La poesía de José Revueltas

Por Eduardo Zambrano

El 14 de abril de 1976 murió José Revueltas. Desde entonces han pasado ya cincuenta años, y seguramente el escritor mexicano será recordado por su novela insigne: El apando; pero también por el largo anecdotario de su activismo político, sus guiones cinematográficos, incluso, quizá, por lo que dejó de su vida amorosa e íntima registrado entre sus correspondencias. La memoria personal y literaria de José Revueltas nos ubica, sin duda, en una época histórica y artística del México de la segunda mitad del siglo XX. Dar cuenta de su poesía ahora, nos permite liberarlo de aquel tiempo. Obvia decir que los versos de Revueltas (los cuales aparecieron dispersos en algunas revistas) se reúnen y publican de manera póstuma, muchos años después de su muerte, y que bajo el título de El propósito ciego (FCE, 2014) contiene poco más de treinta títulos.

En el prólogo del libro, José Manuel Mateo enmarca perfectamente el contexto de esta obra poética: las azarosas instancias y tiempos de sus primeras publicaciones, incluso el poema improbable, que aún en sus eventualidades (“menos de un poema por año entre 1934 y 1974”), se nos revela como una constante, pues la poesía de Revueltas aparece desde sus primeros años de juventud y hasta poco antes de su partida.

Bajo esta perspectiva, podría llegar a pensarse en el poema como un objeto circunstancial o de ocurrencia, y en el mejor de los casos un apunte testimonial o una rareza del ensayista o novelista (más tenaz y consumado), pero no, la poesía del gran pensador es a todas luces un acto consciente, una respuesta sopesada y pulida; en palabras del prologuista:

Cada uno (cada poema) constituye una respuesta, es decir, un acto voluntario y consciente de sus posibilidades…

Y habrá que agregar, que las posibilidades y fondos que el poeta Revueltas explora, no son pocos:

. El poema como ensayo o aproximación filosófica que, en muchos casos, al referirse al paso del tiempo o la muerte, se reviste (en algunas líneas memorables) como un presagio, o una sombra.

. En otras ocasiones, tres para ser preciso, los versos se consagran francamente a la amistad, y hermanarse así, con dedicatoria expresa, a otros poetas; tales son los casos de Efraín Huerta, León Felipe, Óscar Oliva, entre otros.

. Están también las ocupaciones amorosas, para la redención de una ausencia, por ejemplo; o algunos textos donde se entabla una franca conversación desesperada con Dios.

. Finalmente hay algunas confesiones líricas, como No tengo casa, o testimonios que van en el sentido de participar del canto, Canto irrevocable como él mismo lo declara.

La muerte sorprende a José Revueltas a los 61 años, sin embargo, el tema y la sombra de la muerte misma, no le era ajena. Cierro con tres de sus poemas, donde, velada o directamente, se le refiere. Con mayor o menor hondura, en verso alado o narrativo, el lector será llevado por un ritmo hasta el borde de los abismos, y tocado por las imágenes poderosas, dará cuenta de una sensibilidad privilegiada.

“La barca adánica” es un poema largo con tono elegíaco y fechado en 1950, cuando el joven escritor pareciera llevar el luto de la humanidad a un sentido personal de profunda trascendencia; los versos iniciales alcanzan registros poéticos deslumbrantes, pero a medida que avanza el texto, el tono aforístico pareciera dictarnos una sentencia. A continuación, comparto algunos fragmentos del poema:

 

La barca está dispuesta, amortajado.

El remero sin rostro aguarda con su triste sonrisa.

No es el mismo de siempre:

a cada quien aguarda su remero

innominado y propio.

 

Cada quien debe darle el nombre que no sabe

y sólo hasta entonces él acudirá

con sus remos

altos como iglesias solemnes.

 

 

Ahora no sé lo que ocurre.

No es sólo el nombre del remero.

Tal vez falte la contraseña,

el verbo secreto, el signo,

eso que jamás se supo

durante la vana conspiración de la vida

donde todos nos conocíamos con otros nombres,

donde todos fuimos distintos,

y el padre no conoció al hijo

ni el esposo a la esposa

ni el amigo al amigo.

No sé si podrás embarcarte.

 

 

Tenemos que devolver todas las palabras dichas

hasta quedar vacíos.

 

“El tiempo y el número” es un poema que aparece en su libro, también póstumo, Las cenizas. Al parecer su registro lo data a finales de los años 60 y denota ya una muerte por entregas, desalentadora, donde la vida es apenas un impulso sin sentido:

 

Caen las cosas, dejan de ser, desaparecen

y algo las detiene en su propia sombra,

donde quedan apagadas, vivas nada más

por el impulso de permanecer sin ser ya nada.

 

El amor mismo es una cosa

sobre la cual se enciman nuevas cosas

 cada vez, un palimpsesto donde los

recuerdos son distintos a lo que recuerdan

y parecen bellos sin haberlo sido

porque la muerte los retoca con la compasión

y los disfraza de encuentros que no fueron

pero deben de parecer puros, para que el presente

nos acoja sin demasiada pena

y no nos arrebate el último pan.

 

Llegará ese día en que ya no tengamos

el cuerpo disponible y en que todo

lo pasado no sea sino un largo vacío,

montones de palabras dichas de otro modo

y lejanas voces, pensamientos y sombras

indiferentes y extranjeras.

 

Todo ello vuelto hacer en nuestra nada

 vencida, nombres sin cuerpo

con los que intentaremos recubrir

una sorda vida distante y acabada

en la que fuimos nosotros mismos

otra cosa también.

 

Por último, se transcribe un sentido homenaje: “Leyendo a Óscar Oliva”; fechado en 1973, cuando Revueltas está por cumplir 60 años, deja entrever un esbozo de lo que podríamos decir son unas últimas indicaciones para alcanzar su última voluntad:

 

De la muerte, no.

Sálvenme de la vida

Sálvenme de mis ojos

Ya invadidos de gusanos,

De la herrumbre de mis huesos

Y del alma.

 

Atrás doctores, hechiceros, sacerdotes,

Oradores, ideologías en acecho:

De morir, no.

Sálvenme de la vida eterna,

De las cosas que toco y miro,

Sálvenme del amor y de mis

Padres muertos,

Sálvenme de este no ser

En perpetua agonía.

 

La poesía de José revueltas, ahora que le recordamos a 50 años de su muerte, es, en su misma brevedad, como un atajo de esplendor para aproximarnos al conocimiento sensible de un genio, un genio que decidió manifestarse intensamente para participar del mundo.

Título disponible en la Sala de Literatura. Créditos de la fotografía: Nancy Lucio.
Subir