Tres escuelas y poetas norteamericanos en sus centenarios

Próximamente disponibles en el Fondo Eduardo Zambrano.

Por Eduardo Zambrano

En la historia de los movimientos literarios del siglo XX norteamericano, y después de las figuras más visibles de Eliot, Pound, William Carlos Williams, que desde la “modernidad” rompieron con la tradición, aparecerían luego un brillante despliegue de escuelas, mismas que ahora pueden ser recordadas a través de tres poetas nacidos en 1926 y, por tanto, se vuelven ahora ya referencias centenarias. En orden de trascendencia podemos enumerarlos de la siguiente manera:

Allen Ginsberg (3 de junio de 1926 – 5 de abril 1997). Lideró la ahora legendaria generación Beat.

Frank O´Hara (27 de marzo de 1926 – julio de 1966). Es el más visible de los poetas que encabezaron La escuela de Nueva York.

Robert Creeley (21 de mayo de 1926 – 30 de marzo 2015). Referente de los conocidos como Black Mountain Poets.

A continuación, comparto una brevísima semblanza y un puñado de poemas seleccionados para esta ocasión, destacando los principales rasgos de estilo de cada escritor. Dicha selección deja en evidencia que, dentro de una generación, incluso naciendo en el mismo año, cada poeta elige su propia manera de manifestarse. El orden de presentación ahora va de acuerdo con su aparición en el calendario y, por ende, recordarles así en su cabal festejo como poetas centenarios e invitarlos también a seguirlos leyendo:

Frank O’Hara (27 de marzo, 1926).

En palabras del pintor Alex Katz: “La profesión de Frank era ser un intelectual activo“. Por citar algunos registros, fue el primero de los jóvenes poetas neoyorquinos en escribir crítica de arte con regularidad, trabajando como editor asociado de Art News. Además llegó a ser uno de los fundadores del Teatro de Poetas de Cambridge y, en su posición más visible, director y curador de obras para el museo MoMA. Dada su corta vida (al sufrir un accidente) solo podemos destacar su libro más emblemático con el que se dio a conocer: Lunch Poems.

La poesía de Frank O’Hara obedece a la manifestación vertiginosa de los hechos o de un pensamiento en particular, donde la escritura (como en una atropellada conversación telefónica) va sugiriendo un anecdotario emotivo de recuerdos, percepciones, evidencias y discrepancias. El ritmo (que parece estar siempre acelerando el paso, en una ciudad como Nueva York) fue la materia central de sus poemas. De esta forma O’Hara propone el personism (o el personismo) como un ars poética que no tiene nada que ver con la personalidad ni con la intimidad, sino que simplemente hace énfasis de la importancia sobre que haya en el acto de la escritura un interlocutor, una persona (real o imaginaria) que sea distinta a la persona que se evoca en el poema, lo cual, sirve como una especie de confesión ocasional para así tomar distancia con el mundo afectivo y sensiblero que aqueja a los que se toman muy en serio.

 

CAFÉ INSTANTÁNEO CON UN POCO DE CREMA AGRIA

 

Café instantáneo con un poco de crema agria

y un telefonazo al más allá

que al parecer ha decidido mantenerse lejos.

“Ay, papá, quisiera seguir así, embriagado”

con toda esa poesía de un nuevo amigo

donde lo precario de mi vida se hace visible

en las manos de otro, sus imposibles y los míos.

Ahora que finalmente ha muerto el primer amor,

aquel donde no había imposibles, entonces…

¿Es esto amor?

 

TODO SE ACLARA

 

Todo se aclara ante una ensalada de aguacate por la mañana

después de todas las cosas terribles que hago

lo asombroso de encontrar perdón y amor, incluso sin perdón

pues lo hecho hecho está, y el perdón no es amor

y el amor es amor solo donde nada puede salir mal

aunque las cosas a veces sean irritantes, aburridas y prescindibles

(imaginándolas) pero no realmente por amor

aunque a una calle de distancia su sola presencia

lo cambia todo como el papel que toca un químico

y todos estos pensamientos desaparecen extrañamente

                                                          en una excitante quietud

aun con la respiración agitada, esta es mi única certeza

 

AUTOBIOGRAFÍA LITERARIA

 

Cuando niño

jugaba ensimismado

en el patio de la escuela

completamente solo.

Odiaba muñecas y toda clase

de juegos, con recelo

los animales pasaban ante mí

y los pájaros se iban volando.

Si alguien me buscaba

huía a esconderme tras un árbol

y me ponía a chillar.: “Estoy

huérfano”.

Y ahora heme aquí,

¡en medio de toda esta belleza!

Escribiendo estos poemas.

¡Imagínense!

 

Robert Creeley (21 de mayo, 1926)

Con su particular estilo minimalista, conciso, directo, casi aforístico, el poeta posicionó su voz con una singularidad deslumbrante. Junto con el poeta Charles Olson, plantearon el concepto de “verso proyectivo”, un tipo de poesía que abandona las técnicas tradicionales, en favor de un verso creativo que va tomando forma a medida que avanza el proceso de composición. Sin duda, gracias a su poemario For Love: Poems 1950-1960, Creeley se vuelve visible en la literatura norteamericana y cosechó emblemáticos reconocimientos como la Beca Guggenheim (1964), Medalla Robert Frost (1987), Poeta Laureado del Estado de Nueva York (1989-1991), Premio Bollingen de Poesía (1999) y Premio Lannan a la Trayectoria (2001).

Robert Creeley fue fiel a esa poética de lo inmediato, una voz que se dice bajo una respiración y versos entrecortados, un estilo que se adelgaza para referir al mundo y las preocupaciones propias del poeta. Con el paso del tiempo, más evidente en su libro póstumo, hay una evidente nostalgia y el recurso de la memoria prevalece.

 

GÉMINIS

 

Dos ojos, dos manos-

en uno dos son dados.

Las palabras

son mensajes

de otro,

no entendidas sino dadas.

 

ALGÚN ECO

 

Algún eco,

pedacitos,

cayendo, un polvo,

rayo de luz, en la

ventana, en

los ojos. Tu

pelo mientras

te lo peinas,

la luz

detrás

de los ojos,

es lo que queda.

 

CAMINATA TRISTE

 

Vuelvo a los viejos ecos de nuevo,

sé que estoy donde estuve antes,

veo el mismo viejo sol.

Pero de espaldas, desde todos los ayeres,

aún es del mismo modo,

el que gana o el que pierde.

En aquel tiempo yo era joven,

caminaba abierto al mundo,

joven y divirtiéndome.

Pero ahora soy sólo una caminata triste

hacia un pequeño vacío,

para sentarme y esperar, esperar irme.

 

Allen Ginsberg (3 de junio, 1926)

En 1953 Allen Ginsberg se traslada de Nueva York a California, conectando con la que ya empezaba a conocerse como la Generación Beat, la cual encabezó a partir de una poética desenfadada, desinhibida, provocadora desde el lenguaje y sus contenidos, mismos que no dudan en denunciar con irreverencia los convencionalismos y políticas sociales. El poema Howl (Aullido) fue un himno de este movimiento, pues con su fuerza, su intensidad y la amplitud de su contenido logró atravesar la barrera del tiempo y llegar a distintas generaciones que hoy en día lo tienen como principal referencia. Cruzando los 35 años de edad, Allen Ginsberg intensifica tanto su activismo político como su labor poética, publicando obras como Kaddish and Other Poems,1958-1960 (1961) y Reality Sandwiches (1963).

Ya en la década de los ochenta llegan los reconocimientos y tanto la poesía como su música (que igual le acompañó en casi toda su trayectoria), fueron visibles; valga destacar encuentros tan afortunados con personalidades como Paul McCartney, con quien grabó “Ballad of the Skeletons” en 1995. El poema, no podía ser de otra forma, es un juego irónico (una especie de calaveras mexicanas) para denunciar todo tipo de abusos de poder, y hacer constar las contradicciones de un mundo desgarrado por intereses mezquinos.

 

NO ENVEJEZCAS

 

II

Nunca más verá Times Square

Esos anuncios de películas porno o las estaciones de autobús

                                                              a medianoche

Tampoco ese sol como pelota naranja

elevándose al oriente sobre las copas de los árboles

hacia el horizonte de Nueva York

Su sillón de terciopelo junto a la ventana estará vacío

No verá más esa luna sobre las azoteas de las casas

o el cielo más allá de las calles de Patterson

 

III

Brazos cansados, rodillas débiles

   80 años, el cabello ralo y blanco

     más huesuda la mejilla de como recordaba —

la cabeza gacha, los ojos abiertos

    de vez en cuando, escucha—

    Le leí a mi padre “Intimidades de inmortalidad” de Wordsworth

     “siguiendo esas nubes de gloria llegamos

        a Dios, que es nuestro hogar…”

           “Eso es hermoso”, dijo, “pero no es cierto”.

“Cuando era niño, teníamos una casa

    por la calle Boyd, en Newark. El patio de atrás

      era un gran lote baldío lleno de arbustos y hierba alta.

    Siempre me pregunté qué había detrás de esos árboles.

Cuando fui creciendo, le di una vuelta a la manzana

     para descubrir lo que había allá atrás-

        era una fábrica de pegamento”.

 

IV

¿Me irá a pasar eso a mí?

Por supuesto que te pasará a ti.

¿Lucirán así de envejecidos mis brazos?

Seguro el pelo de tus brazos se pondrá gris.

¿Se doblegarán tan débiles así mis rodillas?

Quizás necesitarán muletas.

¿Qué será del torso y del amplio pecho?

Serán puro pellejo.

¿Dónde irán a parar mis dientes?

Si acaso conservarás los de abajo.

¿Qué le irá a pasar a mis huesos?

Terminarán entre piedras confundidos.

 

BALADA DE LOS ESQUELETOS

*

El esqueleto del Ecologista dijo

“Mantengamos azules los cielos”

El esqueleto de las Multinacionales dijo

“Ya no la hagas de pedo”

*

El esqueleto del NAFTA dijo

“Libre comercio y venga riqueza”

El esqueleto de la Maquila dijo

“Talleres de infierno y salarios de mierda”

*

El esqueleto de los medios dijo:

Créanme que todo lo que digo es verdad.

El esqueleto del teleadicto dijo:

A mí qué más me da.

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