Análisis sobre “El huésped” de Amparo Dávila

Por Melanie Montserrat García Arreguín

Introducción

En “El huésped” de Amparo Dávila surge una inquietud fundamental, ¿por qué el texto se niega a ofrecer una explicación clara sobre la naturaleza de la criatura y un cierre definitivo para la historia? La ambigüedad que atraviesa el relato no solo genera intriga, sino que coloca al lector en una posición de incertidumbre constante, obligándolo a cuestionar si el huésped es un ser real, una proyección psicológica o una metáfora de una opresión más profunda. El problema que plantea este análisis radica precisamente en comprender cómo esta indefinición narrativa no es un vacío accidental, sino una estrategia literaria que transforma la experiencia de lectura y reconfigura el horizonte de expectativas del lector de la época.

La tesis que sostiene este trabajo es que Dávila utiliza lo fantástico y la ambigüedad para desplazar el terror hacia el espacio doméstico y evidenciar las dinámicas de poder patriarcales, rompiendo con el horizonte de expectativas del lector mexicano de mediados del siglo XX.

Para fines de este ensayo me centraré en tres aspectos: la construcción de un lector a partir de la ambigüedad, bajo la teoría de Culler; la configuración del lector implícito y la empatía hacia una narradora poco confiable, apoyándome de la teoría de Booth; y la ruptura del horizonte de expectativas de 1959 al sustituir el realismo nacionalista por un terror doméstico y psicológico, bajo la teoría de Jauss.

El estudio se centra en el cuento “El huésped” de Amparo Dávila, atendiendo tanto su estructura narrativa como a sus recursos simbólicos y temáticos. El objetivo de este trabajo es demostrar que el relato no solo construye un efecto de lo fantástico, sino que reconfigura el concepto mismo de terror en la literatura mexicana, evidenciando que lo verdaderamente ominoso puede residir en la vida cotidiana y en las estructuras invisibles de poder.

Análisis sobre “El huésped”, bajo las tres teorías sobre el lector

Al leer la obra de Amparo Dávila, no podemos evitar esa sensación de intriga, preguntándonos por lo que pasará después o cuál será el final; pero nos encontramos con algo no muy grato, pues no hay respuesta a ninguna de esas pregunta, ¿eso buscaba Dávila al escribir ese tipo de cuentos? o ¿que nosotros mismos le demos una perspectiva única?

Según la tesis de Culler (1978), propone que el significado de lector no es algo fijo ni inherente al texto, sino que se construye mediante la interacción entre el lector y el texto, basándose en una competencia literaria.

Como competencia literaria, nos planteamos la siguiente pregunta, ¿qué hace Dávila con el lector?, la narradora impide la naturalidad del huésped, pues no sabemos a ciencia cierta qué es esa criatura, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿es un humano, un animal, o qué es? Algunos de los estereotipos planteados en la obra, podemos ver cómo Amparo Dávila se centra en presentar la vivencia de las mujeres, y algunos de los estereotipos marcados, como el marido que muestra un rotundo desinterés ante tal situación que aterra a su esposa, catalogándola como si solo fuera una mujer histérica; además, observamos también la existencia de una complicidad entre la mujer que ayuda con las labores, Guadalupe, y la narradora.

Amparo Dávila hizo algo increíble a través de sus obras, escribir textos oscuros, transmitir un terror, pero no el terror que conocemos, como lo paranormal, sino el terror que vivía una mujer en los años 50-60’s en la sociedad, a través de la cotidianidad y el silencio. Además de crear o buscar que el lector sienta empatía por la historia de la mujer, pero, esa historia, ¿será una mentira creada en su mente?, y si es una mentira, ¿qué tuvo que vivir esa mujer para crear una mentira tan terrorífica?

Al investigar más sobre la autora, me encontré con un comentario acerca de los finales no encontrados, o los que queremos encontrar en sus obras, “su obra no tiene finales felices, porque para muchas mujeres, el final ni siquiera llega” (Ariadna, 2025).

Vemos la construcción de los estereotipos culturales, el marido indiferente, la mujer histérica, entre otras cosas, como la convección de género podemos ver una narración fantástica gótica doméstica, no necesariamente lo que conocemos del gótico al estilo de Drácula, sino cómo lo extraordinario rompe con lo cotidiano. Además, también nos muestra cómo los hilos temáticos se repiten desde el inicio, el encierro, la animalidad y la cosificación femenina.

Hay dos claras isotopías, pues el encierro lo vemos desde un inicio cuando la mujer dice “Vivíamos en un pequeño pueblo, incomunicado y distante de la ciudad” (Dávila, 2009). Esto retrata la lejanía en la que se encontraba la mujer, en un encierro constante, creando un ambiente más aterrador. Por otra parte, la animalidad es la descripción del huésped, como un ser siniestro, con mirada penetrante, haciéndonos saber que es alguien o algo peligroso y no deberíamos de estar tranquilos con su presencia.

Más que solo contar historias de mujeres con las vivencias que ya todos conocemos, mujeres calladas, viviendo en una cotidianidad, Dávila hace de esas historias una narración de lo fantástico, haciendo que lo extraordinario irrumpa lo cotidiano, ¿podríamos verlo también como un género de gótico femenino?

La teoría de Booth (1978), se centra en el concepto del lector implícito, propone que cada obra literaria crea su propio lector ideal dentro del texto. ¿Cómo controla Dávila lo que estamos leyendo? La esposa tiene un diálogo íntimo con nosotros, compartiendo su percepción acerca de la situación, su angustia y temor ante el huésped. Existe una diferencia entre autora-narradora, la esposa, siendo la narradora. Como lectores, no podemos confiar completamente en su voz, pues su versión es la única que leemos; pero esto mismo consigue construir una empatía con su situación y que justifiquemos la acción final que tiene con el huésped. “Mis niños estaban atemorizados, ya no querían jugar en el jardín y no se separaban de mi lado”, por medio de esta cita, podemos sentir esa empatía hacia ella, debido a que la situación con el huésped escaló más, haciendo daño directo con sus hijos, ¿Quién no actuaría de la misma manera que la narradora para proteger a su familia?

Si leemos “El huésped de Amparo Dávila desde la teoría de Jauss (1970), el punto central no es sólo qué cuenta el texto, sino qué provoca en su lector histórico y cómo altera su horizonte de expectativas. ¿Qué expectativas tenía el lector mexicano de 1959 y cómo el huésped las rompe? En 1959, el horizonte de expectativas del lector mexicano estaba formado por una narrativa centrada en la Revolución, el realismo social y la construcción de identidad nacional (Pereira, 1995). Autores como Mariano Azuela o Martín Luis Guzmán habían consolidado un modelo narrativo centrado en la historia pública y la experiencia masculina. La literatura considerada seria giraba en torno a lo público, lo histórico y lo masculino. El espacio dominante era el campo de batalla o la nación, no la casa.

Si hablamos sobre el gótico clásico, podremos ver que es un género que trabaja con lo sobrenatural, la maldad humana, espacios siniestros como los castillos o laboratorios y una moral heredera de la tradición victoriana. En cambio, Dávila desplaza el terror al espacio doméstico, a lo cotidiano, a lo aparentemente seguro. No hay laboratorio, hay un comedor. No hay castillo, hay una casa provinciana. No hay monstruo claramente definido, hay una presencia ambigua. En el cuento se presenta una incertidumbre, una presencia extraña y un elemento del que nunca habla, pero como lectores sabemos que algo anda mal. (Rodríguez, 2018)

Desde Jauss, esta operación genera distancia estética, el lector espera realismo nacionalista y recibe ambigüedad fantástica, espera conflicto histórico y encuentra dinámicas de poder en la familia, espera una narración explicativa y obtiene silencio e incertidumbre.

Lo fantástico, lo ominoso y el miedo desconocido son clave, pues el huésped nunca se define del todo. Lo ominoso surge porque aquello que debería ser seguro, como el hogar, se convierte en un espacio de amenaza, dejando de ser refugio y volviéndose en un escenario de terror psicológico. Dicho desplazamiento produce una ruptura en el horizonte del lector de 1959, que no estaba habituado a que el miedo residiera en lo doméstico.

“Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje”, el huésped es introducido por el marido, él decide, él impone, él minimiza el miedo de su esposa. El verdadero terror no es únicamente la criatura, sino la estructura de poder que permite su presencia. El espacio doméstico funciona como un territorio de control, donde la mujer carece de agencia.

En contraste con la narrativa revolucionaria, donde la violencia es pública, masculina y armada, Dávila presenta una violencia íntima, silenciosa y estructural. La Revolución narraba el cuerpo herido del soldado; Dávila narra el cuerpo femenino en estado de vulnerabilidad, vigilado y amenazado. El terror ya no es la guerra, sino la convivencia cotidiana bajo el patriarcado; es ahora el terror de una mujer, debatiéndose entre la cordura y la locura, vista como histérica.

“El huésped” no sólo es un cuento de lo fantástico, es una obra que reconfigura el sistema literario de su época al desplazar el centro de la representación desde la Revolución hacia el espacio doméstico, evidenciando que el verdadero terror puede residir en las dinámicas invisibles del poder familiar.

Conclusión

En “El huésped”, Amparo Dávila no solo construye un relato inquietante, sino que nos obliga a habitar en la incomodidad, pues el miedo no proviene de un monstruo claramente definido, sino de la ambigüedad, del silencio y del espacio doméstico convertido en amenaza. Desde la teoría de Culler, el sentido del texto no está cerrado, nosotros somos quienes, desde nuestra competencia literaria, completamos los vacíos y damos forma a aquello que nunca se nombra. Con Booth, comprendemos que la narradora nos arrastre a su intimidad para que compartamos su angustia, aunque su voz no sea plenamente confiable. Y con Jauss la ruptura no es solo estética, también puede ser histórica e ideológica, en lugar de la épica revolucionaria y masculina; porque Dávila sitúa el terror en la casa, en la cotidianidad y en las estructuras de poder patriarcales. Así, el verdadero huésped no es únicamente la criatura ambigua, sino la violencia silenciosa que habita en las dinámicas familiares. Amparo Dávila transforma el miedo en una experiencia íntima y política, mostrando que, para muchas mujeres, el horror no necesita castillos ni fantasmas, basta con la vida diaria.

Primera aparición de “El huésped” de María Amparo Dávila en la Revista Mexicana de Literatura, Núm. 6, Julio-Agosto 1956.

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Semblanza

Melanie Montserrat García Arreguín (Monterrey, Nuevo León, 2004). Actualmente es estudiante de Letras Hispánicas en la Faculta de Filosofía y Letras de la UANL.

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Bibliografía.

Booth, W. (1978). La Retórica de la Ficción. Trad. Gubern, S. Antoni Bosch, editor, S.A.

Culler, J. (1978). La poética estructuralista: el estructuralismo, la lingüística y el estudio de la literatura. Editorial Anagrama.

Dávila, A. (2009). Cuentos reunidos. El huésped. Fondo de Cultura Económica.

Jauss, R. (2013). La historia de la literatura como provocación. Trad. Godo, J. & Gil, J.L. Editorial Gredos S.A.

Pereira, A. (1995). La generacion del medio siglo: un momento de transción de la cultura mexicana. Literatura Mexicana, 6(1), 187-212.

Secretaría de Cultura, (2018). Obra de Amparo Dávila es referencia indispensable para jóvenes cuentistas. Gobierno de México.