Primeros pasos de Brenda del Carmen Ramos

Del archivo personal de la autora.

El árbol

 

La raíz de mis dolores, tu nombre 

lleva espinas y se esparce 

como cuerpo que yace en el fango.

Y habituado a él no hay reparos 

en vivir manchado de nuestras sangres.

 

La aflicción corrompe todo lo que toca  

y para que termine con la mano criminal

se debe talar desde las venas.

           ¿Cómo arrancar la fuente

           si es la semilla y también el arma? 

 

El vientre que da a luz es mi tumba,

es una mano que adula y castiga, 

que planta mi tallo y lo corta

árbol etéreo que reprocha a sus ramas

convertirse en rizomas.

             Bajo tierra yazco y sólo aquí crezco.  

 

Morí sin morir,

hice el sacrificio,  

pero un árbol sin plantar está muerto 

y vaga sin dirección por el mundo 

tratando de encontrar un jardinero 

que lo abrace, lo procure y lo cuide.

 

Pero el amor lo desconoce y rechaza, 

             otra vez busca al árbol marchito.

 

 

Aurora funesta

 

Desgarra el viento del amanecer

mi alma en pedazos revela restos

de algún cuento inconcluso

que he sabido reconocer.

 

El cuerpo estacionado en la bruma, extraña al sueño,

florece lo funesto,

y se ha olvidado de la dicha de volver a nacer.

 

Despertar es una llaga mortal,

que sabe hundirme en este valle oscuro,

que me ciega y me sofoca:

Es párpado que respira sangre.

 

Acaricio mis velas,

quemo mis heridas

y soy ornamento de tinte impuro.

 

 

Sobre el tiempo y la memoria

 

Al volver el rostro opaco del día

se avista la traición de la memoria

que te indaga incluso en la lejanía

y olvida la lograda trayectoria.

 

 

Monólogo de los vivos muertos

 

El dialogo con tu ausencia

es ya una gastada letanía.

Por eso te tiento en la oscuridad. En aflicción

contemplo en mi cuerpo tus fisuras

y sobre mí pasan las horas.

 

El sueño se esconde de mí,

permanezco en la vigilia

y dirijo mis plegarias al vacío.

 

Mis penas lloran cansadas por una tregua.

No hay consuelo, ya nada me auxilia.

Te vas de mí y ya me reconcilio

con esa espalda inoportuna tuya.

 

Tu boca, autora de mi ejecución;

mi cuerpo, la ofrenda sagrada;

tus ojos, los clavos del féretro.

Y yo

Yo yazco en tu destierro, en un exilio

donde no existen las puertas de salida.

 

 

Noche eterna en tierra extranjera

 

Esta ciudad es tuya y yo pernocto.

Si saliera, todos mirarían. Esta cara

ya no sabe disimular los añicos y se delata

extraviada en tierra ajena.

 

Permanezco, como rama en un río quieto,

en esta gruta tibia. En vano busco al sueño.

En silencio habito esta musgosa cueva

para que nadie mire ni pregunte

la razón del desvarío en lengua extranjera.

 

Sólo el mar y el alba me circundan

hasta el cuello. En estos profundos pozos

las almas lúgubres llaman mi nombre,

con sed, ansias y avaricia me buscan.

 

 

Sobre la esperanza 

 

Se disipa la esperanza al salir 

el astro centelleante que me indica 

la ausencia del tiempo y se multiplica 

cada vez que no he de sobresalir. 

 

En tus demandas que no he de lograr 

advierto tus faroles que me acechan; 

entre las sombras que a mi cuerpo estrechan 

gritan murmullos que debo esperar. 

 

Al terminar el sueño de la tierra 

la luz sonrisas me ha de propiciar, 

de tu palabra me podré exiliar: 

laureada volveré de aquella guerra 

 

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Semblanza

Brenda del Carmen Ramos Bautista (Veracruz, 2004). Estudia Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente cursa el quinto semestre. Está interesada en mejorar sus habilidades como poeta.

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