Por Juan David Céspedes Moreno
“El tabaco ha hecho a todo el mundo de un solo linaje y lo ha unido en un mismo lazo. de todos los lujos es el más democrático y el más universal”
Gonzalo Fernández de Oviedo
Introducción
El estanco del tabaco, “la joya del fisco imperial” según Carlos Marichal,[1] tuvo un gran impacto en el desarrollo social, económico y político del Nuevo Reino de León desde su establecimiento en 1765 hasta entrado el siglo XIX. Este suceso es parte de la implementación de las reformas borbónicas, un conjunto de medidas impulsadas por la Corona española para centralizar el poder y fortalecer sus ingresos fiscales. Entre estas reformas, destacó la instauración del estanco del tabaco, un monopolio estatal que transformó radicalmente las dinámicas de producción, distribución y comercio de este producto en toda Nueva España.
En el Nuevo Reino de León, una región caracterizada por su aislamiento geográfico y su economía basada principalmente en la ganadería, el estanco del tabaco introdujo nuevas estructuras de control que alteraron las dinámicas locales. Los administradores del tabaco, en su mayoría peninsulares enviados por la Corona, desempeñaron un papel clave en este proceso, pues para ejercer su autoridad y consolidar las nuevas dinámicas comerciales, estos administradores no sólo implementaron las políticas del monopolio, sino que también se integraron a las redes familiares y comerciales locales a través de matrimonios y alianzas estratégicas con la élite de la región.
Este trabajo explora el impacto del estanco del tabaco en la sociedad del Nuevo Reino de León, analizando cómo este monopolio además de fortalecer el control de la Corona sobre el comercio también contribuyó a la apertura de la élite político-comercial de la región. A través del análisis de fuentes primarias y secundarias, se busca comprender cómo el tabaco pasó de ser un producto de consumo relativamente libre a convertirse en un eje de poder e influencia para los actores locales y externos.
Comercio y sociedad antes del estanco
El cambio en la sociedad del Nuevo Reino de León por el establecimiento del estanco del tabaco en 1768 es el resultado de los cambios hechos en la producción, manufactura y aún más importante, en la distribución y comercialización de este producto, por esta razón, es necesario analizar la realización de estos procesos antes del establecimiento del monopolio.
Comenzando por su cultivo, el tabaco, al ser una planta tropical, se cosechaba en la zonas céntricas y sureñas, como en Orizaba, Córdoba, Papantla y Xalapa; por el occidente en Compostela, Autlán y Tepic, así como algunos valles de Sinaloa; En Yucatán también se cultivaba, así como en Chiapas y Guatemala y en los valles de mediana altura de Oaxaca; la mayoría del producto cosechado iba hacia la Ciudad de México para ser posteriormente distribuido al resto el territorio.[2]
Desde el siglo XVI hasta poco después de mediado el siglo XVIII el consumo del tabaco en Nueva España era libre, en un principio por autoconsumo, y con el paso del tiempo se comenzó a comercializar en las principales ciudades donde la única opción para obtenerlo era comprarlo, pues la siembra del tabaco no era viable, tal es el caso del Nuevo Reino de León. El tabaco se vendía en rama, por lo que el comprador manufacturaba su propio puro o cigarrillo. Su venta era libre y sólo generaba el pago de alcabala y el almojarifazgo en caso de exportación, lo que sucedió en épocas tempranas al enviarse tabaco novohispano a Perú.[3]
Para el caso del Nuevo Reino de León no es de vital importancia analizar la cosecha de tabaco, ya que esta nunca se dio de manera próspera en la zona septentrional del virreinato, sin embargo, donde sí se debe colocar atención es en la obtención, distribución y consumo del mismo, pues en estos aspectos es donde se puede observar a los sujetos que formaban parte de estos procesos.
A inicios del siglo XVIII en el Nuevo Reino de León se comenzó a detectar un incremento en la circulación del tabaco, pues el territorio norteño vivía sus primeros años de asentamiento económico, en gran parte por su incremento poblacional, al pasar de menos de 2,000 habitantes en 1712 a 3,767 en 1760.[4] El número de mercaderes también aumentó en estos años, pues de los seis comerciantes que se detectaron en el año de 1662, aumentaron a 17 para 1717.[5]
El tabaco fue importando desde el centro del virreinato hasta la ciudad de Monterrey por los mercaderes locales y los viandantes, uno de esos mercaderes locales fue el sargento mayor Pedro Guajardo, ya que en el inventario de los bienes realizado a su muerte en 1720, se menciona que en la tienda de su casa tenía alrededor de “cinco cargas” y medias “en once tercios”, lo cual equivaldría a aproximadamente a 880 manojos o a 809.6 kilos de tabaco.[6] Es interesante analizar que no sólo se contaba con la cantidad suficiente de tabaco para autoconsumo y comercio, sino que la elite política-militar establecida en el territorio era también la que se encargaba de comercializar la mayoría de los productos en la zona.
Apunta Guillermo Céspedes que, para finales del siglo XVII, como se mencionó al principio, Veracruz se convirtió en uno de los principales productores de tabaco, sus cosechas eran recolectadas en la Ciudad de México y de ahí redistribuidas a distintos puntos, entre ellos el Nuevo Reino de León. Su ruta fue muy similar durante el siglo XVIII: los arrieros partían de la Ciudad de México con dirección a Zacatecas,[7] de ahí su trayecto continuaba por la villa de Saltillo y finalmente a la ciudad de Monterrey (véase mapa 1).
La selección de esta ciudad por parte de los comerciantes no radicaba en su poder económico, sino que se distinguía por ser elcentro político-administrativo al ser sede del primer cabildo y la capital del reino. Sin embargo, aunque fuera en este lugar el establecimiento de las tiendas y de los comerciantes, la distribución del producto obedecía las conveniencias económicas, religiosas y militares. Así, una parte importante del producto era redistribuida a los sectores en desarrollo como podían ser los valles, villas y pueblos donde se ubicaban distintas minas, haciendas, presidios, misiones y pueblos de indios situados al norte o al sur del Nuevo Reino de León.[8]
Por esto mismo es de vital importancia señalar a los comerciantes locales que contaban con una residencia permanente en el reino, como el mencionado Pedro Guajardo, quien tenía una casa en la ciudad de Monterrey, pero también una hacienda en San Gregorio de Cerralvo y un rancho en Saltillo. Otros comerciantes como Antonio López de Villegas, que de manera semejante comerciaba en su tienda en la ciudad de Monterrey, era propietario de estancias mineras en el real de Boca de Leones y en el valle de Lampazos, así como de una hacienda en el valle de Santa Catalina,[9] todos ellos lugares a los que era distribuido el tabaco.
Por último, a pesar de que para esta temporalidad el tabaco era consumido por una gran parte de la población, Mijael Obando señala que este producto no era de fácil acceso para todos, pero no por una cuestión de abasto, sino que la problemática giraba en torno al elevado costo de este producto, por lo que los primeros y posiblemente mayores compradores fueron aquellos pobladores que tenían un gran poder adquisitivo para invertir en esta mercancía.[10]
Además de la élite económica, otros sujetos consumían el tabaco, tanto por necesidad como por gusto, por ejemplo, los franciscanos integraron la planta como herramienta en las misiones para atraer y retener a los indígenas en los procesos de evangelización. Los soldados presidiales y gobernadores lo empleaban de manera similar en campañas de pacificación y alianzas con los indios, destinando parte de sus salarios o recursos para adquirirlo. Asimismo, algunos jóvenes y vecinos comunes lo consumían ocasionalmente, incluso solicitando préstamos para costearlo, mientras que los indígenas, con acceso limitado, dependían de subsidios de autoridades o patrones.[11]
Se puede concluir entonces que, antes de que el monopolio tabacalero fuera impuesto por la corona española. En el Nuevo Reino de León existía un comercio del tabaco relativamente libre, aunque acaparado por los grandes comerciantes. Su distribución llegaba a la mayoría del reino y, al ser consumido por gran parte de la sociedad, se encontraba muy presente en la vida cotidiana.
Comercio y sociedad después del estanco
El estanco del tabaco fue una institución fiscal de gran importancia para la Corona, su principal objetivo era recaudar moneda para las Arcas Reales, ya que, durante la segunda mitad del siglo XVIII, España se vería involucrada en un sinfín de conflictos bélicos con Francia e Inglaterra. La real cédula que establecería el estanco del tabaco en Nueva España sería fechada en 1764, sin embargo, no sería hasta 1765 con la llegada del visitador José de Gálvez al territorio novohispano cuando todas estas órdenes serían ejecutadas.[12]
El estanco se organizó con una dirección general ubicada en la Ciudad de México, en donde también se establecería una contaduría, una tesorería y los almacenes generales. De este organismo central saldrían los medios y recursos para distribuir el tabaco por todo el territorio novohispano, que fue organizado en once factorías y cuatro administraciones independientes (véase mapa 2) a donde llegarían los diversos productos del tabaco, para ser redistribuidos a su vez a las cabeceras de partido, de estas a los fielatos de distrito y posteriormente a los estancos.[13]
Su producción comenzaría con el cultivo restringido a una sola una región, el área seleccionada comprendía los campos en torno a las villas de Córdoba y Orizaba, en la región veracruzana. Después del corte, curado y beneficio del tabaco, este se almacenaba tanto en Córdoba como en Orizaba en depósitos manejados por la renta del tabaco, para que a lo largo del año fueran trasladados los tercios a los almacenes generales de la Ciudad de México, conocidos como “los almacenes del rey”. Como se mencionó previamente, el tabaco se vendía en rama para que el comprador fabricara el producto en que quisiera consumir la planta, esto cambiaría con el establecimiento de la primera fábrica de puros y cigarros de la Ciudad de México en 1769, que llegó a tener en 1797 casi 7,500 trabajadores, abasteciendo tanto a la propia ciudad y sus alrededores, como a las factorías del norte y occidente,[14] entre ellas la de Monterrey.
A cargo de cada administración se encontraba un administrador que repartía la producción en su propia factoría y en las cabeceras de partido que le eran dependientes; a cargo de estas cabeceras independientes se encontraba un funcionario denominado fiel administrador particular, que a su vez distribuía la mercancía a los fielatos de distrito, y estos a su vez la enviaban a los estancos, que se encontraban ubicados en parajes de corta población.[15] Toda esta red de distribución permitió al tabaco llegar a los pueblos y ranchos más alejados del territorio novohispano.
En este sentido, para el caso del Nuevo Reino de León el estanco del tabaco se asentó de buena manera entre 1764 y 1768, pues es en este último año en el que se publican las “Ordenanzas de la Real Renta del Tabaco”, un documento de 78 páginas donde se describen de manera muy meticulosa y específica las responsabilidades, cuidados y prevenciones con respecto a la administración del tabaco a todos los encargados de la administración, desde el propio administrador, hasta los encargados de los estanquillos.[16]
A pesar de las especificaciones del documento anterior, este pudo haber sido muy general para las tareas que la administración creía necesarias, ya que más documentación instructiva llegó, prueba de esto es un documento separado del anterior llamado “Instrucción para los fieles administradores particulares de los partidos agregados a las factorías generales”, que fue expedido el 2 de mayo de 1768.[17] A pesar de que la documentación disponible no incluye un documento instructivo particular de cada puesto, se plantea el supuesto de que todos ellos fueron recibiendo más y más instrucciones conforme avanzaba el tiempo.
El administrador del tabaco, designado por el virrey, debía ubicarse en Monterrey al ser considerada como una administración independiente, la cual tenía encargada otras administraciones menores, ubicadas en la zona de Boca de Leones, Pesquería Grande Sabinas, San Miguel de Aguayo, Vallecillo, el Valle de Labradores y el Valle del Pilón. Este administrador era el principal responsable y encargado de designar quienes serían los comerciantes en las zonas más pequeñas.[18]
En términos monetarios, durante los primeros cinco años de existencia del estanco, las ganancias para la administración fueron de 12, 936 pesos. Pero las cifras fueron en aumento sin presentar alguna baja, inclusive para finales del siglo XVIII las ganancias totales subieron a 91,388. Sin embargo, las Arcas Reales no eran las únicas beneficiadas del estanco, pues los pequeños comerciantes locales recibían una especie de honorarios proporcional a las ventas por año, según Mijael Obando, estos solían recibir entre un 6% a un 10% de las ventas totales en honorarios.[19] En el aspecto económico, el monopolio del tabaco en la región trajo sumas positivas tanto para la administración del tabaco en general, así como para el comercio de la región.
Se puede afirmar entonces que el establecimiento del estanco no generó disconformidades graves por diferentes motivos, el principal de ellos era que la economía estaba basada en la ganadería y que la agricultura tenía una producción muy baja, por lo que el monopolio ayudó a dinamizar el comercio, sin embargo, hubo problemáticas registradas durante el ejercicio de este, ya que existieron casos donde los encargados de algún fielato o estanquillo recibieron determinadas cargas de tabaco, pero no terminaron de pagar a los administradores las cantidades que supuestamente vendieron. Por lo que los administradores procedían a embargar sus bienes materiales;[20]convirtiéndose en una problemática común.
Alejándose del aspecto económico, la figura del administrador del tabaco fue la que más se transformó en este periodo, ya que estos al ser externos al Nuevo Reino de León, buscaron ganarse un lugar en la sociedad a través de relaciones familiares y de compadrazgo con la élite local. Esto es muy importante ya que, como señala Claudia Domínguez, la conformación e importancia de las redes familiares, económicas y políticas fueron fundamentales para el desarrollo económico y político en la Nueva España.[21]
La selección de los administradores en Monterrey fue determinada principalmente por dos características: tener cercanía con alguna autoridad virreinal o que el administrador tuviera un gran prestigio por venir de una familia importante. La primera persona en ocupar el cargo de administrador de la renta del tabaco en la administración del norte sería Cosme Damián de Arrese, nombrado el 27 de agosto de 1771, pues era cercano a los administradores del tabaco en la Ciudad de México.[22] Sin embargo, todos los administradores del tabaco tuvieron algo en común al arribar a la región del noreste novohispano, estos buscaron maneras de integrarse a la élite local del Nuevo Reino de León, por medio de lazos matrimoniales.
Por mencionar algunos ejemplos, Cosme Damián de Arrese se casó dos veces, primero con María Josefa Larralde Cantú y después con María Josefa Ramona Lozano Gómez de Castro, ambas mujeres de Monterrey. A Cosme lo sucedió Julián de Arrese, quien se casó con María Leonor Gómez de Castro, mujer de la misma familia que la segunda esposa de su predecesor.[23] Aquí se debe tener en cuenta que las elites del reino afianzaban su poder al mantener un cerrado círculo matrimonial, con parientes de segundo y tercer grado, por lo que el hecho de que estas élites aceptaran unirse en matrimonio con los recién llegados, representó una gran transformación.
Estos vínculos entre las familias que formaron parte de la administración del tabaco y los grupos de poder local, persistieron a lo largo del tiempo. Esto resulta evidente al analizar a los miembros que conformaron el ayuntamiento local durante el periodo en que Nuevo León se integró al sistema federal en 1825. Un ejemplo claro es Julián de Arrese, descendiente del antiguo administrador del tabaco con el mismo nombre, quien se convirtió en el primer alcalde constitucional en ese año. Otro caso destacado es el de José María Paras Ballesteros, hijo de Vicente Paras,[24] quien asumió el cargo de primer gobernador constitucional en 1825.[25]
Conclusión
El estanco del tabaco en el Nuevo Reino de León representó mucho más que una medida fiscal de las reformas borbónicas; fue un catalizador de transformaciones sociales, económicas y políticas en la región. Si bien su principal objetivo era incrementar los ingresos de la Corona mediante el control del comercio tabacalero, el impacto del estanco trascendió los límites administrativos y fiscales. A través de la reorganización del comercio y la introducción de nuevos actores en la gestión del tabaco, como los administradores peninsulares, se generaron cambios profundos en la dinámica social y en las relaciones de poder locales.
Los administradores del estanco, inicialmente figuras externas a la región lograron integrarse en las redes de poder locales mediante alianzas matrimoniales y relaciones de compadrazgo con la élite del Nuevo Reino de León. Este proceso no sólo les permitió consolidar su posición, sino que también impulsó la apertura de una élite comercial y política que dejó una marca duradera en la región. La integración de estos actores externos demuestra la adaptabilidad de las élites locales en casos donde su poder y economía se veían amenazadas, así como la capacidad de las políticas borbónicas para reconfigurar el panorama social de los territorios novohispanos.
En términos económicos, el monopolio del tabaco fue exitoso en su objetivo de incrementar los ingresos fiscales y dinamizar el comercio regional. Sin embargo, también generó desigualdades en el acceso al producto, restringiendo su consumo a los sectores más acomodados. Asimismo, los conflictos derivados de las irregularidades en la administración y el incumplimiento de pagos reflejan las tensiones inherentes a la implementación de un sistema de control tan centralizado en una región periférica como el Nuevo Reino de León.
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Semblanza
Juan David Céspedes Moreno es estudiante de octavo semestre de la Licenciatura en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Desde 2025 funge como editor en jefe de Bloch Revista Estudiantil de Historia, donde también ha publicado.
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Referencias
Primarias
AGENL Archivo General del Estado de Nuevo León
Secundarias
Belard, Mijael Obando. “La influencia del estanco del tabaco en el Nuevo Reino de León (1768-1810)” en La historia colonial hoy: avances y nuevas perspectivas Comp. Adriana Dávila, Jesús Corral y Francisco Ramírez, 212-231 México: UANL, 2016.
Céspedes del Castillo, Guillermo. El tabaco en Nueva España. Madrid: Real Academia de la Historia, 1992.
Peña Guajardo, Antonio. La economía novohispana y la élite local del Nuevo Reino de León en la primera mitad del siglo XVIII. Monterrey: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2005.
Suarez, Clara Elena. “Del mercado libre a monopolio estatal: la producción tabacalera en Nueva España, 1760-1800”. En Caminos y mercados de México Coord. Janet Long y Amalia Attolini, 411-432 México: UNAM INAH, 2009.
Electrónicas
Belard, Mijael Obando. “Esparciendo el vicio en los confines septentrionales. La circulación del tabaco en el Nuevo Reino de León, 1714-1748” Septentrión no. 18 (2023): 52-77. https://septentrion.uat.edu.mx/index.php/septentrion/article/view/153
Domínguez, Claudia. “De la provincia al Estado: Gobierno, sociabilidades y territorio en Nuevo León a través del ayuntamiento de Monterrey (1808-1825)”. Tesis de maestría. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2010. http://bibliotecavirtual.dgb.umich.mx:8083/jspui/bitstream/DGB_UMICH/253/1/FH-M-2010-0023.pdf
El Colegio de México A.C. “V. Los Monopolios Estatales: El Tabaco ‘La Joya Del Fisco Imperial,’” 2014. https://www.youtube.com/watch?v=jWRDDAiyMGc.
Rodríguez Cárdenas, Javier “Poblamiento, familias y migraciones en Monterrey, 1668-1800”. Tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2016. https://www.academia.edu/44630547/Poblamiento_familias_y_migraciones_en_Monterrey_1668_1800
Anexos
Mapa 1. Circulación del tabaco en el Nuevo Reino de León, 1714-1748. Elaborado por Mijael Obando Belard Silvano
Mapa 2. Organización espacial del monopolio del tabaco. Elaborado por Clara Elena Suárez Argüello
[1] El Colegio de México A.C. “V. Los Monopolios Estatales: El Tabaco ‘La Joya Del Fisco Imperial,’” 2014. https://www.youtube.com/watch?v=jWRDDAiyMGc.
[2] Clara Elena Suárez, “Del mercado libre a monopolio estatal: la producción tabacalera en Nueva España, 1760-1800” en Caminos y mercados de México Coord. Janet Long y Amalia Attolini (México: UNAM INAH, 2009), 414.
[3] Suarez, “Del mercado libre”, 414-415.
[4] Javier Rodríguez Cárdenas, “Poblamiento, familias y migraciones en Monterrey, 1668-1800”, (tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2016), 84-85. https://www.academia.edu/44630547/Poblamiento_familias_y_migraciones_en_Monterrey_1668_1800
[5] Antonio Peña Guajardo, La economía novohispana y la élite local del Nuevo Reino de León en la primera mitad del siglo XVIII (Monterrey: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2005), 54-55.
[6] Mijael Obando Belard “Esparciendo el vicio en los confines septentrionales. La circulación del tabaco en el Nuevo Reino de León, 1714-1748” Septentrión no. 18 (2023): 55-57. https://septentrion.uat.edu.mx/index.php/septentrion/article/view/153
[7] Guillermo Céspedes del Castillo, El tabaco en Nueva España (Madrid: Real Academia de la Historia, 1992), 38.
[8] Obando, “Esparciendo el vicio”, 61.
[9] Peña, “La economía novohispana”, 59-63.
[10] En la ciudad de México el precio de un manojo oscilaba el de 1 real, en la ciudad de Monterrey costaba alrededor de 1 peso u 8 reales para los españoles y para los indios, se le elevaba el costo de 10 u 11 reales. Obando, “Esparciendo el vicio”, 66.
[11] Obando, “Esparciendo el vicio”, 67-71.
[12] Suarez, “Del mercado libre”, 418
[13] Suarez, “Del mercado libre”, 417- 418
[14] Suarez, “Del mercado libre”, 420-423
[15] Suarez, “Del mercado libre” pp. 426.
[16] Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL en adelante) Fondo colonial, Caja 1.
[17] AGENL, Fondo Administración del tabaco, Caja 1.
[18] Mijael Obando Belard, “La influencia del estanco del tabaco en el Nuevo Reino de León (1768-1810)” en La historia colonial hoy: avances y nuevas perspectivas Comp. Adriana Dávila, Jesús Corral y Francisco Ramírez (México: UANL, 2016), 215.
[19] Obando, “La influencia del”, 216-218.
[20] Obando, “La influencia del”, 219.
[21] Claudia Domínguez, “De la provincia al Estado: Gobierno, sociabilidades y territorio en Nuevo León a través del ayuntamiento de Monterrey (1808-1825)”, (Tesis de maestría. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2010), 6. http://bibliotecavirtual.dgb.umich.mx:8083/jspui/bitstream/DGB_UMICH/253/1/FH-M-2010-0023.pdf
[22] Obando, “La influencia del”, 223-224.
[23] Obando, “La influencia del”, 225.
[24] Administrador del tabaco entre 1805 y 1806.
[25] Obando, “La influencia del”, 228.

