Cuerpos estilizados y gestos femeninos: la gimnasia rítmica en la educación femenina en Nuevo León, 1900-1950

Damas danesas Juegos Olímpicos de Londres 1908. Tomada de https://www.clubgimnasiaburgos.es/historia-de-la-gimnasia.html

Por Mónica Daniela Muñoz Miramontes

Introducción

El deporte y la educación física llegaron a México en el periodo conocido como el Porfiriato (finales del siglo XIX y a principios del siglo XX). Durante dicho periodo, el desarrollo político y económico no fue paralelo al desarrollo social y cultural. Víctor Alarcón Olguín[1] señala que su asociación con la Secretaría de Justicia provocó que todos aquellos programas educativos o culturales estuvieran relegados a un segundo plano. Sin embargo, hacia finales del régimen la búsqueda de modernidad llevó a consolidar la educación física y el deporte bajo la dirección del Estado y su promoción dentro de las escuelas.

La idea de modernización del país y de la educación llevó al Estado a adoptar modelos educativos que estaban en pleno auge en Europa, como por ejemplo, las reformas pedagógicas que se habían desarrollado en Inglaterra. [2] El nuevo modelo educativo promovía una enseñanza integral que buscaba el desarrollo moral del carácter a través de la educación religiosa y física, es decir, una educación que construyera la mente, el cuerpo y la moral. [3]

De acuerdo con Mónica Lizbeth Chávez Gonzáles el primer deporte que se introdujo en las escuelas mexicanas fue la gimnasia, gracias a su éxito en otros países de Europa.[4] Las dos principales técnicas o escuelas que se adoptaron en México fueron la alemana y la sueca. La segunda se adoptó principalmente porque coincidía con los aspectos pedagógicos e higiénicos que se buscaba implementar en las escuelas.[5] A pesar de estos avances, no fue sino hasta el periodo Posrevolucionario que la educación física se consideró fundamental, tanto así que se decidió incluir a la población escolar femenina.[6] Sin embargo, a partir de este momento el ideal estético femenino se vería alterado.

Durante las primeras décadas del siglo XX en México, tanto el deporte como la educación física eran espacios mayoritariamente masculinos. La introducción de la gimnasia rítmica en la educación de las mujeres representó una excepción: fue una actividad física diseñada específicamente para ellas. Sin embargo, al examinar esta práctica, surge una problemática: la gimnasia rítmica entrenaba a las mujeres en ejercicios de elongación, flexibilidad y repetición que estilizaban el cuerpo hasta producir una silueta significativamente más delgada y esbelta. Ideal estético femenino de la época que promovía un cuerpo más curvilíneo o robusto, asociado con la fertilidad y la salud.

Este trabajo se basa en el supuesto de que la gimnasia rítmica, con el fin de buscar la elegancia y la estética, provocó cambios en el cuerpo de las mujeres que no se adecuaban al ideal estético femenino. Por lo que se tuvieron que ir añadiendo elementos que compensaran simbólicamente estos cambios: el atuendo, el maquillaje, el peinado, los movimientos. Como las mujeres fueron desarrollando cuerpos más estilizados y delgados, el ideal femenino se tuvo que adaptar; por lo tanto, modificar para seguir siendo socialmente aceptado: ahora la “buena mujer” no solo debía ser bella y saludable, sino también delgada.

De acuerdo con lo anteriormente expuesto, el objetivo general de este trabajo es analizar las tensiones entre el cuerpo estilizado y delgado producido por la gimnasia rítmica y las exigencias del ideal estético femenino enfocado en la maternidad en Nuevo León entre 1900 y 1950.

De la misma manera se buscará específicamente identificar los discursos médicos, pedagógicos y morales que justificaron la inclusión de la gimnasia rítmica como una práctica que “estiliza, refina y adelgaza” el cuerpo femenino; describir los contenidos, métodos y normas de la gimnasia rítmica, y ejercicios que motivaban la elongación, la flexibilidad y la pérdida de volumen; analizar las estrategias de compensación simbólica mediante las cuales se intentó feminizar un cuerpo percibido como demasiado delgado y determinar si la práctica generó en las mujeres una resignificación de su propio cuerpo hacia la aceptación de la delgadez como ideal, o si reforzó la insatisfacción corporal.

Esta investigación aborda una tensión que, aunque se estudia en el pasado, sigue viva en el presente: la exigencia social de que las mujeres mantengan un cuerpo extremadamente delgado, estilizado y esbelto, como si esa delgadez fuera sinónimo de salud, belleza, disciplina y feminidad. Comprender históricamente la contribución de la educación física de la mujer en este ideal de delgadez permite visibilizar su carácter construido y no natural en un contexto donde el cuerpo femenino sigue siendo juzgado constantemente.

En ese tenor, es necesario recurrir a diferentes categorías de análisis y conceptos de género. El género es un concepto y categoría de análisis desarrollada por Joan Scott[7] en su trabajo titulado El género: una categoría útil para el análisis histórico. La autora define este concepto como un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos, donde el género representa la relación de poder.

Por su parte, Michel Foucault[8]brinda conceptos importantes como el de disciplina en su obra de Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión, donde lo define como el control del cuerpo, de su fuerza, pero al grado de que pueda ser útil. Dicho concepto desarrollado por el autor nos permite comprender cómo se ejerce el poder sobre las mujeres y sus cuerpos. Otro concepto desarrollado por Foucault, es el de biopoder,[9] en su obra de Historia de la Sexualidad 1. La voluntad de saber para entender cómo es que el Estado buscó obtener el sometimiento de los cuerpos y el control de las poblaciones, es decir, influir en los procesos de vida de las mujeres y por ende de la población.

A partir de los conceptos anteriormente expuestos, se construyen las siguientes categorías de análisis que guiarán el trabajo: a) discursos médicos, pedagógicos y morales; b) contenidos y métodos de la práctica; c) estrategias de compensación simbólica; d) resignificación subjetiva.

Las características del problema de investigación, que inclinan el trabajo al análisis de las tensiones y sus implicaciones, las estrategias, las dinámicas y los fines, hacen que el trabajo sea de carácter cualitativo. La investigación cualitativa, de acuerdo con Ana Cecilia Salgádo Lévano,[10] es “el intento de obtener una comprensión profunda de los significados y definiciones de la situación tal como nos la presentan las personas, más que la producción de una medida cuantitativa de sus características o conducta”. Hacer uso de este tipo de investigación permite que ésta sea más flexible y que se adapte al tipo de fuentes, técnicas e instrumentos, facilitando su recolección, análisis e interpretación. 

Ahora bien, los estudios de la mujer, y de la corporalidad, han comenzado a tener mayor relevancia en el mundo académico, sobre todo junto con los estudios de género. Trabajos como el de Mi Historia de las Mujeres de Michelle Perrot[11], ayudan a tener una concepción básica de la historicidad del cuerpo, sobre todo del cuerpo de la mujer. La investigación titulada Construyendo la nación y el género desde el cuerpo: las prácticas deportivas en la historia de la educación mexicana, 1880-1930 es realizada por Mónica Lizbeth Chávez Gonzales[12], el cual se centra en la vinculación entre nacionalismo y proyectos educativos, en la construcción del género y el cuerpo en las escuelas.

Otra investigación que aporta al estado del arte es la realizada por Gisela Paola Kaczan[13] que se titula La práctica gimnástica y el deporte, la cultura física y el cuerpo bello en la historia de las mujeres Argentina 1900-1930, su investigación demuestra cómo se relacionan las sensibilidades femeninas con el cuerpo bello, a través de la gimnasia y el deporte, a principios del siglo XX.

La institucionalización de la gimnasia rítmica en Nuevo León

Las reformas pedagógicas desarrolladas en Inglaterra llegaron a México a finales del siglo XIX. De acuerdo con Juan Carlos Gonzáles[14]“la modernización porfirista  representó el escenario propicio para las escuelas protestantes debido a la implementación de sus  métodos educativos modernos aplicados por profesionales de la educación y la  postura de no confrontación del evangélico con la autoridad educativa.”; estos elementos motivaron la creación de instituciones educativas protestantes en Monterrey.

La inclusión de la mujer en la vida educativa fue la principal aportación de estos colegios; las mujeres llenaron los espacios de las escuelas normales de maestras y los cursos de comercio. Aunque, las primeras escuelas para damas en la ciudad se centraban en las actividades propias de la mujer casada, la educación protestante después creó escuelas para que las mujeres se pudieran capacitar en el ámbito secretarial.[15]

El Colegio México- Americano, según González, se preocupó porque la malla curricular correspondiera a la realidad social regiomontana de la época: la industrialización. Crear mujeres cualificadas para el trabajo comercial era un reflejo del ideal de educación que manejaban “proporcionar una educación útil tanto para el educando  como para la sociedad”.[16] Por esta razón, la educación se complementaba con el ejercicio corporal, con materias como la gimnasia sueca, deportes y coordinación corporal; incluso se implementaron reglamentos escolares con prohibiciones encaminadas al control  del cuerpo y de su emotividad.[17]

Para el año de 1909 en la carga curricular del Colegio Comercial México- Americano, venía establecida la Gimnasia sueca como una materia; donde se señalaba que “Se realizarán dos veces por semana, con objeto de fortalecer el sistema muscular y dar a las alumnas el hábito de mantenerse siempre derechas”.[18]

Con lo anteriormente expuesto podemos observar la importancia que tuvo la corriente protestante en la educación de las mujeres. La introducción de la gimnasia en la educación en Monterrey se posibilitó debido a que era fundamental para el ideal educativo protestante. Como señala Lucía Martínez Moctezuma[19] la gimnasia escolar de finales del siglo XIX formaba parte de “una pedagogía orientada hacia el control de los movimientos, hacia una organización del espacio escolar […] de aprendizajes que combinados  aseguran  la  docilidad  del  cuerpo  y  del  alma infantil”.

El caso del Colegio Comercial México- Americano, permite entender cómo es que se integró la gimnasia en la escolaridad femenina en Nuevo León. Sin embargo, la adopción de la gimnasia rítmica en la educación de la mujer se puede observar en el caso de la “Escuela Woolman de Corte Acme” para señoritas.

En el periódico El Porvenir[20] se le dedica un apartado al reconocimiento de la “Obra Ideal de mejoramiento, realizada en la Escuela Woolman de Corte Acme para Señoritas, por la Profesora Sra. María de los Ángeles Treviño de García”. En el artículo se halaga a María Treviño de García como directora y propietaria de la escuela, así como su importante labor en la educación de las alumnas que asisten a dicha institución.

La nota también mencionó que la institución se encargaba de educar el buen gusto en la mujer, cultivando y desarrollando en ella el arte del buen vestir. También señaló que las alumnas recibían útiles enseñanzas y sabios consejos para que, en las sendas de la vida, supieran ser jóvenes “sostenedoras de su decoro y de sí mismas y dignas del mayor respeto”.[21] Es decir, que esta escuela no solo se preocupaba por educar a la mujer, sino que también por formar mujeres respetables.

Dicha escuela se fundó en 1899, bajo la dirección de María Treviño de García quien introdujo la enseñanza del sistema “ACME”[22], con el fin de hacer surgir el estilo más moderno a través de métodos de enseñanza más rápida y comprensible. Es decir que la directora buscó que fuera una institución moderna, en la que se enseñaran técnicas innovadoras, dándole a sus alumnas una educación que se alineaba con los valores progresistas de la época.

De acuerdo con lo expuesto anteriormente, fue una institución encaminada a cumplir con una educación completa, el cual tuvo como objetivo educar a mujeres respetables y con los métodos más contemporáneos. De tal modo que es importante destacar lo siguiente:

También corresponde a ella el mérito de ser la primera escuela de corte que introdujera la gimnasia rítmica, tan provechosa desde el punto de vista estético y de higiene, persiguiendo el desarrollo físico de sus educandas, dirigidas en los ejercicios gimnásticos por el Sr. Prof. Roberto F. Quintanilla.

Otra institución en la que se puede visibilizar la introducción de la gimnasia rítmica como parte de la educación de las mujeres es: la Escuela de Artes y Labores Femeniles “Pablo Livas”, creada entre 1920-1921.[23] De acuerdo con Norma Ramos Escobar[24], las niñas ingresaban a esta escuela durante un año, una vez concluidos los estudios de primaria. La institución tenía el fin de preparar adecuadamente a las niñas para que tuvieran la capacidad de desempeñarse mejor, no solo en el hogar, sino también en la sociedad al valerse por sí mismas.

La escuela abrió en abril de 1921 con 230 niñas inscritas, dentro de los requisitos de ingreso se les solicitaba lo siguiente: “1) Ser mayores de 14 años 2) Presentar su certificado de 4° y 6° año de instrucción primaria 3) Asistir a clases de gimnasia 4) Proveerse de libro de texto y demás útiles escolares 5) Enterarse del Reglamento Interior de la Escuela”.[25] Aunque no se especifica, resulta interesante que asistir a clases de gimnasia fuera un requisito de ingreso para la Escuela “Pablo Livas”, por lo tanto se puede interpretar que se consideraba fundamental para la formación de la mujer.

En suma, la gimnasia estaba como un elemento necesario en la educación de la mujer, pero no como un elemento deportivo-competitivo, sino como una disciplina que contribuía a su desarrollo estético, a su belleza y salud. Los discursos modernos e higiénicos que justificaban su integración sentaron las bases para que, a través de la gimnasia rítmica, en los años siguientes “el cuerpo femenino ideal” dejara atrás el cuerpo asociado a la maternidad (robusto y curvilíneo) para imponer un nuevo canon: un cuerpo esbelto, estilizado y disciplinado.

La gimnasia rítmica en las escuelas

Para comprender cómo la gimnasia rítmica influyó en los cuerpos de las mujeres en Nuevo León, es necesario examinar sus contenidos, métodos y normas. A diferencia de la gimnasia, la variante rítmica incorporó elementos estéticos y expresivos que la hicieron adecuada para la educación femenina.

Los contenidos se centraban en ejercicios de elongación, flexibilidad y coordinación, sin cargas externas o con implementos ligeros (bastones, aros, pelotas). Un anuncio de la Escuela Woolman de Corte Acme, publicado en El Porvenir, destacaba que la gimnasia rítmica era “tan provechosa desde el punto de vista estético y de higiene”, evidenciando que los objetivos eran estéticos y no competitivos.[26]

En cuanto a los métodos, de acuerdo con Sifuentes Solís[27]influyó notablemente la propuesta de Émile Jaques-Dalcroze, quien buscaba “la primacía de lo sensible”, es decir, activar la percepción corporal para crear “una corriente rápida de comunicación entre el cerebro y el cuerpo”. Sus ejercicios integraban oído, voz y movimiento, entrenando así el reconocimiento de ritmos, intensidades y armonías, con el fin de lograr la máxima eficiencia con el mínimo desgaste. Este método, más que una danza, era una vivencia personal que elevaba el espíritu sobre la materia y se alineaba con los ideales pedagógicos de la época.

En las escuelas de Nuevo León, bajo la dirección del profesor Roberto F. Quintanilla en la Escuela Woolman, se aplicaba la repetición sistemática y la corrección postural minuciosa (espalda recta, hombros atrás, abdomen contraído), lo que Lucía Martínez Moctezuma llama “pedagogía orientada hacia el control de los movimientos”[28].

Las normas reforzaban la disciplina. En la Escuela Pablo Livas, la asistencia a clases de gimnasia era un requisito de ingreso, lo que indica su carácter obligatorio. En el Colegio México- Americano, los reglamentos incluían prohibiciones sobre movimientos bruscos o posturas “indecorosas”. El objetivo declarado era “fortificar el sistema muscular y dar a las alumnas el hábito de mantenerse siempre derechas”. Desde Foucault[29], estos mecanismos constituyen una disciplina que operaba sobre el cuerpo femenino para producir una silueta esbelta, controlada y visualmente grata.

Cuerpos estilizados, gestos femeninos: las tensiones y estrategias de compensación simbólica

La gimnasia rítmica producía cuerpos más delgados, flexibles y estilizados, pero el ideal estético femenino dominante en Nuevo León durante la primera mitad del siglo XX apuntaba en otra dirección. Una publicación de El Porvenir[30] de la época sentenciaba: “La mujer débil fácilmente inspira compasión, pero la admiración masculina va siempre para la mujer viva, llena de animación y robustez. Esos son los encantos que cautivan”. El canon valorado era el de un cuerpo robusto, vigoroso, asociado a la salud y a la capacidad reproductiva. Se generaba así una tensión: la práctica escolar promovía la delgadez y la elongación, mientras que el discurso social premiaba la robustez.

¿Cómo se gestionó esta contradicción? Se desarrollaron estrategias de compensación simbólica para feminizar un cuerpo que se percibía como demasiado esbelto o incluso frágil. Los medios de comunicación elogiaban la introducción de la gimnasia rítmica y también destacaba que la institución educaba “el buen gusto en la mujer” y cultivaba “el arte del buen vestir”, en la Escuela Woolman de Corte Acme.[31] Es decir, la misma escuela que estilizaba el cuerpo mediante ejercicios enseñaba a adornarlo con vestidos, peinados y maquillaje, añadiendo desde fuera los atributos de feminidad que el cuerpo delgado por sí solo no transmitía.

Otra estrategia fue la gestualidad impuesta. A diferencia de la gimnasia masculina, asociada a la fuerza, la competencia y los movimientos bruscos, la rítmica femenina incluía secuencias ondulantes, suaves, curvilíneas, que evocaban gracia y delicadeza. Las alumnas no saltaban ni corrían agresivamente; realizaban movimientos fluidos, a menudo con música, que imitaban gestos considerados como “naturalmente femeninos”. Así, aunque el cuerpo se volvía más estético y delgado, los movimientos añadían una capa de feminidad convencional.

Siguiendo a Scott[32], estas estrategias revelan cómo el género operó como una relación de poder: la gimnasia rítmica no solo entrenaba cuerpos, sino que redefinía lo que significaba ser mujer. La tensión entre el cuerpo estilizado y el ideal maternal no se resolvió abandonando la práctica, sino transformando el ideal mismo. Lentamente, la delgadez dejó de ser un problema para volverse un requisito de belleza, y las estrategias de compensación (atuendo, maquillaje, gestos suaves) se convirtieron en obligaciones cotidianas. El resultado, fue un estándar más exigente y contradictorio para las mujeres: debían ser delgadas pero también arregladas, estilizadas pero también curvilíneas en sus movimientos, disciplinadas mas también “animadas y robustas”, según el viejo ideal que aún perduraba en la prensa.

Conclusión

La introducción de la gimnasia rítmica en la educación de las mujeres en Nuevo León, entre 1900 y 1950, funcionó como un dispositivo de producción del cuerpo femenino. Se puso de relieve que, existió una tensión entre el cuerpo estilizado y delgado, generado por el ideal estético, frente al modelo femenino centrado en la maternidad y la robustez de la época. Dicha tensión, se gestionó mediante estrategias de compensación simbólica, atuendo, maquillaje, peinado y gestualidad, los cuales permitieron feminizar un cuerpo percibido como demasiado esbelto. Con el tiempo, esa misma tensión contribuyó a modificar el canon dominante: la delgadez dejó de ser un problema para convertirse en un requisito de belleza y feminidad.

En cuanto a la agencia de las mujeres frente a este proceso, se concluye que, si bien la práctica les abrió un espacio de movimiento fuera del ámbito doméstico (una forma limitada de agencia), no se encontraron evidencias de una resignificación profunda del ideal estético. Por el contrario, la obligatoriedad de la gimnasia, la corrección postural constante y la evaluación implícita de la apariencia reforzaron la insatisfacción corporal. Siguiendo a Foucault, el biopoder operó mediante la autovigilancia: las alumnas internalizaron la norma y aprendieron a controlar sus cuerpos incluso fuera del gimnasio.

De tal forma que la exigencia actual de que las mujeres mantengan con un cuerpo extremadamente delgado, estilizado y disciplinado, presentada a menudo como natural o simplemente “saludable”, tiene una historia. La gimnasia rítmica en Nuevo León fue uno de los escenarios donde ese ideal se construyó, se legitimó y se instaló como norma. Comprenderlo no la vuelve menos exigente, pero permite al menos desnaturalizarla. Queda abierta la tarea de recuperar, mediante historia oral, las voces de aquellas mujeres que vivieron esta transformación en sus propios cuerpos.

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Semblanza

Mónica Daniela Muñoz Miramontes es alumna del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Sus temas de interés son la historia de las mujeres e historia del deporte.

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Fuentes

El Porvenir. El Periódico de la Frontera. Repositorio digital de la UNAM

Bibliografía

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[1] Víctor Alarcón Olguín, “Política, educación y cultura porfirianas: un falso intento de modernidad.” Polis: Investigación y Análisis Sociopolítico y Psicosocial 2, no. 2 (2002), pág. 259.

[2] Javier Arranz Albó, “La Reforma pedagógica De Thomas Arnold Y El Papel De La Iglesia Anglicana En La creación De Los Primeros Clubs De Fútbol En Inglaterra (1863-1890)” en Materiales Para La Historia Del Deporte, no. 13 (2015): 1-22.

[3] Guillem Turró Ortega, Blanquerna Universidad Llull, consultado el 20 de febrero 2025. https://www.blanquerna.edu/es/turro-ortega-guillem

[4] Mónica Lizbeth Chávez González, “Construyendo la nación y el género desde el cuerpo: las prácticas deportivas en la historia de la educación mexicana, 1880-1930” (ponencia presentada en el XXVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, Guadalajara, 2007), 3

[5] Chávez, Mónica, “Construyendo la nación y el género”, 4

[6] Ibid, 10.

[7] Joan W. Scott, “El género: Una categoría útil para el análisis histórico,” en El género: La construcción cultural de la diferencia sexual, comp. Marta Lamas (México: PUEG, 1996), 265–302.

[8] Michel Foucault, Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión, (Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2002).

[9] Michel Foucault, Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber, (México: Siglo Veintiuno Editores, 1998), 83-84

[10] Ana Cecilia Salgado Lévano, “Investigación cualitativa: diseños, evaluación del rigor metodológico y retos,” Liberabit 13, no. 0 (2007): 71.

[11] Michelle Perrot, Mi historia de las mujeres, (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2009), 32-69.

[12] Chávez, Mónica, “Construyendo la nación y el género”, 1-14.

[13] Gisela Paola Kaczan, “La práctica gimnástica y el deporte, la cultura física y el cuerpo bello en la historia de las mujeres. Argentina 1900-1930”, Historia Crítica 61 (2016), https://doi.org/10.7440/histcrit61.2016.02, 24-43.

[14] Juan Carlos González Balderas, “Protestantes y sus escuelas en Monterrey durante el Porfiriato”, Humanitas Digital, no. 46 (junio de 2019): 218, https://humanitas.uanl.mx/index.php/ah/article/view/157.

[15] González, Carlos, “Protestantes y sus escuelas”, 223.

[16] Ibid, 224.

[17] Idem.

[18] González, Carlos, “Protestantes y sus escuelas”, 225.

[19] Lucía Martínez Moctezuma, “Historiografía de la Educación en México: balances y desafíos”, Revista de Historia de la Educación 9 (2008), 116.

[20]El Porvenir. El Periódico de la Frontera, 10 de diciembre de 1922.

[21]“El Porvenir”, 10 de diciembre de 1922.

[22] La enseñanza del Sistema ACME (conocido formalmente como el Sistema Científico y Universal para Cortar Toda Clase de Ropa) es un método histórico y práctico de corte y confección basado en el uso de una regla especial graduada.

[23] Norma Ramos Escobar, “Profesiones de ‘cuello blanco’ para las mujeres: apuntes de sus orígenes en Nuevo León”, IE Revista de Investigación Educativa de la REDIECH 11 (2020): e741, https://doi.org/10.33010/ie_rie_rediech.v11i0.741.

[24] Ramos, Norma, “Profesiones de ‘cuello blanco’”, 11.

[25] Ramos, Norma, “Profesiones de ‘cuello blanco’”, 11.

[26] El Porvenir, 10 de diciembre de 1922.

[27] Sifuentes Solís, Marco Alejandro, Jorge Refugio García Díaz, and Alejandro Acosta Collazo. 2021. “De Alemania a México: Samuel Chávez Y La Gimnasia rítmica Del Instituto Dalcroze, 1912-1922”. Anuario De Historia De América Latina 58 (December): 234-69. https://doi.org/10.15460/jbla.58.161.

[28]  Lucía Martínez Moctezuma, “Historiografía de la Educación en México: balances y desafíos,” Revista de Historia de la Educación 9 (2008), 116.

[29] Foucault, Michel Historia de la sexualidad, 83-84.

[30] El Porvenir, 23 de abril de 1921.

[31] “El Porvenir”, 23 de abril de 1921.

[32] Joan W. Scott, “El género”, 265–302.