El Siempre Mar: Eco de un Cante de Ida y Vuelta

Fotografía de Aída Guzmán.


por Yithzack Navarro

Primera… Segunda… Tercera llamada. Se hizo la oscuridad. Y poco después, un fondo frío iluminó la silueta de los intérpretes. Sin previo aviso: el piano, las escobillas sobre la tarola. Un lamento: Romperá la tarde mi voz… El solo de saxofón. El cuerpo de Antonio Lizana se inclinaba hacia atrás y adelante. Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy… Los primeros aplausos. La Zamba para no morir, aquel intro que nos situaba ante un atardecer, había terminado.

Emilio Solla, ganador del Grammy en el 2020 al Mejor Álbum de Jazz Latino, se puso de pie y anunció un clásico de Atahualpa Yupanqui. Las manos de Solla, de nueva cuenta se reflejaron en el ópalo negro del panel, esbozando el viento, la luz blanca y tenue de un paisaje indómito. Entonó Lizana: Yo no le canto a la luna / porque alumbra y nada más / le canto porque ella sabe / de mi largo caminar… Silencio. Entonces, una imagen mental del valle del Tafí, un jinete al amparo de la perla insomne besando el cañaveral… Tucumán se desvanece tras un drum fill y una coda de piano.

Nos hallábamos frente a los músicos que en el año 2023 parieron un híbrido titulado “El siempre mar”, nombre que alude al verso de Borges: …el mar, el siempre mar, ya estaba y era. Un homenaje a la música de la niñez de Solla, nacido en Mendoza y criado en Buenos Aires. La tristeza redentora del folclore argentino, el histrionismo del flamenco y las infinitas posibilidades del jazz resonaban en el esqueleto de los asistentes.

La tercera pieza: El Arriero. Continuación espiritual de la escena que minutos atrás el cuarteto nos describió; sólo que ahora el ritmo es más rápido. Los rayos del sol tiñen de oro las piedras en el camino. Las penas son de nosotros / las vaquitas son ajenas. Tras el primer coro, una lluvia de notas, los acordes en tensión. Escuchamos el cavernoso riff del contrabajo de Edward Perez, antesala para el canto de Antonio y el resurgir de los demás instrumentos.

Sobrevino la calma. Las estrellas te guardan desde la ventana / y son luces que nunca se apagan. Pareciera que recién llegamos al mundo. Una realidad diferente, compuesta por Lizana, es casi una canción de cuna. No en un sentido somnífero, sino en el manifiesto de esperanza que una madre articula al arrullar a su criatura. Hacia el final, el saxofón sube y baja entre tonos y al fondo, los remates de la batería de Nemeth. Lo dijo Antonio en una entrevista para Cultura Badajoz: “El jazz es una plataforma de aprendizaje eterna. Parece que las posibilidades rítmicas, melódicas y armónicas nunca paran de crecer, y estar enganchado a eso, te da una sensación de estar en constante expansión. El flamenco es la transmisión del sentimiento, la ceremonia, la reconciliación con mis ancestros.”

Acercándonos a la primera mitad del concierto, Emilio dijo: “Ahora sí, como decía mi padre: Antes de hablar voy a decir unas palabras.” Solla comentó que era la primera vez que se presentaban en México; agradeció al país que durante los setentas se haya brindado asilo a los refugiados políticos de Argentina. Mencionó que allá en Nueva York, donde reside, no se iba a permitir la persecución de ningún paisano.

Un hombre sentado en el ala izquierda de la sala, gritó “¡Viva México!”. Alguien  al otro extremo añadió “¡Viva Argentina!”. Y una voz más “¡Viva Andalucía!”.

A los pocos segundos, dio inicio Hurry, canción original de Hugo Fattoruso, versionada en el 2006 por Aca Seca Trío, y ahora, revisitada por el Solla y Lizana Quartet. Una carrera contra reloj, el ansia por hallar a la musa. El lucero plata que habita la noche y los destellos de la primavera. Giros en los balcones / giros de tus polleras… selvas para atravesar… Y el tarareo que imita las notas del piano.

Edward Perez y Ferenc Nemeth momentáneamente salieron del escenario. Lizana se acercó al piano y tomó asiento en un banquillo junto a él. Lejos del micrófono Emilio y Antonio intercambiaron unas palabras, después, interpretaron la pieza que Solla califica de “súper tango”: Nostalgias. Una canción fuera del programa. Una especie de preludio al caos de la capital argentina…

Ya en su totalidad, el cuarteto comenzó a trazar la música de la urbe, acordes inestables, una batería al borde del descontrol, el saxofón que repite la misma frase, ascendiendo de tonos medios a agudos, el chicoteo de las cuerdas del contrabajo, un arrastre de histeria armonizada por el genio de los cuatro intérpretes de espaldas a un fondo que pasó del color azul a un degradado de rojos. Sirenas, marchas, banderas ondeando, un funeral, la historia convulsa de una nación… ¡Vidalita! ¡Vidalita! ¡Vidalita! Cada instrumento refulgía y vibraba como un ser ajeno a este plano. Y finalmente, las melodías que convergen en el ritmo inicial de suspense, desenlace del Buenos Aires Blues.

A unos minutos del cierre, Emilio y Antonio hablaron acerca de los cantes de ida y vuelta: palos flamencos nacidos de la música española que cruzó al nuevo mundo y regresó transformada por las emociones febriles del Caribe y Sudamérica, un mestizaje musical con la misma alma de las canciones que sonaron esa noche.

Lizana comenzó a dar palmadas, marcando una pauta rítmica para el público. Beatrice, un jazz standard sonó en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad de Monterrey. A las palmas flamencas se le sumó un canto espejo, pregunta y respuesta, eco, lereileilelei… Una ovación por parte de los espectadores.

Emilio Solla, Antonio Lizana, Edward Perez y Ferenc Nemeth, trenzados de los brazos agradecieron al público. Un escucha entusiasta trepó al escenario antes de que cualquier otra cosa sucediera y se fotografió con el cuarteto. La Gran Sala, lento, comenzó a vaciarse.

Afuera, a pesar de hallarnos a mediados de octubre, el otoño aún no se percibía en el aire. Las luces del centro, mar mercurial del norte, remitían al instante pasado, lo que era y es, siempre, música de ida y vuelta, canciones de la infancia, historia, jazz.

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Yithzack Navarro (Monterrey, Nuevo León, 1992) es narrador y músico amateur de folk y blues. Egresó del diplomado en escritura creativa de la escuela NOX. Sus influencias tempranas incluyen a Jack Kerouac, Johnny Cash y Lucia Berlin.

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