Por Carlos Emiliano Marentes Alatorre
Introducción
La Primera Guerra Mundial (PGM) fue un conflicto bélico que involucró a las principales potencias europeas del siglo XX durante cuatro años (1914 -1918). Dicho acontecimiento cobró la vida de aproximadamente 10 millones de personas a causa de las innovaciones armamentísticas utilizadas durante los combates. La guerra de trincheras que se libró dejaba expuesto el cráneo de los soldados, lo que los volvía vulnerables a recibir el impacto de las esquirlas metálicas que las bombas y balas enemigas despedían, pues estas se incrustaban dentro del rostro de los soldados causando heridas que los desfiguraban y requerían de una atención médica que para esa época no existía.
Las nuevas lesiones generadas durante la guerra supusieron un reto para los médicos de la época, ya que se requería crear un tratamiento que permitiera recobrar la función del tejido lesionado cuidando a su vez que se restaurara la imagen de este ocultando, en la medida de lo posible, los daños en el rostro. Ante el incremento en el número de heridos “los cirujanos buscarán soluciones urgentes a cada uno de los tipos de herida, que requerían una asistencia concreta y personalizada” (Mora, 2024).
El objetivo de este texto es analizar el impacto que tuvo la modernización en las técnicas de la cirugía plástica y el desarrollo de nuevas técnicas como el injerto de piel, para así facilitar la reintegración a la vida cotidiana de aquellos militares que fueron heridos en combate durante el conflicto bélico. Se analizará la repercusión que tuvo la implementación de estas técnicas dentro de los soldados que recibían estos nuevos tratamientos, así como los beneficios que implicó para el surgimiento de la cirugía plástica. Asimismo, parte de una metodología deductiva, ya que se partirá de un análisis sobre el contexto del conflicto que mediante el uso de la guerra mecanizada y de trincheras generó nuevas heridas en la zona cráneo-maxilar ante las cuales el personal del área de la salud tuvo que desarrollar nuevas estrategias que le permitieran atender a los pacientes que llegaban del frente de batalla. Además, bajo una metodología cualitativa se busca profundizar en la repercusión que este tratamiento causó en aquellos militares que recurrían a él, brindando un panorama sobre cómo los nuevos tratamientos médicos facilitaron la integración a la sociedad para aquellos militares que sufrieron de heridas o deformaciones a causas del combate.
Al mismo tiempo, se recurrió al análisis y consulta de textos digitales internacionales escritos en inglés y francés como The Gillies Archives from Queen Mary´s Hospital Sidcup y el texto de Xavier Riaud Hippolyte Morestin (1869 – 1919). Asimismo, se recurrió al filme El pabellón de los oficiales (2001), del director Francois Dupeyron, con el propósito de recabar la experiencia psicológica de aquellos soldados que eran heridos en el rostro y requerían de un nuevo tipo de intervención médica. Se estructura mediante tres apartados: 1) un nuevo desafío: La aparición de lesiones faciales; 2) Los precursores de la Cirugía Plástica y 3) La creación de instituciones dedicadas a la Cirugía plástica. Con ellos se pretende abordar el tema en su totalidad presentando los desafíos que supuso la guerra mecanizada para el personal médico que se dedicaron a la atención de este tipo de heridas y que desarrollaron nuevas técnicas quirúrgicas, dando paso a la cirugía plástica, para finalmente abordar aquellos centros sanitarios dedicados únicamente a la atención de este tipo de lesiones.
El presente artículo parte de una metodología deductiva, porque para abordar la investigación se partirá del análisis del contexto que la PGM generó en cuestión de las nuevas heridas generadas a raíz del uso de nuevo armamento y el uso de nuevos sistemas de seguridad como el casco metálico, que si bien prevenían heridas mortales propiciaban el desarrollo de heridas, lesiones y laceraciones en la zona cráneo-maxilar ante las cuales el personal del área de la salud tuvo que implementar nuevas técnicas que le permitieran atender a los pacientes que llegaban del frente de batalla.
Son dos las líneas teóricas que se utilizaron para la construcción del presente artículo: en primer lugar se abordó el tema mediante el enfoque de la historia cultural, pues el ejercicio de la Medicina es una práctica que contiene implicaciones sociales y repercusiones dentro de la misma, es por ello que, para este trabajo se define como “un tipo de organización que con ayuda de una serie de prácticas cotidianas, rituales y símbolos logra que diversos grupos sociales puedan vincularse” (Burke, 2006); por otro lado, se emplea la propuesta de la historia de la cirugía moderna. A partir del siglo XX, se convirtió en una práctica innovadora dentro de la medicina, si bien la práctica de la cirugía existía desde la antigüedad, únicamente se limitaba a la amputación de extremidades. A partir del siglo XX, el concepto de cirugía moderna se convirtió en una práctica innovadora dentro de la medicina, en la cual se destinaba un espacio específico dentro del hospital en el cual se encontraba el material adecuado y se aplicaban medidas que permitieran que este espacio se encontrara libre de microorganismos que comprometieran la salud del paciente en la etapa postoperatoria, “la cirugía moderna se enfocó no solo en la amputación u extirpación de un órgano dañado, sino buscar en la medida de lo posible la restitución y funcionalidad del mismo” (Chullmir, 2020).
Asimismo se desarrollaron técnicas innovadoras como el uso de injerto de piel – proveniente principalmente de las costillas del paciente- para restituir la falta o el daño de este órgano por causa de una herida o quemadura brindando con ello una apariencia más estética al momento de la cicatrización de la herida. A su vez, se comenzaron a implementar nuevas estrategias para la sutura de grandes heridas, realizando múltiples incisiones pequeñas en la zona afectada para que de este modo suturar las de gran extensión. Dicha técnica brindaba una cicatrización casi perfecta, ocultando consigo los rastros de la herida que existía previamente, el desarrollo de esta nueva técnica revolucionó las técnicas quirúrgicas, pues de esta forma se evitaba la presencia de cicatrices extensas en la región maxilofacial que en ocasiones llegaban a impedir las funciones fisiológicas como el poder ingerir alimentos y hablar.
Antecedentes
Mario Secorun en el artículo “El nacimiento de la cirugía plástica (1914 – 1918)” (2018) aborda las aportaciones de a quien los expertos consideran el pionero de la cirugía plástica: el médico neozelandés Harold Gillies, quien después de terminar sus estudios en medicina en Inglaterra, fue enviado a Francia en el año de 1915 donde presenció las heridas faciales que las nuevas armas utilizadas durante la PGM habían ocasionado. Para el año de 1917 fundó el Queen´s Hospital, centro médico dedicado a tratar las heridas faciales ocasionadas por la guerra, reconstruyendo los rostros de los militares para que estos pudieran integrarse a la vida cotidiana.
Por otro lado, Ángel Mora en su artículo “El reconstructor de caras. Así nació la cirugía plástica moderna entre los alaridos de la I Guerra Mundial” (2024), retoma la obra de Lindsey Fitzenharris y se señalan las aportaciones que el médico Harold Gillies realizó para la cirugía plástica. Sin embargo, el motivo por el cual se retoma esta fuente es porque en ella se hace un desglose de cómo los cirujanos comenzaron a adaptarse a la situación de los pacientes y a las heridas ocasionadas, a su vez, señala cómo se reunieron profesionales de distintos ámbitos como lo fueron Odontólogos, Otorrinolaringólogos, Dibujantes, Escultores y Cirujanos para el diseño de prótesis faciales que permitieran a quien las usaba retomar la funcionalidad del órgano que el conflicto les arrebató.
Emilio Pintor, por su parte, en el texto “El pabellón de oficiales: Heridas faciales en la Primera Guerra Mundial” (2022), hace un análisis sobre la película El pabellón de los oficiales del año 2001. En el filme se muestra el caso de Adrien Fournier, un joven teniente francés que es herido en combate. La obra anteriormente mencionada es utilizada debido a que muestra testimonios de distintos militares que fueron heridos durante el conflicto y su reacción al ver cómo su rostro fue transformado, mostrando no solo las consecuencias físicas sino también las psicológicas, a su vez, muestra cómo el personal del área de la salud va diseñando diversas técnicas para atender a los nuevos heridos, mostrando los debates del área médica para elegir cuál será el mejor método para brindar un tratamiento óptimo a los militares; no solo en la parte física sino que también repercutiera en lo psicológico. En el filme también se ejemplifica la manera en la que los rostros quedaban desfigurados y cómo mediante el empleo de las técnicas de Cirugía plástica se lograban cambios en la imagen que reducían las secuelas.
De modo que el propósito es analizar el impacto que tuvo la modernización en las técnicas de la cirugía plástica y el desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas que favorecieran la reintegración a la vida cotidiana de aquellos militares que fueron heridos en combate. Este conflicto revolucionó la ciencia médica con el desarrollo de técnicas que le permitieran a los heridos obtener una apariencia que no solo cubriera la zona herida, sino que esta se asemejara y permitiera a quien la porte cumplir sus actividades de manera similar a como las realizaba antes de ser herido. El presente artículo parte del supuesto que los sucesos ocurridos en el campo de batalla trajeron consecuencias sumamente positivas para el área médica a nivel mundial. Ya que este conflicto devastador, le permitió a la medicina reinventarse e innovar para atender las nuevas necesidades que su entorno le demandaba. Es a raíz de este suceso que muchos autores coinciden que se creará una nueva rama dentro de esta, conocida como la cirugía plástica, que en un principio se centrará únicamente en la atención a las heridas faciales, es decir, centrándose en los pómulos, labios, y mentón para ayudar a los heridos a recuperar su apariencia -en la medida de lo posible- a como era antes del conflicto, trayendo consigo una mayor facilidad al momento en que los soldados buscaban reintegrarse a la vida cotidiana.
Esta guerra mecanizada supuso que miles de soldados sufrieran diversas lesiones como “tener el mentón destrozado por una bala explosiva o quedar destripado por la gracia de un bayonetazo” (Mora, 2024). Tales heridas tenían una fuerte repercusión en la psicología de quienes las sufrían porque atentaba contra su apariencia, por lo que causaba una profunda inseguridad y dificultaba la reinserción a la vida social una vez que los soldados regresaban a casa después el conflicto. Las nuevas lesiones generadas durante la PGM supusieron un reto para los médicos de la época, pues se requería crear un tratamiento que permitiera recobrar la función del tejido lesionado cuidando a su vez que se restaurara la imagen de este ocultando en la medida de lo posible los daños en el rostro. Ante el incremento en el número de heridos “los cirujanos buscarán soluciones urgentes a cada uno de los tipos de herida, que requerían una asistencia concreta y personalizada” (Mora, 2024).
Es bajo este contexto que los profesionales de la época comienzan a crear estrategias para dar un tratamiento en específico. Desde este momento se crearán hospitales especializados en la atención de estas heridas y se destinará un espacio particular para el tratamiento quirúrgico que contenga el material necesario para realizar los procedimientos, además de cuidar la higiene de este evitando con ello la aparición de microorganismos durante, y posteriormente, al procedimiento.
- Un nuevo desafío: La aparición de lesiones faciales
Las nuevas armas utilizadas “crearon lesiones de una gravedad y una escala nunca vistas causando un aumento dramático en el número de lesiones faciales sufridas por los soldados” (Secorun, 2018). Las granadas y las balas de ametralladora al momento de impactar desgarraban y en ocasiones arrancaban por completo la piel de aquellos soldados a los que impactaban, aunque estas heridas no comprometían los órganos vitales del lesionado sí afectaban su apariencia, ya que los primeros tratamientos consistían en únicamente suturar la herida, en el momento de que la herida cicatrizaba dejaba “una mueca horrible, las lesiones de la mandíbula podrían dejar a los hombres incapaces de comer o beber” (Secorun, 2018), causando un severo trauma psicológico en los heridos cada vez que miraban su rostro.
La forma irregular de las esquirlas que se incrustaban en el rostro de los soldados no se asemejaba en nada a las heridas “limpias” que se ocasionaban anteriormente, sumado a suciedad que contenían dichas esquirlas -lo que complicaba aún más el tratamiento- por lo que no se contaba con el conocimiento para realizar el tratamiento que permitiera atender correctamente estas nuevas heridas. Debido a que estas heridas no comprometían los órganos vitales no se podían amputar como se realizaba anteriormente, con los conocimientos de la época se optó por suturarlas para que así los soldados regresaran a su hogar y se reinsertaran en la dinámica social.
Sin embargo, como ya se mencionó anteriormente, el tratamiento era deficiente y dejaba huellas significativas en el rostro de quienes las padecían – en ocasiones llegando a imposibilitar las funciones como el habla y la ingesta de alimento-. Las visibles huellas de lesiones en el rostro de los soldados les generaban un trauma psicológico importante, pues las heridas llegaban a ser tan notorias que preferían evitar el contacto con el exterior e incluso dentro de su propio círculo familiar -algunos incluso llegaron al extremo de atentar contra sus vidas-. Es por dicho motivo que ante el incremento de este tipo de lesiones dentro del gremio médico surge la necesidad de crear un tratamiento médico innovador que permitiera atender los casos de manera óptima y ocultaran las marcas del combate para que así la reinserción a la sociedad fuera más sencilla.
2. Los precursores de la Cirugía Plástica
Es bajo este contexto que el médico neozelandés Harold Gillies quien para el año de 1915 fue enviado a Francia y presenció las horribles heridas que este nuevo estilo de guerra habían generado, el avance de la medicina estaba rezagado en comparación a la ingeniería bélica. Por este motivo que Gillies, junto con un grupo de profesionales sanitarios, comenzarían a desarrollar técnicas revolucionarias para devolverle el rostro a aquellos soldados. Dentro del grupo de profesionales que se encargaron de generar las nuevas técnicas para tratar este tipo de lesiones no solo se encontraban otorrinolaringólogos, médicos y dentistas, sino que también se recurrió a escultores y dibujantes para con ello cumplir con la función principal del tratamiento, la cual era recuperar el “aspecto mínimamente normal para que el soldado se pudiera desenvolver en sociedad sin provocar la repudia de un pueblo que le debía mucho” (Mora, 2024).
Mediante el desarrollo de estas estrategias, se tuvo en cuenta no solo restablecer la función de los órganos faciales dañados, sino también devolver la estética que tenía el soldado. Harold Gillies y sus compañeros comenzaron a realizar injertos de piel – tomando cartílago de las costillas del herido para insertarlo en la zona facial afectada- con ello lograba que con el paso del tiempo el injerto cubriera la zona lesionada brindando un resultado final que restauraba casi en su totalidad la herida que se había ocasionado y reduciendo consigo aquellas marcas en el rostro del soldado. El procedimiento consistía en levantar un pedículo -colgajo de piel- sobre el sitio lesionado, lo que permitía una conexión entre el tejido colocado y la parte dañada, aumentando así las posibilidades de que el nuevo tejido colocado fuera aceptado por el cuerpo.
Es por este motivo que Gillies es considerado como el padre de la cirugía plástica, pues sus técnicas revolucionaron el área médica, beneficiando principalmente a sus pacientes y permitiéndoles reinsertarse al ámbito social de una manera más sencilla, a su vez su conocimiento dio pie a una mayor profesionalización de la cirugía con técnicas que perduran hasta nuestros tiempos. Desde este momento el concepto de cirugía estética emerge a raíz del trabajo de Gillies, pues por primera vez los pacientes tenían la posibilidad de elegir la nariz o la mandíbula que los doctores les construirían para reconstruir su rostro. Si bien Gillies es considerado el padre de la cirugía plástica, no fue el único que realizó este tipo de tratamiento.
En Francia el médico Hypollyte Morestin contribuyó al desarrollo de la cirugía plástica. Morestin comenzó su preparación como médico en la Facultad de París donde comenzó a especializarse en la anatomía facial, para el año de 1902 centró su atención en atender lesiones en las regiones de labios, en la zona buco-faríngea y maxilar, desarrollando los primeros procedimientos quirúrgicos. Para 1914 se anunció en Francia la construcción de tres centros dedicados a realizar procedimientos quirúrgicos maxilofaciales, ubicados en Lyon, Bordeux y París. Hypollyte quedó como responsable del Hospital Val de Grace en París, que desde diciembre de 1914 se dedicó en la atención de atender a aquellos soldados que regresaban del frente de batalla con el rostro desfigurado. Desarrolló técnicas utilizando tejido cutáneo para colocarlo en los tejidos blandos dañados, mediante la utilización de este tejido el cierre de las lesiones cicatrizaba sin que se necrosara.
Desde diciembre de 1914, Morestin reunió un equipo multidisciplinar principalmente de médicos y odontólogos para desarrollar técnicas apropiadas para favorecer a una reconstrucción facial adecuada. Recuperando en la medida de lo posible la estética facial que tenían los soldados franceses a como era antes de sufrir la lesión. Durante los años en que se desempeñó en Val de Grace desarrolló una técnica que revolucionó la cirugía plástica utilizando incisiones parciales múltiples, para, de este modo, dar tratamiento a las grandes lesiones ocasionadas por las esquirlas que se desprendían dentro del campo de batallas.
Durante cinco años se desempeñó como cirujano maxilofacial, hasta su muerte en 1919. Morestin dejó un importante legado para la cirugía plástica desarrollando nuevas técnicas e incursando en el campo de la cirugía estética, el desarrollo de sus técnicas permitió reconstruir múltiples rostros de los soldados franceses, colaborando no solo a recuperar la funcionalidad de los órganos heridos, sino también brindar una apariencia similar a la que se tenían antes de la lesión permitiendo mayor facilidad al momento de que ellos se reintegraran al ámbito social.
3. La creación de instituciones dedicadas a la Cirugía plástica
Desde el aumento en que Gillies observó el incremento en las lesiones faciales a causa de los conflictos en el campo de batalla vio la necesidad de crear el espacio adecuado y particular en la que estos heridos pudieran ser atendidos. Anteriormente dentro de los hospitales no se tenía la noción del quirófano, por lo que todos aquellos procedimientos quirúrgicos eran realizados dentro del mismo espacio en el que se encontraba el paciente coexistiendo con otros de casos similares; por lo que el espacio no contaba con las medidas higiénicas adecuadas, lo que generaba que frecuentemente se presentaran infecciones post operatorias; además que debido a la poca importancia que se le daba los procedimientos quirúrgicos era frecuente que no se contara con el material adecuado para la realización de estos procedimientos.
Ante esta situación Harold plantea la idea de crear un hospital dedicado a atender las lesiones faciales para satisfacer la demanda de los heridos en combate. Es bajo esta idea que en el año de 1917 crea el Queen´s Hospital, ubicado en Sidcup, dedicado al tratamiento de lesiones faciales. El Queen´s Hospital se dedicaría a reconstruir los rostros de los soldados heridos para minimizar las heridas presentes y asimilar la apariencia de los soldados a cómo era antes del conflicto.
Dicho hospital se volvió el centro principal de atención médica para este tipo de lesiones, debido que no solo se brindaba atención para la reconstrucción de los rostros de estos soldados, sino que además se brindaban cursos de capacitación que le permitía a los “heridos adquirir nuevas habilidades e intereses para de este modo suplir las desventajas que debido a su apariencia pudieran tener al buscar integrarse al mercado laboral” (National Army Museum).
Para atender a los soldados franceses heridos se retomó el Hospital Val de Grace, que existía ya desde 1667, con el inicio de la PGM el cirujano maxilofacial Hypollyte Morestin, desde 1914 creó tres centros de atención para realizar cirugía de esta índole en París, Lyon y Bordeux. El más importante de estos tres centros será el Hospital Val de Grace en París que, a raíz de los incidentes con los soldados heridos, se convertirá en el primer hospital en Francia dedicado a realizar cirugías maxilofaciales.
A partir de diciembre de 1914, Morestin se dedicó a atender en Val de Grace a aquellos soldados franceses que presentaban heridas faciales por combate. Morestin desarrolló nuevas técnicas para la reconstrucción facial utilizando tejido cutáneo que traía beneficios a los tejidos blandos dañados. La utilización de la técnica fue benéfica para el cierre de lesiones porque en estas podría cicatrizar la herida sin necrosis (Riaud). La principal aportación de este médico hacia la cirugía plástica fue la utilización de “incisiones parciales múltiples para el tratamiento de una lesión grande” (Riaud).
Para 1916 dentro del equipo de profesionales que brindaban atención en Val de Grace se sumaron un grupo de cinco dentistas –tres estadounidenses y dos franceses- quienes coadyuvaron en el desarrollo de mejores técnicas que favorecieran la estética facial al momento de realizar la reconstrucción mediante la utilización de injertos cutáneos. Hasta el año de 1919 el Hospital de Val de Grace se dedicó a la atención de lesiones maxilofaciales, ya que en ese año falleció Morestin dejando un legado de atención multidisciplinar y la innovación de técnicas para el desarrollo y profesionalización de la cirugía plástica estética.
Conclusiones
La PGM revolucionó la forma en la que se disputaban las guerras, el uso de nuevas tecnologías armamentísticas sumado a la aparición de trincheras, lo que conllevó la aparición de nuevas heridas que si bien no comprometían los órganos vitales de los soldados sí afectaban directamente su apariencia física, lo cual repercutía en la psicología y dificultaba que los soldados se reintegraran a la vida social y laboral cuando volvían del campo de batalla. Ante el incremento de este tipo de lesiones fue necesario desarrollar nuevas técnicas que brindaran un tratamiento óptimo a los heridos, ya que las técnicas tradicionales dejaban marcas significativas que tenían consecuencias en el bienestar de los heridos.
Bajo este contexto Harold Gillies e Hypollyte Morestin desarrollaron técnicas que permitieran brindar una atención adecuada a los heridos, pues a partir de este momento comenzarán a desarrollarse los injertos de piel y se comenzará a realizar incisiones pequeñas para la sutura de heridas grandes favoreciendo a la recuperación del tejido y disminuyendo las marcas de cicatrización. A su vez, se construyen centros médicos como el Queen´s Hospital y el Hospital Val de Grace que brindan atención especializada en lesiones maxilofaciales.
Es debido a la Gran Guerra que emerge dentro de la medicina la rama de la cirugía plástica, centrando su atención no solo en la recuperación de las funciones de los órganos lastimados, sino que también brinda un tratamiento que cuide la imagen de la persona herida. Esta época sentó las bases de dicha rama de la medicina, profesionalizando cada vez más la cirugía y brindando conocimientos que aún perduran en nuestros tiempos.
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Semblanza
Carlos Emiliano Marentes Alatorre es Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Sus líneas de investigación son la historia social e historia de la medicina. Colaborador dentro del proyecto de difusión Histórica “Merodeando Nuevo León”. Actualmente es responsable de la Biblioteca de la Escuela Industrial y Preparatoria “Álvaro Obregón” Unidad San Nicolás.
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Referencias
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BBC. (2014). Lo que la Primera Guerra Mundial hizo por la cirugía plástica. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/01/140128_salud_cirugia_plastica_pri mera_guerra_wbm
Hospital de entrenamiento militar de Val de Grace. (2020). Recuperado de: https://www.loquis.com/es/loquis/1247083/Hospital+de+entrenamiento+militar+d e+Val+de+Gr+ce
Mora, Á. (2024). “El reconstructor de caras”. Así nació la cirugía plástica moderna entre los alaridos de la I Guerra Mundial. Recuperado de: https://www.elespanol.com/el-cultural/ciencia/20241101/reconstructor-caras-
nacio-cirugia-plastica-moderna-alaridos-guerra-mundial/896910787_0.html
National Army Museum. (s.f.). The birth of the plastic surgery. Recuperado de: https://www.nam.ac.uk/explore/birth-plastic-surgery
Pintor, E. (2022). El pabellón de oficiales: Heridas faciales en la Primera Guerra Mundial. Recuperado de: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1885-52102022000400003
Riaud, X. (s.f.). Hippolyte Morestin (1869 – 1919). Recuperado de: https://www.histoire-medecine.fr/premiere-guerre-mondiale/h.pdf
Secorun, M. (2018). El nacimiento de la cirugía plástica (1914 – 1918). Recuperado de:
The Gillies Archives from Queen Mary´s Hospital Sidcup. (2015).

