NARRACIÓN SOBRE EL VENENO
Espero bajo la sombra de una roca
para transitar entre las hojas secas,
sobre la hierba tupida
al lado de los filamentos de pequeñas flores campestres.
Me gusta ir sobre el musgo de esa piedra
cuya textura es suave y extensa,
mover las pinzas y arquear mi cola
para que la luz de la luna resalte mis matices.
Me gusta ir errante
en busca del rastro de otro escorpión
aunque el bosque es cada vez más callado y vacío.
Muchos temen mi veneno,
teman la soledad: como a una aguja atravesando el cuerpo
témanla de verdad: solo quienes la sienten
y conocen
saben qué es moverse mientras quema.
EL BOSQUE TIENE OÍDOS, EL CAMPO TIENE OJOS
Los cerdos entraron a la cocina en un descuido
y se comieron las verduras de la semana.
Incluso si me fuera lejos
y comenzara una nueva vida
recordaría con claridad su gruñido.
La tormenta se llevó la calamina
la encontraron horas más tarde,
pasamos la noche cubiertos por la corteza de un roble.
Preferimos jugar a rodar por la colina
y asirnos de la rama inclinada.
Si prestaras atención
al misterio que hay en el bosque
también ensayarías
cómo dejarte caer al precipicio.
ESCALA DE GRISES
En el negativo se divisa el caballo de infancia
su galope permanece inmóvil.
Es más fácil mirarlo así
sin rastros de su pata podrida.
La imagen difusa oculta sus rasgos
pero cuando llega el alba su inercia galopa
y galopa suspendiendo en el tiempo
indicios de los paseos sin rumbo
del rocío sobre su color pardo,
de su relincho ante una sombra en el camino.
Vamos con tanta prisa
que probablemente no reconozcas el lugar que buscamos
y nos espanten las voces que llamen por nosotros.
Asustados, pasaremos de largo
extraviados como la luz de la luna tras un tumulto de nubes.
Presiento que en un punto perdido
ya no sentiré la brisa en el rostro
ni tus crines entre las manos.
Un despertar con las mejillas humedecidas.
Parecemos los retratos subexpuestos sin revelar.
Seguimos volviendo a casa.
A LA DERIVA
He deseado tanto, esperado tanto
que no noté cuando las horas pasaron sobre mí.
Es fácil ir hacia lo absurdo,
me hace pensar en la plaga distraída de polillas
estrellándose contra el parabrisas de los autobuses
las tardes de aire caliente en el verano.
TESITURAS
Por las grietas de mi casa son bienvenidos
los grillos que confunden las horas
las termitas que desgastan los muebles
las hormigas en la alacena y sus colonias en el jardín,
el abejorro entre los lirios, el ciempiés en la pared.
Las polillas ya no tienen que golpearse
en la doble capa de polvo acumulado en la ventana.
*
Al derramar mis lágrimas entre la hierba
el corazón palpita con mayor intensidad.
Comienzo a entender
que en días como estos nada se detiene
aunque las cosas sucedan con lentitud.
¡Me detengo por ti!, parecen decir los tréboles
al recibir las gotas saladas que se pierden en la tierra.
*
¿Qué buscas en esa carta de tinta azul?
El momento en que las avispas hicieron heridas en tu piel.
ADVERTENCIA Y VIGILIA
Había pasado un mes desde que las vacas de mi abuela desaparecieron en el monte. Un sudor frío de angustia le impedía dormir por las noches.
Como una garza que vuela en busca de garrapatas en los lomos de las vacas, así viajaba mi abuela. Una noche, mientras volaba bajo la inquietud de las nubes, al fin vio sus astas entre el hierbajo. Basta de juegos, les dijo desde el peñasco de los sueños.
Regresen, porque hay un pantano
para toda la que anda desorientada.
Pero ellas parecían no escucharla, tentadas por los cardos, atraídas por el imán del monte.
Regresen, antes que alguien esparza culebras en su camino
antes que perros desconocidos les muerdan las ubres y las patas.
Les prometo pasto y lluvia. Una guirnalda de narcisos para sus astas.
Al despertar de ese día nublado a la sequía del presente, supo que esta vez la habían escuchado. Pasaron unas horas y las vacas fueron vistas en una aldea cercana.
Huir, sin haber aprendido a percibir los ojos que nos vigilan
sin saber que no toda agua de arroyo calma la sed
huir sin saber que el relámpago advierte
que una luz podría convertirnos en cenizas,
no es posible, aunque intentes hacerlo en silencio.
*
*
*
Semblanza
Anahí Maya Garvizu (Bolivia). Vive entre la parte rural de Cochabamba y la ciudad de La Paz. Es autora de los libros de poemas Las estaciones (Editorial Libros del Cardo, Chile 2018; Editorial Buena Vista, Argentina y Isto Edições, Brasil 2023) y El bosque tiene oídos, el campo tiene ojos (Editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, México 2025), por el cual recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal 2024.

