Por Patricia Guajardo
El 1 de junio de 1934 a las seis de la mañana, el gobierno belga cerró el Palais Mondial de Bruselas, una institución de cooperación internacional que tenía como propósitos principales concentrar el conocimiento humano y sistematizarlo para estimular el progreso científico, facilitar la localización de la mayor cantidad posible de información sobre cualquier tema y ofrecer servicios de consulta públicos y gratuitos. Sus promotores, Paul Otlet y Henri La Fontaine, habían comenzado a crear un catálogo bibliográfico universal desde 1895 con ayuda de académicos e intelectuales de todo el mundo. El día de su clausura, el Palais Mondial albergaba más de 17 millones[1] de fichas y documentos cuidadosamente colocados en cajones y catalogados con base en un sistema decimal estandarizado que, además, simplificaba la búsqueda de referencias que podrían combinar varias disciplinas.
El mismo año del cierre del también conocido como Mundaneum, Otlet publicó el Traité de documentation, una obra monumental en la que presentó los fundamentos de una nueva ciencia: la bibliología, en su sentido más amplio, la “ciencia de los libros”. El Traité de documentation fue impreso originalmente en francés por ediciones Mundaneum Palais Mondial. Desde su publicación, ha habido dos tirajes en español, ambos fueron hechos por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, el primero en 1996 y el segundo en 2007. Además de la traducción, el volumen incluye una presentación, un prólogo y valiosas notas críticas de la traductora, María Dolores Ayuso García, especialista en filología francesa que, entre otros desafíos, encontró o formuló complejas equivalencias léxicas para más de mil términos recién acuñados como “documentaire, documentaliser, documentologie, iconobibliographie, iconothèque, mappothèque, mécanique-photocalque, muséographique, muséothèque, muséologioe, périodicologie, moulage, cinécatalographie, bibliométrie, etc.”[2]El cuerpo del libro tiene 431 páginas a las que se suman algunos anexos; al ser pensado como una obra de consulta, y seguramente con el fin de ahorrar costos y espacio, fue impreso con una fuente muy pequeña, lo que dificulta enormemente la lectura en extenso. Importa destacar que el diseño de las páginas es casi idéntico en ambas lenguas, ese detalle no es menor porque la forma materializa y reproduce el sentido y la organización que el autor concibió.
Tras la portada, los lectores encontrarán un epígrafe en latín que abre el tratado y sintetiza en unas cuantas palabras su cometido: Qui scite ubi scientia, habenti est proximus; si no cometo un error de interpretación, la frase podría traducirse como: “Quien sabe dónde se encuentra el conocimiento, está muy cerca de poseerlo”.[3]
Para comprender el tratado en su justa dimensión, hay que tener en mente que se escribió hace más de un siglo. Influido por el pensamiento de la época, Paul Otlet sostenía que la ciencia era “un conjunto de proposiciones evidentes y ciertas, necesarias y universales, sistemáticamente organizadas, sacadas inmediata o medianamente de la naturaleza del sujeto y que da la razón intrínseca de sus propiedades, así como las leyes de su acción”[4].
Otlet era un erudito, había estudiado derecho y se retiró a estudiar un gran número y variedad de textos científicos; lo segundo se evidencia en las constantes referencias de su Tratado de la documentación a la física, biología, matemáticas, metalurgia, zoología o sociología, entre otras. Otlet afirmó que los impresos ocupan el lugar más relevante en los asuntos intelectuales y extrajo leyes universales para aplicarlas a la documentación, creyó firmemente que la bibliología era un sistema para el que se podrían formular principios y métodos propios y determinar las leyes para resolver problemáticas generales, por ejemplo: “cómo hacer para que un libro particular llegue rápido, cómodo y con seguridad a un lector particular que lo desea o al que el autor lo destina. Hay ahí un problema de distribución del libro y ésta debe ser organizada con una instrumentación apropiada que, en primer lugar, debe comprender su clasificación”.[5]
Acorde al modelo de los tratados de su tiempo, Paul Otlet expuso un análisis muy detallado de conceptos relacionados con el libro y los documentos; definió miles de términos, describió partes, construyó categorías y explicó funciones y métodos, pero también incluyó agudas observaciones sobre los fines y la validez temporal del conocimiento científico, el avance de la tecnología y la necesidad de crear métodos sistemáticos.
El amante de la letra impresa también anticipó las implicaciones del crecimiento de los fondos bibliotecarios y documentales y la necesidad de organizar su gestión para afrontar futuras exigencias; pensó que su obra era aplicable no sólo al estudio de los libros, sino a todos los organismos gubernamentales, bibliotecas, archivos, museos y cualquier institución que operara con documentación.
El Tratado de la documentación se divide en cinco partes: 0. Fundamento, 1. La bibliología o documentología, 2. El libro y el documento, 3. Los libros y los documentos, 4. Organización racional del libro y el documento y 5. Síntesis bibliológica. El libro comenzó a imprimirse en 1932 y concluyó dos años después, ese factor puede explicar la semejanza entre los títulos de los apartados 2 y 3 y la repetición de algunos contenidos a lo largo de toda la obra.
Es necesario hacer una precisión conceptual para comprender la aparente contradicción del título, ¿por qué el tratado de la documentación es el libro sobre el libro? Otlet no concebía el libro de la misma manera que nosotros lo hacemos en la actualidad y la respuesta está ampliamente expuesta en “El libro y el documento”[6]. El comienzo del siglo XX estuvo profundamente marcado por la Primera Guerra Mundial y los avances científicos y tecnológicos. Es muy probable que el estudio riguroso de fuentes primarias y tratados científicos, así como la invención de la fotografía, el cine, la radio y la televisión empujaran a Otlet a repensar el formato del libro; reconoce, por ejemplo, que las tablillas de arcilla, los rollos de papiro y los códex son libros y que cualquier actividad humana, intelectual o artística, produce registros documentales. El biblión, bibliograma o documento escribió Otlet, “será la unidad intelectual y abstracta, pero que se puede encontrar concreta y realmente, pero revestida de modalidades diversas”.
En la misma línea de pensamiento, biblión es un término genérico que cubre una gran cantidad de soportes: volúmenes, folletos, revistas, cartas, diagramas, fotografías, estampas, certificados, mapas, partituras, incluso fotografías y películas cinematográficas[7]. A lo largo de su Tratado, Otlet expone la forma en que la tecnología podría transmitir el conocimiento y sustituir el cerebro, pero también desarrollar la mente y ponerla al corriente del progreso; en sus propias palabras, afirma que la fotografía “es la máquina intelectual más importante inventada por el hombre. No sólo reproduce, sino que produce los documentos y representa directamente la realidad sin la mediación de un cerebro”[8]. Otlet imaginó películas que proyectarían libros, las páginas estarían reducidas a cuadros de 18 x 24 mm y serían devueltas al tamaño natural del texto con ayuda de lámparas, calculó que un kilómetro de cinta podría contener hasta 52 000 páginas, también escribió que la gente escucharía libros a través de la radio y que la televisión, en algún momento, haría posible la transmisión de un “libro telefotografiado”[9].
Otlet interrumpió la impresión de su Traité de documentation “mientras que la composición de la página 328 se estaba realizando” [10] para insertar algunas páginas. Plasmar en el postfacio un testimonio de su frustración por el cierre del Palais Mondial y la falta de comprensión de la obra que había comenzado con una gran pasión y en la que había reunido los conocimientos de toda una vida:
Este libro, comenzado una clara mañana, concluye precipitadamente una noche de sombras ya pesadas. Se lo dedico a mi mujer, compañera, colaboradora y guardiana de los buenos y los malos días. Espero que llegue a manos de mi nieto, la otra generación. No pudiendo confiar su suerte a mis compatriotas, lo confío a mis amigos de todas las naciones: ¡Decimalistas, Documentalistas, Humanistas, Mundaneístas![11]
Tras la clausura del Mundaneum, sus acervos fueron resguardados en otro edificio hasta 1940, año en el que el ejército alemán invadió Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial y destruyó gran parte de la colección. Paul Otlet recuperó algunos restos y los resguardó hasta su muerte, a los 76 años, en 1946[12]. Su ideal de construir redes internacionales para conservar, clasificar, intercambiar y aproximar el saber a más personas sentó las bases no solo para la bibliología, sino para las ciencias de la información.
Acerca del futuro, Otlet presagió:
Una hipótesis menos absoluta, aunque muy radical también, sería suponer que todos los conocimientos, todas las informaciones se podrían concentrar lo suficiente para poder incluirlos dentro de un determinado número de obras dispuestas en la mesa de trabajo, al alcance de la mano e indizadas de forma que la consulta fuera lo más fácil posible. En este caso, el mundo descrito en el conjunto de los libros estaría realmente al alcance de todas las personas[13].
Es casi imposible conseguir un ejemplar del Tratado de la documentación, sin embargo, es una invaluable fuente de consulta para identificar y describir los libros, tipificar los impresos del siglo XX que poco a poco dejaron de circular, comprender su contexto histórico y replantearnos una y otra vez la estructura del conocimiento y sus flujos.
Encontré la digitalización del libro en francés de 1934 en Internet[14]. También consulté el Códice[15], que contiene el catálogo electrónico del sistema bibliotecario de la UANL, ahí descubrí tres ejemplares indexados del Tratado de la documentación que, están correctamente clasificados y colocados en la estantería de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Los ejemplares que consulté, quizá tal y como Otlet lo hubiera deseado, estuvieron dispuestos para mí, gratuitamente en una mesa de trabajo y al alcance de la mano.
guajardopat@gmail.com

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Semblanza de la autora:
Claudia Patricia Guajardo Garza es doctora en Estudios Socioculturales. Comenzó su trayectoria profesional como productora ejecutiva de programas televisivos enfocados a la docencia y difusión cultural; desde hace más de 25 años dejó la televisión para dedicarse a la edición de libros. Fue editora, correctora y coordinadora de más de 60 libros –impresos, electrónicos y en formato braille– publicados por el Instituto Cultural de Aguascalientes en donde desempeñó el cargo de directora Editorial y de Bibliotecas Públicas. Coordinó y posteriormente dirigió la revista de arte y cultura Parteaguas que se publicó ininterrumpidamente durante diez años (ICA). Estuvo a cargo de la materia Procesos Editoriales en la UAA de 2017 a 2019. Su libro Francisco Antúnez Madrigal (1907-1980). El arte de la imprenta, los libros y la promoción cultural obtuvo el Premio Serie Bibliología Mexicana en 2024 y fue publicado, en formatos impreso y electrónico, por la UAA y la UNAM. Actualmente es consultora independiente, realiza una estancia de investigación posdoctoral en la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León y es profesora de cátedra en el Tec de Monterrey.
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Fuentes:
Otlet, Paul. El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. Truaducido por María Dolores Ayuso García. Murcia: Editum, Ediciones de la Universidad de Murcia, 2007.
———. Traité de documentation. Le livre sur le livre. Théorie et pratique. Bruxelles: Editiones Mundaneum, 1934. https://archive.org/details/OtletTraitDocumentationUgent/page/n1/mode/2up.
[1] Paul Otlet, Traité de documentation. Le livre sur le livre. Théorie et pratique. (Bruxelles: Editiones Mundaneum, 1934). https://archive.org/details/OtletTraitDocumentationUgent/page/n1/mode/2up. Document II (en anexos).
[2] Paul Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica., trans. María Dolores Ayuso García (Murcia: Editum, Ediciones de la Universidad de Murcia, 2007). XII.
[3] Traducción generada con la asistencia de Claude (Antrhopic) en respuesta a la instrucción de traducir literalmente y explicar las raíces latinas. https://claude.ai/. 12 de agosto de 2026.
[4] Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. 31.
[5] Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. 266.
[6] Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. 43-362.
[7] Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. 43.
[8] Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. 199.
[9] Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. 238.
[10] Otlet, Traité de documentation. Le livre sur le livre. Théorie et pratique. 362. Los anexos que se refieren al cierre del Mundaneum no fueron traducidos ni incluidos en la versión en español del Tratado. Traducción de la autora realizada con la asistencia de Claude (Antrhopic) https://claude.ai/. 12 de agosto de 2026.
[11] Otlet, Traité de documentation. Le livre sur le livre. Théorie et pratique. 437. Traducción de la autora realizada con la asistencia de Claude (Antrhopic) https://claude.ai/. 12 de agosto de 2026.
[12] Wright, A. “Paul Otlet.” Encyclopedia Britannica, August 19, 2026. https://www.britannica.com/biography/Paul-Otlet.
[13]Otlet, El tratado de documentación. El libro sobre el libro. Teoría y práctica. 428.
[14] Traité de documentation. Le livre sur le livre. Théorie et pretique está disponible en https://archive.org/details/OtletTraitDocumentationUgent/mode/2up
[15] https://www.codice.uanl.mx/

