Por Eduardo Zambrano
A finales de este año se le entregará al poeta español Jaime Siles (Valencia, 1951) el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (XXXV). Desde su temprana vocación hacia la palabra, Siles ha consolidado una trayectoria que vincula la docencia al oficio como poeta, ensayista y traductor.
Aquí algunas de las instancias más visibles:
- Para 1969, a sus 18 años, publica su poemario: Génesis de la luz.
- Se licencia en Filología Clásica (1973) en la Universidad de Salamanca.
- En 1983 obtuvo la cátedra de Filología Latina de la Universidad de La Laguna (Tenerife). Durante toda esta década, intensifica su labor como investigador y ensayista, además se proyecta internacionalmente como embajador cultural y catedrático en distintas universidades de Austria.
- En la década de los noventa se destaca como crítico literario y de teatro. De igual manera se manifiesta como notable traductor del alemán.
- Al cerrar el siglo XX, a la par de sus poemarios, Jaime Siles fue cosechando premios como el Nacional de la Crítica (1983), Premio Internacional Loewe (1989) y Premio Internacional Generación del 27 (1999).
Más allá de las distinciones académicas y los títulos honorarios a lo largo de su carrera, la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana es el justo reconocimiento al poeta, al Jaime Siles poeta, al que apostó por una poesía del conocimiento, filosófica, pero que, con el pasar de los años, ha logrado darle un matiz más humano.
En la contraportada de su libro Doble fondo (Visor Libros, 2022) Siles nos plantea su ars poética, a la par de otros ejes temáticos como “la naturaleza del signo (del lenguaje), la reverberación de la memoria y los espectros de la identidad”.
La poética de Siles que se plantea en este libro, es un aparente juego de palabras, digamos ocioso en tanto que vacío, pero en ese doble fondo que da título al libro está un planteamiento más profundo e inquietante:
La poesía queda
como el agua del mar:
a veces es arena
y a veces solo sal,
sin que se sepa nunca
dónde el poema está,
si en lo que se nos niega
o en lo que se nos da.
Jaime Siles ha sido fiel a su propuesta filosófica, pero tuvo la suficiente humildad para desprenderse del esteticismo de un investigador, dejar atrás el aula, y volverse de cara a la vida, a pensarse en la existencia como un poeta (que aún en la oscuridad de la búsqueda) nos da la oportunidad de encontrarlo en sus versos:
RETRATO INTERIOR
Deseos: todos.
Ambiciones: ninguna.
Dejo a los demás
lo que llevo a la tumba.
Vivir no me interesa.
Morir ya no me importa.
Sólo la Nada pura
del Ser y de las cosas.
Sólo la Nada pura
que forja el universo.
Sólo la Nada pura
que funda cada verso.
Lo demás lo regalo.
Lo demás os lo dejo.
¿Para qué quiero yo
lo que solo es reflejo?
Como toda poesía consagrada al pensamiento, el que la escribe vive en estado de búsqueda, indaga la realidad del mundo, se busca a sí mismo en esa realidad cerrando los ojos y abriendo el pensamiento hacia la luz:
POR DENTRO DE LA LUZ
Por dentro de la luz vuela
-y no vuela- un pájaro.
Por dentro de la luz
vibra solo el espacio.
Por dentro de la luz
resuena lo lejano.
Lo próximo no existe.
La mano no es la mano.
Los ojos ya no ven
sino todo lo extraño.
El mundo es lo que hay
muy dentro de los párpados.
La definición del mundo: lo que hay “dentro de los párpados” lleva a su vez a preguntarnos “dónde están, dónde está, dónde estoy”:
UBI SUNT? UBI EST? UBI SUM?
¿En dónde están todos los que yo fui?
¿En qué lugar están quienes he sido?
¿Y dónde el que estoy siendo
o he dejado de ser ahora mismo?
Para todas estas preguntas, la poeta polaca Wislawa Szymborska, y ganadora del Premio Nobel de Literatura 1996, ya tenía una respuesta y supo decirla con claridad: “No sé”. Los poetas tienen que repetirse sin descanso esas dos palabras. Jaime Siles no es la excepción y lo dice a su manera:
“Ignorar lo que sé, / pensar que ya no existo”.
Cuando en días pasados se da a conocer el nombre de Jaime Siles para otorgarle el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2026), el sustento de la decisión refiere a una capacidad: “su capacidad para reunir lo abstracto y lo sensorial”, y este acierto lo alcanza con una expresión cercana al discurso aforístico:
De pronto, la Belleza:
no otra sino ella;
no aquella sino esta
así, en su resurgir,
siempre breve e intensa.
…
A veces solo un punto,
y otras, circunferencia
en la que el yo se anula
cada vez que la pienso,
cada vez que me inventa.
…
Nada es lo que era
y todo es lo de siempre,
pero cuántas cosas pasan
cuando nada sucede.
Y sí, aparentemente en el trajinar del día con día, en ese descuido con que se vive lo cotidiano, sucede la poesía. La poesía de Jaime Siles, más visible ahora que se le premia, queda como puerta abierta al misterio. La invitación no es a encontrar una respuesta, sino a aprender a movernos con cierta gracia en ese misterio, en ese no sé en medio del mundo.

