Por Eduardo Zambrano
Hace ya sesenta años se configuró la constelación poética de la antología Poesía en movimiento (Siglo XXI Editores, 1966). Este libro finalmente se convertiría en el puente hacia nuevas generaciones de lectores, lecturas que además devendrían en un universo poético (en México) mucho más amplio, extenso, nutrido, con voces y señales de vida que luego encontraron en estas páginas un referente de primer nivel.
Más allá de los comentarios y los foros de discusión que el tiempo ha dejado en el camino, hoy me detengo a señalar que fueron catorce los otrora poetas jóvenes convocados, esto es, poetas que, al momento de la antología, no cumplían aún 35 años.
José Emilio Pacheco fue el que a la larga alcanzó más reconocimientos.
José Carlos Becerra, trágicamente, partió antes que todos.
Francisco Cervantes fue la excepción a la regla, pues sin tener un poemario publicado, entró por la puerta grande a la poesía mexicana.
De la tradición poética chiapaneca los jóvenes Óscar Oliva y Juan Bañuelos; Eraclio Zepeda, con el tiempo, se proyectó más hacia la narrativa, cuento y novela.
Entre las poetas antologadas (apenas cuatro) se incluyeron las voces jóvenes y sensibles de Isabel Fraire y Thelma Nava.
Jaime Augusto Shelley y Marco Antonio Montes de Oca, ambos de la Ciudad de México, continuaron su impulso poético vigorosamente, pero ya no tuvieron publicaciones en este siglo.
Y para completar este grupo de Poesía en movimiento, señalaremos a los cinco poetas jóvenes (de aquel 1966) que aún viven: el ya mencionado Óscar Oliva, Sergio Mondragón, Jaime Labastida, Homero Aridjis y Gabriel Zaid.
Sin duda, hay que recordarles ahora en aquel primer impulso que recibieran dentro de aquella antología, y agradecer que, de alguna forma u otra, continuaron con su apuesta por la literatura, por los versos, por la confianza en la palabra.
La selección que hice fue intencionalmente de contraste, pero en realidad la voz de cada uno de estos poetas se sostiene en una genialidad distinta y poderosa.
Agradezco a Carlos Rutilo, su amable invitación a unirme a celebrar los sesenta años de esta emblemática antología. Una experiencia rejuvenecedora, al volver a los otrora jóvenes poetas de Poesía en movimiento.
Los poemas que transcribo son los siguientes:
De Sergio Mondragón, “La poesía del sol” representa su ingenioso interés por la apuesta experimental, por una lírica desenfadada y libre.
De Jaime Labastida destaco, en “Ciudad bajo la lluvia”, su tono solemne, casi sublime, su insistente exhortación a mirar lo cotidiano envuelto en el misterio.
El joven Homero Aridjis, el menor de todos, privilegia la voz del enamorado, el que acuerda con las palabras el asombro, el que fija fechas en el calendario para saberse vivo: “Es tu nombre y es también octubre”.
En Óscar Oliva su ars poética fluye entre la quietud y el desasosiego, “Mientras tomo una taza de café…” es un poema que se sabe inacabado, frágil, donde hay una toma de conciencia sobre los versos, siempre esquivos, pero siempre dispuestos a acompañarnos a un nuevo mundo.
Y, finalmente, de Gabriel Zaid comparto su poema “Práctica mortal”, un ejemplo, una didáctica de vida. En el poema se refiere lo más difícil de concebir, el milagro de estar vivo, de cerrar los ojos a la fe y seguir adelante; en cambio se oculta (antes y después del poema) lo más tedioso, esa práctica mortal de volver a tomar los remos… para remar, para seguir en el río.
Transcribo los cinco poemas, no sin antes extender a los jóvenes de hoy, la invitación a leer más de los otrora jóvenes poetas de Poesía en movimiento, que es apenas la entrada de una antología esencial, unas páginas de referencia ineludible para atender el oficio poético en México.
LA POESÍA DEL SOL
Por Sergio Mondragón
la loca poesía tiene el sombrero del sol
la loca poesía tiene el manto de la lluvia
y nos tiende sus hilos dorados
y florece como una respuesta a todas las preguntas
la loca poesía baja las escaleras del cielo
trepa los árboles de la mañana
se adormila en las pestañas de los que nacen
de los que bucean la luz del mediodía
de los que aran y oran
la loca poesía tiene los cabellos mojados
duerme por la noche
avanza por el día
se detiene
aspira las flores y viaja con las nubes
la loca poesía habita mi hombro
tu pie
habita tus pechos alegres
la loca poesía mana del centro del sol
escurre por tu costado
mana también de tu cabello
mana de tus dedos
estalla en las almenas de mis ojos
la poesía está loca por nosotros
para mirarla sólo tenemos que trazar el cuádruple conjuro
norte sur este oeste
y verla caer como la lluvia
oírla cantar como el viento que pasa
verla ovillarse en las ingles de la tarde
la poesía está loca por nosotros y nos regala el verano
un verano que desfila lento
junto a sus hermanas las estaciones
la loca poesía
*
*
*
CIUDAD BAJO LA LLUVIA
Por Jaime Labastida
Mira cómo, desde este exilio de cemento,
se extiende la ciudad, a nuestras plantas.
De aquí partían los mercaderes rumbo a España.
Mira el humo en aquellas azoteas,
el resplandor del sol en los tinacos,
aquellas sucias fábricas a plomo.
Mira el papel que cae
desde un alto edificio:
pájaro que ablandara sus alas.
Encabritadas garras afilando,
águilas junto al cielo se desploman.
En este oscuro cuarto
un pedazo de historia se fabrica;
en aquel otro, un hombre sueña con mujer
pero en su lecho sólo la luna
abraza sus muslos y torso.
Huele la lluvia.
Mira cómo de la tierra asciende
ese pesado olor del protoplasma.
Mira caer cenizas, polvos y desgracias.
Mira cómo las lluvias onstruyeron
los albañales de los aledaños.
Mira cómo la lluvia cae sobre los pájaros
y cómo los hombres, trapos sacudidos,
oscilan por una ráfaga de viento,
a la luz de ese único relámpago.
Su rostro es una bronca blasfemia.
Mira cómo el cielo resplandece en mitad de la noche,
cómo las estrellas se desgañitan de luz.
Mira cómo esta mugre tierra estalla
y trastorna su sol que la corteja
y corre luego entre pezuñas de asnos.
Ve como abandona la tierra estos lugares
dejando a ciertos hombres sin su antípoda,
colgados de sus dientes, al vacío.
Y el cielo desploma su ceniza,
la facilidad de la muerte.
Es la ciudad de México,
que anuncia su verano.
*
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ES TU NOMBRE Y ES TAMBIÉN OCTUBRE
Por Homero Aridjis
Es tu nombre y es también octubre
es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las turbaciones
y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la torre
y es la amada acechando el amor en antemuros
y es lo dable en cada movimiento y los objetos
y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y es el Cantar de los cantares
y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de vigilancia sola al borde de la noche
al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y noviembre
y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que absorbe la luz de los espejos
y es tu capacidad de trigo
de hacerte mirar en las cosas
y eres tú y soy yo
y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensión de arco
y a solas con tu impulso decirte la palabra
*
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MIENTRAS TOMO UNA TAZA DE CAFÉ…
Por Óscar Oliva
Mientras tomo una taza de café repaso los poemas
que he escrito
¡Cuánta confusión! ¡Cuántas palabras perdidas!
¿Bajo qué impulso lancé mi pecho mis descomposturas
a la búsqueda de ese mar que no es claro ni habitable?
Si he dicho soledad árbol o cieno
fueron palabras imprecisas para extender mis brazos
para darle un vuelco al reloj y mostrar su desnudez
y sus caminos
He tomado conciencia de mis obligaciones
y he querido dar a los hombres nada más un relámpago
Debajo de una imagen ahora me duermo
ahora la doblo ahora la subrayo
Mañana despertaré en un mundo nuevo
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PRÁCTICA MORTAL*
Por Gabriel Zaid
Subir los remos y dejarse llevar
con los ojos cerrados.
Abrir los ojos y encontrarse
vivo: se repitió el milagro.
Anda, levántate y olvida
esta ribera oculta
en que has desembarcado.
*es la versión original de la antología.

