TÚ QUE HAS HECHO?
En el tronco de un árbol una niña
grabó su nombre henchida de placer
y el árbol conmovido allá en su seno,
a la niña una flor dejó caer.
Yo soy el árbol conmovido y triste,
tú eres la niña que mi tronco hirió.
Yo guardo siempre tu querido nombre
y tú, ¿qué has hecho de mi pobre flor?
…
Aproximación al espacio heroico
Los versos del poeta guatemalteco Ak´Abal, relatan en un tono sencillo… pero hasta cierto punto épico, casi heroico, cómo la resistencia del árbol soporta los avatares del mal tiempo, de los momentos difíciles. ¿Se podría hablar del heroísmo de algunos árboles? En estos versos nos queda claro que sí. A continuación va un ejemplo:
LIGERAMENTE TORCIDO
Vi cómo se agachaba el ciprés,
lo escuché crujir,
sus ramas con los dedos abiertos
arañando la tierra,
el árbol estaba de rodillas
con los cabellos revueltos.
Se aquietó el viento,
se calmó la tempestad,
y el árbol sin una queja
volvió a enderezarse,
quedó ligeramente torcido
y siguió creciendo.
…
Aproximación al espacio espiritual o místico
La espiritualidad en Japón está íntimamente ligada a la naturaleza a través del sintoísmo, su religión autóctona, que adora a los kami (espíritus o deidades) presentes en ríos, montañas, árboles y fenómenos naturales; pero a diferencia de occidente, esta reverencia sagrada al medio ambiente se manifiesta en la cotidianeidad. Sobran haikus en este sentido, pero transcribo ahora un poema con un sesgo zen de Shinkichi Takahashi:
EL VIENTO ENTRE LOS PINOS
El viento sopla fuerte
entre los pinos,
es otra vez el comienzo
de un pasado
sin fin.
Escucha:
ya lo has oído todo.
…
Aproximación a lo social y anecdótico
Qué más anecdótico, que un bello poema en prosa del gran escritor francés Jules Renard, un poema que nos da cuenta de una familia de árboles, sus costumbres, comportamientos, sus miedos, su humilde sabiduría que colinda con lo poético.
UNA FAMILIA DE ÁRBOLES
Los encuentro después de atravesar una llanura quemada por el sol.
A causa del ruido, se apartan del camino. Habitan los campos incultos, cerca de una fuente que sólo los pájaros conocen.
De lejos, parecen impenetrables. Cuando me acerco, sus troncos se separan. Me acogen con prudencia; puedo descansar, refrescarme, pero adivino que me observan y desconfían.
Viven en familia, los más viejos en el centro, y los pequeños, cuyas hojas acaban de brotar, aquí y allá, sin apartarse nunca.
Mueren lentamente y conservan a sus muertos de pie has
ta que se deshacen en polvo.
Se acarician con sus largas ramas, como los ciegos para asegurarse de que todos están allí. Gesticulan coléricos si el viento se empeña en arrancarlos. Pero entre ellos no hay disputa. Sólo murmuran de acuerdo.
Comprendo que ellos deben ser mi verdadera familia. Pronto olvidaré la otra. Estos árboles acabarán por adoptarme, y para merecerlo aprendo lo que hace falta saber:
Ya sé mirar las nubes que pasan.
Sé quedarme en mi sitio.
Y he aprendido a casi estar callado.
…
Aproximación a la existencia propia y entrañable
Por último, en este soneto del poeta colombiano Germán Pardo García, el árbol se transforma en vida encarnada, en emociones sensibles, un “árbol corazón” que enraíza en la condición humana:
ÁRBOL HUMANO
Hablo de una presencia desolada.
De una raíz con su sabor de suelo.
De una hoja en sus ámbitos de cielo,
viva de luz, de claridad, de nada.
De un árbol corazón, vida encarnada
y ansiedad a los tránsitos del vuelo.
De un corazón alzado hacia el desvelo
y agónico de sombra iluminada.
Hablo de una presencia desasida.
De una muerte en la luz y de una vida
plena de abismo y de estupor profundo.
De una fuerza en sus órbitas muriendo.
De un árbol corazón que está viviendo
de la entraña recóndita del mundo.


