La herencia poética en el haiku de Ozaki Hōsai

"Cielo de otoño en Chōkō", perteneciente a la serie "Ocho vistas de las islas Ryūkyū" del artista Katsushika Hokusai, que data de aproximadamente 1832.

Por Eduardo Zambrano

Entre los poetas japoneses que encabezaron a principios del siglo XX la trasformación de las formas tradicionales del haiku, está Ozaki Hōsai; pero sin duda, más allá de los convencionalismos y polémicas literarias, lo que prevalece hasta la fecha, ahora que se cumplen cien años de su muerte, es la herencia sensible, asombrosa hasta dolernos, de su poesía.

Hōsai muere el 7 de abril de 1926 a los 41 años, solo, marginado por la enfermedad del alcoholismo y problemas de salud en sus vías respiratorias. Para entonces, como un legado de vida, había escrito más de cuatro mil haikus, de los cuales, en una cuidada selección, aparecería su único libro (póstumo): Daikū (大空, o “Vasto cielo“).

En una breve semblanza, se pueden destacar apenas cinco instancias clave en la figura de Ozaki Hideo (su verdadero nombre):

. Fecha y lugar de nacimiento: 20 de enero de 1885, en lo que hoy es parte de la ciudad de Tottori, Japón.

. Estudios: Ozaki hizo estudios de Derecho y se graduó en 1909 en la prestigiosa Universidad Imperial de Tokio.

. Ficha curricular: un desastre; después de unos diez años de trabajo, termina su carrera ejecutiva en una prestigiosa empresa de seguros de vida. Poco tiempo después, pasa a otra empresa del mismo ramo, pero igual lo despiden.

. Para 1923 arruina también su faceta de “emprendedor” y la idea de montar un negocio propio en Manchuria, fracasa.

. En 1925 el poeta rompe con todos los convencionalismos sociales, incluso el de su matrimonio. Se estableció entonces en Shodoshima, una isla en el mar interior de Japón, en la prefectura de Kagawa; ahí se desempeñó como conserje del templo Minangoo-an.

. A la par de las prácticas religiosas, el poeta se adentra en la contemplación e intensifica la escritura de haikus, pero ese remanso espiritual no duraría mucho, las complicaciones de salud terminan con su vida.

Puntualizo ahora en la esencia de su obra, donde sus haikus destacan porque gradualmente fueron escapando del formato convencional, rompieron así con la estructura tradicional de 5-7-5 sílabas (moras) y en algunas ocasiones prescindieron del uso del kigo (palabra que refiere a una estación del año); además, se incorporan también nuevos elementos que se desligan de la naturaleza, elementos que apuntan a un estado de desconcierto y soledad, que nos conmueven:

 

aunque lo sé vacío

vuelvo a intentar abrir

el cajón de escritorio

 

….

 

todos*los clavos

en la caja de clavos

están torcidos

 

*En Japón hay una referencia lingüística distinta para el “todos” que refiere a objetos y el “todos” que apunta a personas; en este poema, en el “todos” los clavos se alude (paradójicamente) a nosotros como personas.

En el prólogo del libro Muevo mi sombra (Hiperión, 2018) se destacan dos peculiaridades propias de Osaki Hōsai: por un lado, el poeta “nos enseña una nueva manera de mirar”, una mirada que escapa al asombro “ceremonioso” propio de la espiritualidad japonesa, y se sitúa en una suerte de extrañeza o admiración infantil más íntima, sencilla, y por tanto conmovedora:

 

qué hermoso color

el de la lagartija

en este jardín en ruinas

 

 

al derretirse la escarcha

brillan los pájaros

 

 

una sola ventana

abierta

amanece en el mar

 

El otro aspecto que se señala en el prólogo y en cualquier nota que refiera al poeta, es la visión (verse él mismo) en un silencio que hace eco, por así decirlo, en su enorme soledad:

 

se escucha el anhelo

en el susurro

de las hojas de bambú

 

 

a orillas del mar

vuelvo la mirada

ya no están mis huellas

 

 

en tan profunda soledad

intento mover mi sombra

 

Junto a la trayectoria de Osaki Hōsai (1885-1926) está la de Ogiwara Seisensui (1884-1976), que fue también un precursor de las vanguardias en Japón, sin duda más proclive al estudio, incluso más longevo, y el encargado de hacer posible el libro póstumo Vasto cielo, antes referido; gracias a su constancia, hubo una reedición ampliada de la obra de Hōsai en 1945.

Taneda Santoka (1882-1940), que ha sido más favorecido en traducciones al castellano, fue otro compañero de generación con una propuesta poética disruptiva, una vida que se dispersó también en el alcohol y luego da un vuelco, un refugio en la contemplación espiritual como monje budista; sin embargo, aun con estilos muy parecidos, pueden distinguirse con sellos existenciales muy peculiares: mientras que en la obra de Santōka se hace evidente su errancia de monje mendicante por todo el Japón, en Hōsai hay un exilio ensimismado bajo el cobijo solitario de ser conserje del templo Minangoo-an.

 

un ruido que retumba

se cierra el portón

el templo duerme

 

El estilo de Santōka es directo y muchas veces descriptivo en sus vivencias, el de Hōsai se cierra en una soledad profunda y una sensación de abandono, una intensidad emocional, un estado de ánimo melancólico.

 

duerme el mar ya ennegrecido

al llegar a la posada

 

 

de la oscuridad

del pozo

descubro mi rostro

 

 

en duermevela

resuenan las tijeras del florista

 

 

qué soledad

al mirar mi mano abierta

 

En la cultura japonesa, el poeta suele cambiarse el nombre para hacer evidente un atributo suyo. De esta manera, el nombre de origen Ozaki Hideo, conocido actualmente por su haigo (nombre que se da como poeta) Ozaki Hōsai, sufrió un cambio sustancial que merece ser explicado más allá de lo anecdótico. Y es que en un inicio su seudónimo “Hōsai” estaba escrito con los caracteres “芳哉”, portando en el primer kanji el significado de “perfume” o “fragancia”, el cual resultaba ser el mismo, que en el nombre de Sawa (沢芳), Sawa Yoshie, su gran amor de juventud y prometida en matrimonio. Sin embargo, al ser rechazado su matrimonio, los caracteres que gradualmente empieza a usar son “放哉”, mismos donde se mantiene la pronunciación, pero cambia la profundidad de su significado, ya que el kanji “放” significa libertad, una libertad que igual refiere al acto de emanciparse, pero también de destierro, un destierro interior que le llevó a su azarosa, corta, atropellada vida.

 

escucho

en el silbido de la pirotecnia

el viaje en ascenso

 

Detalles como éste del nombre del poeta, no sólo dan luz a la fuente de sus sentimientos, sino también a las particularidades del idioma japonés, mismo que conlleva implícito un reto, y un reto más sublime cuando se trata de poesía; por eso, quiero dejar en evidencia un sensible agradecimiento, me explico. Aunque los textos que se han transcrito para este apunte son del ya citado Muevo mi sombra (Hiperión, 2018), se aprovecharon las versiones originales que vienen en el libro para que Damián García Camacho, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León y con estudios complementarios del japonés, nos ofreciera sus propias versiones. Damián participó también en el taller creativo y curso de orientación al haiku, que la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria me permitió impartir el año pasado (2025). Le reitero mi agradecimiento por su tiempo para incorporarse a esta iniciativa. Dada la brevedad de los textos, algunas veces las variaciones son mínimas, en otros casos se sugiere una palabra distinta para fortalecer la imagen poética o en otros casos, reordenar los enunciados; pero hay instancias donde los cambios enfatizan un elemento, que aparece en el original, y que la traducción de Damián rescata, apunto, en la versión del libro, página 44:

 

Itsu made mo wasurerareta mama de kuroui koomorigasa

 

Lleva olvidado,

a saber desde cuándo;

paraguas negro.

 

Y en la aproximación que nos ofrece Damián va de la siguiente forma:

 

siempre en olvido

como el murciélago

paraguas negro

 

En este otro texto (pag.19) aparece la imagen de unos zapatos rotos que se aprestan a seguir el camino ante un día más amigable:

 

Yabureta kutsu ga pakupaku kuchi akete kyoo mo hareru.

 

En la versión de Teresa Herrero, del libro ya referido, se nos comparte:

 

Mis zapatos hechos pedazos,

abren y cierran sus bocas,

hoy también el día está despejado.

 

En la versión para esta reseña se incorpora la onomatopeya que busca sugerir en los zapatos rotos, la imagen de masticar (andar el camino) con un alegre “ñam ñam” antes de iniciar un día de sol, más benigno:

 

hoy sale el sol

abren la boca ñam-ñam

mis tenis rotos

 

Supongo que para aquel entonces, de principios del siglo XX, el joven Hōsai no usaba tenis; pero la traducción de Damián (un joven universitario del siglo XXI) le ha regresado al poeta japonés su frescura en medio del desasosiego y de sus gastados caminos de soledad. Cierro entonces el apunte recordando la herencia poética en los haikus de Ozaki Hōsai; a cien años de su muerte, acompañarlo será como entrar en la serenidad de un bosque (como el de este haiku) y escuchar en el silencio… su intimidad de hoja caída:

 

esta sola hoja

en la serenidad del bosque

ha roto el silencio

 

Título disponible en la Sala de Literatura.
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