Álvaro Enrigue: “Uno escribe siempre el mismo libro”

Fotos: Pablo Cuéllar, Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL.

Por Lizbet García Rodríguez

En sus varias visitas a la Universidad Autónoma de Nuevo león, el escritor y crítico literario mexicano Álvaro Enrigue ha reflexionado sobre la escritura y la manera en que los libros propios reflejan la suma de todo lo que se lee.

“Nació en Lagos de Moreno, Jalisco, el cuatro de enero de 1936…”. Así comienza la historia de Jerónimo Rodríguez Loera, un niño mexicano aparentemente normal, pero convertido en un monstruo por su capacidad de recordar cada una de sus vidas pasadas. Es la novela Vidas Perpendiculares, que el escritor y crítico literario mexicano Álvaro Enrigue, presentó en la Universidad Autónoma de Nuevo León en julio de 2008 durante sesión de la Cátedra UANL-Anagrama.

“Al escribir esta historia me propuse encontrar una forma que se me había escapado para contar. Durante muchos años estuve tratando de contar una historia que sucediera en tiempos y espacios distintos, pero a la vez simultáneos, así que el hallazgo de la persona que recuerda sus vidas pasadas me permitió trabajar esta forma”.

El libro integró la colección «Narrativas hispánicas» del catálogo editorial de Anagrama e hizo que su autor se consolidara, al decir de Jorge Herralde, director y fundador de la editorial, como “uno de los mejores narradores mexicanos (e hispanoamericanos) de su generación”.

La historia transitó en los tiempos, mezcló personajes y cambió de narrador en un estilo de exploración personal de su escritura.

“Yo creo que uno escribe siempre el mismo libro, no es que sean libros tan distintos, lo pensé porque mientras editaba Vidas Perpendiculares, reescribí completa La muerte de un instalador que era un libro muy de juventud, y fui limando las zonas en las que la acción no transcurría como yo pensaba que debía ser”.

Pero en esta transición de cuerpos literarios y personajes inventados con visos de vida real afianzó su manera peculiar de narrar.

“La narrativa son sueños de la razón que producen monstruos, cualquier personaje literario memorable siempre es un monstruo, solamente que posa de normal, y creo que es el caso de Jerónimo Rodríguez.”

Hay tramos de la infancia de Jerónimo que son la infancia de Enrigue padre, su llegada a la Ciudad de México, su sorpresa por la suntuosidad de aquella ciudad en plenos años cuarenta del siglo XX.

“Las sorpresas de Jerónimo al llegar son las sorpresas de mi padre, y su escuela, que es la escuela de la novela, es lo que hoy es el Museo de Cera; el padre de Jerónimo es un molinero histórico de Saltillo, aunque todo esto muy machacado por la creación literaria, y es un hombre siniestro que en realidad no era así, solo que su hijo lo ve así. Y es el libro en el que más inspiración de lo real he encontrado. No solo dejé que entrara la realidad por todos lados, sino que escribí la historia que se me daba la gana de contar, en periodos históricos que me han interesado toda la vida, por eso aparece el siglo XVII, los romanos, que toda la vida me han gustado porque eran unos matones con falditas, los piratas, porque era lector de Salgari, los espadachines, aquí me di permiso de poner todo eso.”

Enrigue reconoce lo multifacético que resulta el mundo de sus influencias literarias.

“Esta mezcla de los tiempos la aprendí a hacer leyendo con mucho cuidado Conversación en La Catedral y La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, que es el maestro universal de la convivencia de tiempos; la estructura general del libro está inspirada por una obra maestra de la literatura rusa del siglo XX, El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov; construir la historia a partir de incisos es algo que aprendí de Francisco Hinojosa, uno de los grandes narradores contemporáneos mexicanos, pero también entran películas, canciones, comics, todo integra el asunto de las influencias.”

Fotos: Pablo Cuéllar, Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL.

Su primera novela fue La muerte de un instalador (1996), luego publicó un primer libro de cuentos: Virtudes capitales (1998). Su segunda novela en 2002 fue El cementerio de las sillas, y con Hipotermia (2006) inició su relación con Anagrama.

“Anagrama es una editorial con un gran prestigio, ese es el tipo de asociación que beneficia mucho a un escritor. Por el tipo de libros que escribo yo no podría estar en una editorial de estas gigantes de perfil masivo, no porque yo no quiera sino porque ellos no me querrían a mí, entonces Anagrama me permite como autor tener esa exposición de mi obra.”

Agregó que esta editorial tiene la virtud de hacer que el libro llegue a todas partes, no en números de cien mil como en otras editoriales, “pero sí va a llegar un numerito de tu novela a Buenos Aires, a Santiago de Chile, a Caracas, a Lima, y eso en la carrera de un escritor es fundamental.”

En dicha edición de la Cátedra UANL-Anagrama, Enrigue estuvo acompañado por el escritor regiomontano David Toscana quien destacó la manera en que el autor ha creado con sus historias buenas dosis de interés; y calificó Vidas perpendiculares como una obra donde la novela es la dueña del tiempo, posee la habilidad de fragmentarse en una serie de relatos, y usa la reencarnación como vínculo literario.

El 16 de marzo de 2011, Álvaro Enrigue volvió al Colegio Civil Centro Cultural Universitario de la UANL para presentar su libro Decencia, publicado ese año por Anagrama; en 2013 la Editorial Universitaria participó en la coedición de su libro Valiente clase media. Dinero, letras y cursilería; y posteriormente, en la Feria Universitaria del Libro UANLeer 2019, participó en el homenaje a la editorial Anagrama y a su fundador Jorge Herralde, acompañado por figuras como Juan Villoro y Luis García Montero.

Enrigue nació en Guadalajara, en 1969. Ha sido profesor de escritura creativa de las universidades de Columbia, Princeton y Maryland. Ha recibido importantes premios como el Joaquín Mortiz para Primera Novela (1996), el Premio Herralde de Novela (2013), el Premio Ciutat de Barcelona de literatura en lengua castellana (2013), y el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska (2014). Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, francés, checo, entre otras lenguas.

Fotos: Pablo Cuéllar, Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL.