El santuario amoroso de una poeta

Por Eduardo Zambrano

Este próximo 6 de marzo conmemoramos los 80 años de vida de la escritora Elsa Cross (1946), quien además los cumple generosamente dentro de una destacable trayectoria como maestra, investigadora, traductora, ensayista, y una de las mejores poetas mexicanas de nuestro tiempo. Y es como poeta, pero también como amiga, que la busco ahora para celebrarla.

El “Amor el más oscuro”, recopilado dentro de la antología Poetisas mexicanas del Siglo XXI (UNAM, 1976), fue uno de esos primeros poemas donde me encontré por primera vez con la obra de Elsa Cross; desde aquellas instancias, entre muchas otras ocupaciones y desasosiegos de la joven poeta, entre el trajinar de sus días, estaba la visión del amante:

Nada te apartará de mí

y nada me dará consolación:  

tu ausencia se construye también sobre el quebranto.

En fechas más recientes, apenas el año pasado, tuve la oportunidad de presentar su libro Isla Negra (Ediciones Era, 2023), un poemario que, aun disperso en su temática, se reúne en la luz amorosa y serena con que la poeta lo cubre:

Todo se vuelve luz

y solo queda

más luz vibrante,

                   consciente de sí misma

mirando en todo

                       el reflejo de sí,

abarcándolo todo

                   enamorada.

Elsa Cross sabe que ese amor, el más oscuro y el de una claridad que parece cegarnos, es el mismo. Con el paso del tiempo, prevalecer en la condición de enamorada es una declaración muy poderosa, una celebración y una locura que nos salva. Tu otro nombre (Ediciones Era, 2024) es precisamente un recuento de poesía que aborda el amor como fuente de luz y vida, una fuente que se goza o se sufre, tomando distintos afluentes de la palabra y la lírica. Tenemos así entonces los versos que privilegian formas de posesión / que el cuerpo no conoce, en contraste con una erótica (sensual) y explícita. Valgan de ejemplo estos dos poemas:

Tu aliento resopla en mis oídos

                                    tus gruñidos

Raspa tu barba

Pesa tu cuerpo

Gotea tu sudor

Tus manos aprietan

Tus uñas rasguñan-

 

Y esos oscuros monosílabos

Formas de posesión

que el cuerpo no conoce

 

Como esferas rotando lentísimas

pulsando     

                 cuerdas inaudibles-

esta armonía

traspasa el tiempo

                         hasta el comienzo

y nos deja vibrando

        entre el ser y no ser

 

perdemos rastro

                         de nuestros nombres

Nos sumergimos

en un fluir continuo

                           un latido-

 

restos de la conciencia

                 que se pierde en su nada

En la contraportada del libro queda en claro que el lector encontrará en estas páginas “diversos paisajes del cuerpo y del alma”, espaciosos claroscuros de una intimidad inédita, confesiones que al revelarse, nos descubren que el amor (incluso como lugar común) es un lugar tan descomunal y maravilloso que transforma o nos conduce a otras instancias, hacia otra orilla:

He saltado al abismo

de tu alma

 

Fluimos

en la belleza de estas formas

que ascienden

                      se entrelazan

se disuelven

 

El torrente de vida

nos lleva

hacia otra orilla

 

En esta que frecuentamos

amo tu silencio

te amo en el silencio

de la pura desnudez

con que has llegado a mí

Se contrastó en líneas arriba, las entregas propias del acto de amor: la entrega física de cada uno de los sentidos y el fluir espiritual; ahora habrá que hacer lo propio con el silencio, te amo en el silencio – dice la poeta, y sin embargo hay también en sus confidencias amorosas un vendaval, un ruido ingobernable de preguntas que agitan su existencia; muchas páginas del libro están llenas del desasosiego de esas preguntas. Del apartado La casa del polvo, surgen no pocas inquietudes que terminan por desgarrar la voz:

¿Va a condenarnos al olvido

alguna fuerza oscura?

¿Viene de Dios?

                            ¿Es obra nuestra?

¿Quién oscurece el cielo?

¿Quién vuelve escombro

                                         estos jardines?

Y las preguntas nos llevan

a ese sitio

                 que no queremos habitar.

¿Qué hacer cuando se rompen

los soportes del mundo

                              y los del alma? 

Versos para desnudar al cuerpo y el alma; versos que se hunden de pronto entre preguntas, en desesperanza, y luego gravitan con sosiego en la respiración de la escritura. La poesía amorosa de Elsa Cross no sólo contiene estas contradicciones, sino que las resuelve con gracia desde un oficio de paciencia, un oficio de vida donde todo se consuma y reconcilia en la luz, en el silencio:

El corazón

se vuelve un santuario

En estos dos versos se visualiza Elsa Cross, la sola, no la poeta sino la persona sola, la que enamorada comparte su soledad para reconciliarse con el mundo y consigo misma; en ese santuario se concentra ahora la pasión humana y la presencia divina:

El nombre de Dios

está

en nuestros nombres

Y todo su fuego

nos devora

Encontramos también otros poemas donde se privilegia el instante, el vivir plenamente en el ahora, un instante que contiene el espacio y tiempo en su totalidad, esto es, en su plenitud. En el texto que cito a continuación, los primeros versos plantean una pregunta personalísima, una pregunta que todo enamorado se hace, pero cuya respuesta quedará en la intimidad intransferible, en el misterio insondable de nuestra propia vivencia:

¿Qué parte de ti

se queda en mí

                   cuando te vas?

 

Un instante contigo

y todo se transfigura

se vuelve

             esta fulguración

 

Ese instante

contiene

          todo el espacio

en sí

         todos los tiempos

en sí

                en nos

Tuve la oportunidad de conversar con Elsa Cross poco antes de que se presentara este libro en octubre pasado; ella misma se sonreía de ir camino a los 80 años, con un poemario donde no había más eje temático, que el amor. Y ahora, después de haber leído este libro, agradezco ese desplante, ese gesto de arrojo para dejar en claro que el impulso vital de la existencia se renueva con la luz (no deja de ser maravilloso) que viste a un cuerpo al desnudarse: Te vistes de luz al desnudarte, lo dice la poeta en un poema y lo dice de alguna forma u otra en todo este libro.

Tu otro nombre es la luz que entra en ese santuario del corazón y lo ilumina.

Me uno a celebrar con Elsa Cross la palabra, la suya, los rituales de su palabra que seguirá resonando en el asombro y en cada lectura de sus poemas.

Títulos disponibles en la Sala de Literatura. Créditos de la fotografía: Nancy Lucio.
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