Estudiar la mente: primeras revistas de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León (1966-1980)

Portada del primer número de Cathedra (abril de 1968). Hemeroteca Digital de la UANL, Capilla Alfonsina Biblioteca Unviersitaria.

Por Susana Julieth Acosta Badillo

Si rastreáramos los orígenes de la psicología en México, como ciencia, definitivamente tendríamos que remontarnos hasta finales del siglo XIX, muy finales, cuando el doctor Ezequiel A. Chávez impartió el primer curso de psicología experimental en la Escuela Nacional Preparatoria, suceso que después provocó interés en otros centros educativos del país y, también, de salubridad pública.[1]

Aun así, por años, la salud mental perduró como un tema social profundamente estereotipado y como preocupación médica no era prioridad. Y que decir, entonces, de su cultura investigativa, la cual es sumamente nueva, de la segunda mitad del siglo XX hacia acá, periodo en el cual la mayoría de las facultades e institutos estudiosos de la psicología se fundaron. Aquí radica el objetivo de este pequeño texto: recrear la historia de las primeras revistas sobre psicología en Nuevo León (México), editadas por la universidad pública del estado a través de su facultad, pioneras de su área, una especialidad comúnmente menospreciada y que hasta la fecha debaten en una persistente estigmatización.

En Nuevo León, la psicología, como ciencia formal, no demostró mayor interés entre la comunidad médica nuevoleonesa hasta muy entrado el siglo XX, cuando alrededor de 1940 se introdujo la asignatura de Clínica de Psiquiatría para estudiantes de quinto año de Médico Cirujano y Partero de la Facultad de Medicina de la otrora Universidad de Nuevo León (actual UANL). Pero la ausencia de interés no fue total en años anteriores.

La salud mental era un “problema” continuo en la salubridad pública desde la instalación de los primeros nosocomios en la capital, ciudad de Monterrey, y desde la apertura del Hospital González en 1881– y después con su reapertura a partir de 1936 –se destinaba espacio para los llamados “enfermos mentales”, tal y como confirma un informe de gobierno de 1886: “[…] tenemos 8 celdas con puertas de hierro para cuestionar los locos furiosos, lo que ayuda mucho al estudio de las enfermedades mentales”.[2] Como se lee, había un interés por estudiar la locura, pero todavía sin bases científicas claras.

El curso de Psiquiatría de 1940 postuló las bases para que el estudio de la salud mental se introdujera en el interés del gremio médico de la región, pero habrían de pasar otros veinte años para que la Universidad impulsara una carrera profesional en torno a esta ciencia en ciernes. Con el antecedente de la asignatura en la Facultad de Medicina, lo lógico es que la especialidad en psicología surgiera entre sus aulas, pero no fue así.

En 1966 se propuso y se aprobó la creación de la carrera de Licenciado en Psicología al seno de la Facultad de Filosofía y Letras,[3] situación no tan extraña o, por lo menos, no tanto como la creación de las escuelas de Matemáticas, Física, Química y Biología en 1952 al interior de la misma institución (¿un matemático en Filosofía?). No obstante, si se escudriña un poco en los primeros programas de estudio de las carreras de psicología en México se observará que las asignaturas de Filosofía y Antropología eran común denominador, pues ambas, al igual que la psicología, estudian a profundidad el actuar o acciones del ser humano, como un ser social integrado a una comunidad o grupo.

Precisamente, el primer programa de estudios para la generación 1966-1971 integró asignaturas de filosofía, antropología y lengua moderna en los primeros semestres, mientras que después del quinto la carrera se tornaba más hacia las áreas clínicas de la psicología, con especialidades como psicología experimental, psicofisiología, psicopatología, higiene mental y temas de desarrollo de la personalidad, desde la infancia hasta la senectud. Y es aquí donde llegamos al verdadero centro de atención de este escrito.

En 1968, cuando la carrera de psicología apenas tenía dos años en desarrollo, apareció la publicación Cathedra, pequeño boletín de escasas cuatro páginas auspiciado por la sociedad de alumnos de la Facultad de Filosofía, Letras y Psicología, nombre institucional que ostentó mientras la carrera formó parte de la oferta educativa. Los primeros dos números no contienen ningún texto relacionado con la psicología, pero sí escritos de orden creativo, en guiño a las letras, y de crítica social, como el contexto de la movilización estudiantil y la violencia ejecutada por el Estado mayor. Además, imágenes del Che Guevara y Karl Marx ilustran las páginas, dejando en claro el núcleo intelectual e ideológico al que pertenecían los estudiantes editores. Fue en el tercer número donde apareció un texto titulado “Notas sobre educación desde el punto de vista psicoanalítico”.

Fig. 1. Portada del primer número de Cathedra (abril de 1968). Hemeroteca Digital de la UANL, Capilla Alfonsina Biblioteca Unviersitaria.

El texto no era inédito, pues está tomado de la Revista Mexicana de Psicología, publicado en 1966, siendo su autor un joven Raúl Páramo Ortega, reputado psicoanalista y quien para 1969 estaba cofundando el Círculo Psicoanalítico Mexicano. Esta tendencia de tomar textos previamente publicados en revistas capitalinas era común en las publicaciones universitarias de la institución que nos acontece y este texto en particular parece bien seleccionado, pues se trata de un análisis de la relación íntima entre la pedagogía y la psicología, en su rama de psicoanálisis. Para Páramo, un pedagogo debía tener conocimientos sobre psicoanálisis y viceversa, pues la educación (tanto académica como familiar) durante la infancia determina buena parte del carácter y “neurosis” del adulto.[4] Se dice que estuvo bien seleccionado, porque en aquellos años la carrera de Pedagogía estaba ya en el panorama, formalizándose como parte de los programas educativos en 1973.

Cathedra comenzó con una periodicidad irregular, pues en 1968 logró publicar solo dos números, muy seguramente en consecuencia del contexto político y económico entre las universidades mexicanas; pero en 1969 es posible consultar números mensuales, de enero a noviembre, cuando se pierde el tiraje nuevamente, en esta ocasión a consecuencia del contexto local, pues a finales de aquel año la Universidad de Nuevo León comenzó su propia movilización en búsqueda de cambios profundos, tanto en infraestructura como en administración de algunas dependencias, así como mejoras salariales para los trabajadores. Todo lo anterior se unificó en el movimiento por la autonomía que, incluso, tuvo sus ecos en la capital del país con el tristemente celebre “Halconazo”, acaecido el 10 de junio de 1971, durante una manifestación estudiantil en apoyo a los compañeros de Nuevo León.[5]

A pesar de su corto tiraje, Cathedra es una publicación interesante en el sentido de su contexto, pues el estudiantado aprovechó sus páginas para posicionarse contra el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, por ejemplo, o para darle espacio a la creatividad de estudiantes de Letras, entre ellos un joven Miguel Covarrubias. También podemos encontrar una traducción temprana de parte de la obra de Joseff Rattner, Psicología y psicopatología de la vida amorosa, mediante un extracto de su obra centrado en la figura literaria de Don Juan y el análisis psicológico de la representación del “amor” masculino; o sobre la relación entre cuerpo y mente cuando una enfermedad se manifiesta, esto a través del texto “Reacciones psicofisiológicas y enfermedades psicosomáticas” del nuevoleonés Victoriano Lozano Alanís.

En este sentido, si bien Cathedra estaba lejos de considerarse una publicación científica, en el estricto orden de contenidos especializados [académicos, para un público “entendido”],[6]  es un antecedente importante en la historia de la divulgación científica nuevoleonesa, pues recogió textos de connotados profesionales, tanto en réplica como inéditos, que dan cuenta de los intereses temáticos de una época temprana de la psicología en México.

En 1973 la escuela de psicología se separó de Filosofía y Letras cuando le fue otorgado su estatus de facultad y se mudó a un espacio propio en el campus médico (o “área blanca”, como también se le conoce). Al independizarse, la facultad aprovechó sus primeros años para reorganizarse y tres años después, presentó la que es su primera publicación como Facultad de Psicología: Pliegos de Psicología

A esta revista, a diferencia del boletín Cathedra, sí podemos considerarle de corte científico, pues su contenido gira en torno a la especialidad médica que le origina, con plena intención de ser leída por un público formado en los temas. Aunque en resguardo solo se cuenta con un solo número, el primero, este ejemplar es suficiente para observar el objetivo que se pretendía.

El índice de este único número (que se tenga conocimiento) contiene cinco artículos, los cuales giran en torno a temas como la esquizofrenia, el suicidio, la relación paciente-médico y los trastornos de la personalidad. Para un estudioso de la psicología o historia de la psicología, sin duda, debe ser interesante leer la perspectiva o alcance de conocimiento que se tenía en torno a los temas mencionados, incluidos sus prejuicios y tabúes, a modo de observar la evolución que han tenido. Por ejemplo, y sin ser quien escribe una especialista en psicología ni mucho menos, resulta de gran interés los primeros dos textos, pues analizan el trastorno de la esquizofrenia desde el análisis de personalidad e historia de vida de dos pintores, quienes, en su tiempo, un tiempo donde la enfermedad era víctima de un gran prejuicio social, fueron burlados y discriminados, siendo catalogados como “locos” e “imbéciles”.

Como se mencionó, Pliegos solo tiene un número en registro archivado y se desconoce si este fue realmente el único, pero lo que sí es posible afirmar es que fue una revista pionera para su facultad y área de especialidad, tanto, que la siguiente revista en lista así lo reconoció en su presentación. En septiembre de 1980 se publicó el primer número de Mente y en la editorial se dijo:

Hubo ya una revista de Psicología en la historia de nuestra Facultad, de nombre PLIEGOS, que desafortunadamente dejó de editarse. La aparición de esta, MENTE, obedece al crecimiento y madurez académica y profesional de nuestra disciplina, la cual exige un medio de comunicación formal e institucional.


[…] La revista MENTE se abre a todas las orientaciones teóricas en Psicología y espera cumplir con su cometido de ser un fiel vehículo de las inquietudes y preocupaciones académicas, básicamente de los maestros, profesores y alumnos de nuestra Facultad. Así, lo que hoy se publica esta vez, es lo que ha llegado hasta esta Dirección, y lo que se publique en los siguientes números será lo que afortunadamente continué llegando.[7]

Dalia Valdez dice que una revista, o cualquier tipo de publicación, tiene elementos de lectura más allá de los artículos o textos que conforman el número. Tenemos los paratextos autorales y los paratextos editoriales, y prácticamente todo elemento de una publicación se puede “leer” y en este ámbito es importante darle lectura a Mente, pues esta revista representa la madurez no solo editorial de la facultad, sino también científica e intelectual.

Si con Pliegos la facultad pretendió iniciar una tradición académica y cultura investigativa, con una revista que diera cuenta de los últimos avances o intereses de su área de conocimiento, con Mente la facultad dio mejor forma a su interés y, más aún, si tomamos en cuenta que los artículos contenidos en la revista fueron producto de los mismos profesores de la institución y no textos tomados de otras revistas científicas (con contadas excepciones), como se practicó en Cathedra y Pliegos.

Fig. 2. Portada del tercer número de Mente (1982). Hemeroteca Digital UANL, Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria.

Mente sólo publicó tres números, de septiembre de 1980 a marzo de 1982, con pretensión de ser trimestral, y aquí cabe preguntarse: ¿por qué los tirajes eran tan cortos si el interés de la institución era firme? En este sentido es pertinente recuperar la lectura de contextos propuesta por Annick Louis para el estudio de revistas, especialmente la correlación entre el contexto de la publicación, el de la edición y el de la producción.[8]

El proyecto intelectual detrás de Mente era la construcción de un prestigio institucional en su área de especialidad, la psicología, y así lo manifestó tanto en la editorial de cada número, como en los textos que los integraron, pues destaca el compromiso de los profesores de la facultad por investigar, redactar y publicar, así como los temas de interés. Por ejemplo, podemos leer artículos sobre la violencia implícita o explícita transmitida en televisión y su impacto en la mentalidad de los espectadores, sobre todo niños, o sobre las persecuciones emocionales de la infertilidad o tener un hijo “inválido”, o sobre la correlación de la psicología con el deporte.

Estos temas dan cuenta no sólo de las tendencias dentro de la ciencia que estudia la mentalidad del ser humano, sino también de los intereses de profesionales del área, todos ellos profesores y, en algunos casos, estudiantes de posgrado. Si textos no faltaban, porque el profesorado estaba comprometido con la investigación, entonces ¿por qué fracasó este renovado intento de revista científica? La explicación la otorgaron en la editorial del tercer (y último) número de 1982: “[…] El alto costo de la impresión no recuperable por mantener un bajo precio de la revista a la par de una buena calidad y la falta de personal especializado avocado directamente a lograr editarla, han sido causas directas de la temporal ausencia de nuestra revista”. Y fueron causa directa de su desaparición.

La descontinuación de Mente no menguó los ánimos por investigar y publicar en la Facultad de Psicología, pues cinco años después, tal vez con mejor presupuesto, nació la revista Cuadernos del Área Clínica que disfrutó de mayor vida que sus antecesoras, de 1987 a 1991. Con una periodicidad confusa, pues hay números trimestrales y otros mensuales, se observa nuevamente un contenido producido 100% en casa, lo que da cuenta de la madurez académica de la facultad. Por la brevedad de este texto no pudimos entrar de lleno en los campos intelectuales de las revistas aquí analizadas, pero si lo hiciéramos, muy seguramente encontraríamos nombres recurrentes, referentes de la psicología en la región y, por qué no, en el país, otra arista que nos permite el estudio de las revistas más allá de sus contenidos, temáticas y problemáticas. Aquí, nuestra mejor conclusión es que la Facultad de Psicología de la UANL vio en la producción revisteril una madurez necesaria para su especialidad, lo que le permitió registrar sus temas de interés, la evolución de su estudio y, también, la formación de psicólogos desde el ámbito más esencial de la ciencia: la investigación.

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Semblanza

Susana Julieth Acosta Badillo. Licenciada en Historia y maestra en Arquitectura por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Sus líneas de investigación son historia de las universidades, de la educación y de la arquitectura escolar del siglo XX. Ha ejercido la docencia en los niveles medio superior y superior. Actualmente se desempeña como docente de la Preparatoria 3 de la UANL y es coeditora de la revista Reforma Siglo XXI, que produce la misma institución.

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Referencias

“Los inicios de la Psiquiatría en HU”. Facultad de Medicina, diciembre de 2025. https://www.medicina.uanl.mx/noticias/historia/los-inicios-de-la-psiquiatria/

Galindo, Edgar. “Análisis del desarrollo de la psicología en México hasta 1990. Con una bibliografía in extenso”. Psicología para América Latina 2 (2014). https://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-350X2004000200004

García, Cirilo H. “Editorial”. Mente 1(1980).

Louis, Annick. “Las revistas literarias como objeto de estudio”. En H. Ehrlicher y N. Ribler-Pipka (eds.), Almacenes de un tiempo en fuga: Revistas culturales en la modernidad hispánica. Shaker Verlag, 2014.

Páramo Ortega, Raúl. “Notas sobre educación desde el punto de vista psicoanalítico”. Cathedra. Publicación de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Filosofía, Letras y Psicología 2 (enero de 1969), 1-2.

Valdez Garza, Dalia. Modelo histórico para el análisis del proceso de educación de publicaciones periódicas científicas mexicanas (1900-1995). UNAM, 2025.

Archivos

Archivo Histórico del Consejo Universitario


[1]1 Edgar Galindo, “Análisis del desarrollo de la psicología en México hasta 1990. Con una bibliografía in extenso”, Psicología para América Latina 2 (2014): https://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-350X2004000200004

[2]2 “Los inicios de la Psiquiatría en HU”. Facultad de Medicina, acceso el día 20 de diciembre de 2025. https://www.medicina.uanl.mx/noticias/historia/los-inicios-de-la-psiquiatria/

[3]3 Acta número 5 de Consejo Universitario, año escolar 1965-1966, 17 de junio de 1966.

[4]4 Raúl Páramo Ortega, “Notas sobre educación desde el punto de vista psicoanalítico”, Cathedra. Publicación de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Filosofía, Letras y Psicología 2 (enero de 1969): 1.

[5]5 Véase Oscar Flores Torres, La autonomía universitaria 1968-1971 (UANL, 2011).

[6]6 Dalia Valdez Garza, Modelo histórico para el análisis del proceso de educación de publicaciones periódicas científicas mexicanas (1900-1995) (UNAM, 2025), 27. 

[7]7 Cirilo H. García, “Editorial”, Mente 1(1980): 7.

[8]8 Annick Louis, “Las revistas literarias como objeto de estudio”, en H. Ehrlicher y N. Ribler-Pipka (eds.), Almacenes de un tiempo en fuga: Revistas culturales en la modernidad hispánica (Shaker Verlag, 2014).

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