Por Antonio de Jesús Castillo Palomo y Diego Alberto López García
Introducción
El fútbol ha funcionado históricamente como un espacio de construcción identitaria cuya manifestación más visible en la cultura de aficionados puede rastrearse en Inglaterra a través del fenómeno del hooliganismo. Este movimiento generó controversia social debido a los episodios de violencia protagonizados por seguidores dentro y fuera de los estadios, con consecuencias que incluyeron pérdidas humanas y sanciones institucionales.[1]A partir de la Copa del Mundo de 1966, celebrada en Inglaterra, el término y las prácticas asociadas al hooliganismo trascendieron su contexto original y se difundieron hacia Europa y otras regiones, influyendo en la formación de agrupaciones organizadas de animación futbolística que posteriormente serían conocidas como barras bravas.[2]
El concepto de hooligan se vincula en el ámbito futbolístico a la violencia colectiva y posee diversas interpretaciones etimológicas; sin embargo, su uso contemporáneo, según la Real Academia Española refiere específicamente al aficionado británico de comportamiento agresivo (RAE, s. f.). Asimismo, la consolidación del fútbol como actividad profesional desde la fundación de la Football Association (FA), en 1863 contribuyó al crecimiento del espectáculo deportivo y a la aparición de dinámicas sociales complejas alrededor de este, incluyendo la violencia organizada como expresión cultural de ciertos sectores de la afición.[3]
En América Latina, países como Argentina y Brasil adaptaron estas prácticas de acuerdo con sus propios contextos socioculturales, dando origen a formas locales de organización de aficionados (barras bravas y torcidas) caracterizadas por fuertes sentidos de pertenencia e identificación simbólica con los clubes.[4] Estas agrupaciones no solo articulan la pasión deportiva, sino que también construyen discursos de orgullo, representación territorial y fidelidad, visibles en prácticas como“hacer el aguante”, entendido como una demostración constante de apoyo al equipo independientemente de las circunstancias .[5]
El estudio de estos fenómenos adquiere particular relevancia en el contexto del fútbol regiomontano, donde las barras constituyen actores sociales que inciden en la configuración de identidades urbanas, rivalidades y dinámicas culturales asociadas al deporte. Analizar su organización, simbolismo y prácticas permite comprender su papel como espacios de sociabilidad, pertenencia y expresión colectiva, lo cual resulta fundamental para interpretar las relaciones entre deporte, cultura e identidad en el ámbito local.
Los comienzos en las gradas populares. Desde los Hooligans europeos, hasta los Barras Bravas sudamericanas
Históricamente el deporte ha sido objeto de estudio como espectáculo y entretenimiento en una sociedad civilizada. Con el paso del tiempo, y con la profesionalización del fútbol además de su popularización a nivel mundial a raíz de la creación de la Copa del Mundo, el deporte creció exponencialmente creando un nuevo movimiento social que trajo una distinta manera de vivir el fútbol: la organización de los aficionados desde una distinta perspectiva, alentar y apoyar a su equipo denominándose en lo que en la actualidad se conoce como las barras bravas, tifos, ultras, hooligans, torcidas, etcétera.
A partir del mundial de 1966, se establece un sentimiento nacionalista y que posteriormente fue llevado a los barrios donde la violencia era habitual en el fútbol, estos principalmente pertenecientes a la clase trabajadora, en localidades donde se vivía al día y su única salida constaba en encajar en un mismo entorno colectivo. El impacto social de los hooligans en la sociedad británica se arraigó fuertemente que años más tarde, la primera ministra Margaret Thatcher ordenó restricciones a estos grupos en los estadios, a nivel internacional se les prohibió acudir a estadios después de la masacre de Heysel en la final de la Champions League el 29 de mayo de 1985.
Sin embargo, este suceso aunado con el ocurrido en 1989 en el partido de Liverpool vs Nottingham, donde 97 personas perdieron la vida después de disturbios en el estadio y alrededores, provocó una intervención del gobierno británico en el deporte. Abordaron el hooliganismo como un tema sociocultural y no algo exclusivo del fútbol. Thatcher y sus allegados ordenaron una exhaustiva investigación en los estadios ingleses para conocer las causas y motivos por los que estos grupos peleaban entre sí. La investigación contó con el apoyo de la FA y así se presenta el Informe Taylor que abordó el tema de la violencia del fútbol desde una perspectiva cultural, identificando riesgos, causas y sanciones.[6]
De acuerdo con Eric Dunning y Norbert Elias la actitud adoptada por los hooligans se debe al contexto en que crecieron. En la mayoría de los barrios londinenses del siglo XX existía pobreza y ofertas laborales escasas. La creación de este movimiento sociocultural en Inglaterra emigró a otros continentes a partir de la copa mundial de 1966 celebrada en Inglaterra, provocando una reacción inmediata de otros países que crearon sus propias barras fundamentadas en un sentimiento parecido pero diferente.[7]
Ahora bien, fue a partir de la década del sesenta que se empiezan a organizar estos grupos de animación de manera más sistematizada, principalmente en países como Chile, Argentina y Brasil. La primera aparición de un concepto que engloba a los grupos de animación en Latinoamérica se remonta a 1958 en Argentina. En este contexto, el diario La Razón publicó una nota en la que informaba sobre el fallecimiento de un joven aficionado de Vélez Sarsfield, histórico club argentino, y en la cual se acuñó el término “barras fuertes” para referirse a los agresores rivales. Considerando el significativo impacto mediático del periódico, la difusión de la noticia tuvo una repercusión directa en el ámbito futbolístico. No obstante, en su uso inicial, el concepto de “barras fuertes” hacía referencia principalmente a los barrios en los que este tipo de agresiones se manifestaban con mayor frecuencia.[8]
Si se toma en cuenta lo anterior, la definición como tal de una barra brava podría recaer en solo aficionados que acuden a apoyar efusivamente a su equipo. Sin embargo, es algo que va más allá del fútbol, son “una organización social muy compleja con tintes ideológicos o políticos”. Dicho autor aborda el ejemplo del clásico español Real Madrid vs FC Barcelona donde menciona que dicho encuentro es algo más que un partido, es la confrontación ideológica de dos regiones diferentes que pelean por la supremacía española. Es necesario aclarar que en México aún no se ha presentado una confrontación ideológica y política de esta magnitud[9].
Jóvenes hinchas en tierras aztecas. La adaptación del concepto “Barra Brava” al fútbol mexicano y regiomontano
En la década de 1960 ya existían organizaciones de aficionados dentro del fútbol mexicano (conocidas como porras). Una de las más tempranas de las que se tiene registro es la “Tito Tepito” del Atlante, organizada en 1967. En la tesis El fenómeno barra brava en el fútbol mexicano y su sentido de pertenencia, el autor señala que, pese a su antigüedad, esta agrupación ya presentaba un alto nivel de organización, incorporando instrumentos, banderas y cánticos de apoyo al equipo. Este modelo se fue popularizando entre otras aficiones; sin embargo, el cambio más significativo no se produjo sino hasta la década de 1990, con la irrupción del movimiento de las “barras bravas”.[10]
Entendiendo esto, para el año 1996 en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, fue donde se formó la primera barra mexicana conocida como “La Ultra tuza”, creada por el entonces vicepresidente del equipo y miembro de Grupo Pachuca Andrés Fassi, motivado por las barras sudamericanas. En gran parte Fassi se apoyó en lo que veía en las barras argentinas debido a que también se desempeñó como presidente de Talleres de Córdoba, uno de los equipos más antiguos de Argentina, por lo que llevó gran parte de esta logística sudamericana al estadio Hidalgo, casa de los tuzos. [11]
Bajo este mismo contexto se formaron las barras de distintos equipos, como lo fue “La Rebel” de Pumas, “La 51” de Atlas, “La Perra brava” de Toluca, “la Monumental” y “Ritual del Kaoz” del América, si bien, no se formaron por la participación en la Copa Libertadores de equipos mexicanos, el choque cultural en los viajes a Sudamérica ayudó en su organización, la implementación del “aguante”, el uso de cánticos y banderas utilizados actualmente por estos hinchas.[12]
Para comprender el surgimiento del concepto de aficionados organizados como “barras bravas” en el fútbol regiomontano, es necesario considerar el contexto que atravesaban ambas instituciones. Hacia finales de la década de 1990, el Club de Fútbol Monterrey enfrentaba una fuerte crisis tanto financiera como deportiva, durante la gestión de Jorge Lankenau. En ese periodo, el club financiaba a dos grupos de animación: “La Barra Rayada”, ubicada en la zona preferente, y “La Furia”, situada en la zona general del Estadio Tecnológico (entonces sede del equipo).
El 24 de octubre de 1998, en medio de un partido con marcador adverso, miembros de ambas porras comenzaron a abandonar la tribuna del “Tec”. Esta situación generó molestia entre integrantes de “La Furia”, quienes reclamaban la falta de apoyo de quienes dejaban al equipo en un momento desfavorable. En esa zona permanecieron únicamente diez integrantes, quienes reacomodaron sus banderas y, a partir de ese acto, dieron origen a una nueva barra.
En un encuentro internacional frente al Deportivo Cali en el Estadio Tecnológico, la recién conformada barra “La Adicción” se presentó como un grupo representativo del Club de Fútbol Monterrey, destacándose por el uso de bombos, trapos y cánticos durante los noventa minutos, aunque su número no superaba los veinte integrantes. En contraste, las agrupaciones previamente establecidas, “Barra Rayada” y “Furia Rayada”, no asistieron debido a limitaciones económicas. Años más tarde, con la adquisición del club por parte de FEMSA, se inauguró una nueva etapa institucional caracterizada por una mayor estabilidad organizativa y el respaldo de una barra ya consolidada como “La Adicción”.
Bajo la influencia de las barras sudamericanas, adoptaron el concepto de “aguante”, entendido como el compromiso de alentar al equipo sin importar las circunstancias del encuentro. Su objetivo en cada partido era brindar apoyo constante, independientemente del resultado. En este proceso, uno de los pioneros propuso que el nombre del grupo reflejara el vínculo emocional con el equipo (sus colores, la pasión e incluso la idea de una dependencia simbólica), de donde surgió la denominación “La Adicción”.[13]
Por su parte, la barra del Club Tigres, mejor conocida como “Libres y Lokos”, surgió en 1998, en el contexto del ascenso del equipo a la Primera División, después de haber permanecido un año en la categoría de ascenso, tras descender en el Clásico 51. Este periodo estuvo marcado por el fenómeno conocido como la “tigremanía”, un movimiento que fortaleció la identidad y el entusiasmo de la afición universitaria, particularmente durante su participación en el torneo inferior. En sus primeros años, la barra se ubicaba en la zona general del Estadio Universitario, donde gozaba de mayor libertad para interactuar con otros grupos de aficionados, ya que aún no existían cercas o dispositivos de seguridad que delimitaran o protegieran tanto a sus integrantes como al resto del público asistente.
Con la llegada de la empresa Sinergia Deportiva a la dirección institucional del club, los nuevos directivos establecieron un acuerdo con la barra “Libres y Lokos”, mediante el cual se les asignó una zona específica dentro del estadio. Como resultado de esta reorganización, el grupo fue reubicado dentro del inmueble. Asimismo, se les otorgó apoyo económico destinado a cubrir gastos de viajes como visitantes, adquisición de boletos y elaboración de material de animación. A partir de entonces, sus integrantes fueron ubicados en una de las esquinas del estadio, desde donde actualmente, cada quince días, ingresan por la ya reconocida puerta “6A” para alentar a la escuadra felina.
La barra “Libres y Lokos” experimentó un crecimiento significativo con el paso del tiempo, proceso que estuvo acompañado por el fortalecimiento de su rivalidad con la barra “La Adicción”, perteneciente al Club de Fútbol Monterrey. En el contexto de los encuentros entre ambas instituciones, los alrededores de los estadios se convertían con frecuencia en escenarios de confrontación, lo que atrajo una creciente atención mediática. Los medios de comunicación comenzaron a cuestionar y criticar este movimiento en su etapa de consolidación, asociándolo con hechos de violencia. Como respuesta, las autoridades de Sinergia Deportiva implementó medidas de contención, entre ellas la instalación de mallas de seguridad para delimitar y resguardar el espacio destinado a la barra dentro del inmueble.[14]
Comprendiendo lo anterior, es importante el identificar que la barra “Libres y Lokos” se distingue de otros grupos de animación del fútbol mexicano debido a la consolidación de una identidad y personalidad propias. A diferencia de “La Adicción”, este colectivo cuenta con una estructura organizativa centralizada en la figura de un líder que coordina tanto la logística de los viajes como la producción del llamado “color” dentro del estadio. En el artículo “Libres y Lokos: un sentimiento con aguante”, publicado por la revista Vida Universitaria, se señala que los trapos, los cánticos, las banderas y otros elementos simbólicos constituyen parte fundamental del espectáculo que las barras aportan al fútbol. Asimismo, se recogen testimonios de su líder, Samuel Reyes, quien expresa: “A veces es extraño explicar y mucha gente no lo puede entender, ya que pareciera que mis sentimientos y emociones están solo al ir al estadio y apoyar a Tigres; pero todo lo anterior está con la barra porque sucede. Nuestra gente lleva esos sentimientos en su ser y se van pasando a través de generaciones” [15]. Este testimonio evidencia la dimensión identitaria y generacional que el grupo atribuye a su práctica de animación.
Conclusión
En conclusión, el surgimiento y organización de los aficionados al fútbol regiomontano denominados “barras bravas”, no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como el resultado de un proceso histórico y social, este con influencias internacionales (Hooligans londinenses y barras bravas sudamericanas), como por situaciones locales específicas. La crisis institucional y deportiva por la que atravesaron ambos clubes a finales de la década de 1990, sumada al fortalecimiento de identidad y sentido de pertenencia de sus seguidores, propició la consolidación de grupos o “barras bravas” como “La Adicción” y “Libres y Lokos”.
Estos colectivos no solo transformaron la manera de alentar dentro de los estadios, incorporando elementos visuales y sonoros característicos, sino que también redefinieron la relación entre afición, identidad y territorio en el contexto urbano de Monterrey. Más allá de los episodios de confrontación que en ocasiones han marcado su historia, las barras representan una manifestación de identidad colectiva que refleja tensiones sociales, culturales y deportivas propias de su entorno.
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Semblanza
Antonio de Jesús Castillo Palomo es egresado de la Licenciatura en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente se desempeña como responsable de la Sala de Historia de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria. Sus intereses de investigación se centran en la historia del deporte, particularmente en el análisis de los procesos sociales, culturales e identitarios que se construyen en torno a las prácticas deportivas.
Diego Alberto López García es Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente se desempeña como docente, labor en la que combina la enseñanza con el análisis crítico de los procesos históricos. Su línea de investigación se centra en el estudio del fútbol como fenómeno social, cultural e histórico. Desde esta perspectiva, aborda el deporte como un espacio de construcción de identidades, dinámicas de pertenencia y manifestaciones colectivas que permiten comprender distintas realidades sociales a través del tiempo.
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Fuentes bibliográficas
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[1] Dunning, E., Murphy, P., & Williams, J. (1986). Violencia de espectadores en partidos de fútbol: hacia una explicación sociológica. Fondo de Cultura Económica
[2] Giulianotti. (1999). Fútbol: una sociología del juego global Cambridge: Polity Press.
[3] Holt, R. (1989). El deporte y los británicos: una historia moderna. Oxford: Clarendon Press
[4] Alabarces, P. (2002). Fútbol y patria. El fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina. Buenos Aires: Prometeo Libros.
[5] Giulianotti, R. (1999). Masculinidades: fútbol, tango y polo en la Argentina. Buenos Aires: Editorial Antropofagia.
[6] Betancourt, A. (2008) Hacia un fútbol sin violencia. Biblioteca virtual semisud.
[7] Elias, N. y Dunning, E. (1992) Deporte y ocio en el proceso de civilización. Publicado por Basil Blackwell publisher Ltd. Oxford, NY. Fondo de Cultura Económica. México.
[8] “El crimen que dio nacimiento a las barras bravas argentinas.” (s. f.). Líbero. https://revistalibero.com/blogs/contenidos/el-crimen-que-dio-nacimiento-a-las-barras-bravas-argentinas
[9] Ramirez, J. y Salazar S. (2021) Hinchas organizados ¿barras bravas o barristas sociales? Una mirada desde Colombia y Ecuador. Argumentos, 18. Ecuador.
[10] Javier Brena Molina, “El fenómeno barra brava en el fútbol mexicano y su sentido de pertenencia” (Tesina) en maestría en psicología del deporte UANL, 2024) repositorio UANL http://eprints.uanl.mx/28595/
[11] “Díaz, O. P. (s. f.). A 25 años de la primera barra; el origen en México”. La Silla Rota. https://lasillarota.com/hidalgo/estado/2021/1/25/25-anos-de-la-primera-barra-el-origen-en-mexico-264562.html
[12] “Récord, R. (2026, 26 enero). El origen de las Barras en México”. RÉCORD. https://www.record.com.mx/historia/el-origen-de-las-barras-en-mexico-
[13] De La Garza Tolentino, Carlos. (2021) Organización y transformación social con el barrismo del fútbol mexicano; El caso de La Adicción, Club de Fútbol Monterrey. [Maestría en ciencias sociales con orientación en desarrollo sustentable], Universidad Autónoma de Nuevo León, http://eprints.uanl.mx/22314/
[14] Barrabrava.net. (s. f.). Historia – “Libres y Lokos – Tigres”. Recuperado el 19 de febrero de 2026, de https://barrabrava.net/tigres/libres-y-lokos/historia/
[15] Rodríguez Palacios, E. (2020, 24 de junio).” Libres y Lokos: un sentimiento con aguante”. Vida Universitaria, Universidad Autónoma de Nuevo León. https://vidauniversitaria.uanl.mx/deportes/libres-y-lokos-un-sentimiento-con-aguante/

