Por Lizbet García Rodríguez
*
A 20 años de haber recibido el grado de Doctor Honoris Causa por la UANL, rememoramos desde esta columna el paso del ilustre escritor e intelectual mexicano Sergio Pitol por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
*
Su caligrafía se erige como un testimonio de presencia en la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, a través del mensaje escrito el 16 de noviembre del 2005 en el libro de firmas; allí señaló el ambiente agradable del recinto, su público, las atenciones de su entonces directora, Minerva Margarita Villarreal, “y el espíritu de Reyes, que se siente como en su casa”. Ese año, Sergio Pitol fue una de las figuras invitadas a la serie de actividades para celebrar el 25 aniversario de la biblioteca, abordando la relación amistosa y literaria que sostuvo con Alfonso Reyes.
Más tarde, el 14 de septiembre de 2006, en sesión solemne del Honorable Consejo Universitario, la Universidad Autónoma de Nuevo León le entregó la distinción académica de Doctor Honoris Causa a Pitol, “narrador extraordinario que ha venido a prestigiar de nuevo las letras mexicanas con su merecido Premio Cervantes 2005”, consta en el acta de consejo correspondiente.
En su mensaje, titulado Mi deuda con Alfonso Reyes, agradeció tanto a la institución como a la ciudad: “Para mí, esta ciudad de Monterrey se conjuga con uno de los más grandes humanistas de toda la lengua castellana: Alfonso Reyes. A los 17 años frecuenté unas conferencias sobre temas helénicos que él dictaba en el Colegio Nacional, y me inicié devotamente en la lectura de su obra”.
Del regiomontano universal, compartió Pitol con los asistentes al Teatro Universitario, “esa hazaña portentosa: la de transformar, renovándola, nuestra lengua. Releo esos libros y más me asombra la juventud de esa prosa que no se parece a ninguna otra”.
El autor, cuyos textos han recorrido Hispanoamérica y han sido traducidos a múltiples idiomas como el coreano y el mandarín, calificó de invaluable lo que su generación le debe al escritor y humanista de Monterrey:
“En una época de ventanas y puertas cerradas, Reyes nos incitaba a emprender todos los viajes. Evocarlo me hace recordar uno de sus primeros cuentos: La cena, que es un relato de horror inmerso en una atmósfera cotidiana, donde a primera vista todo parece normal, anodino; hasta podría decirse un poco opaco, mientras bajo las líneas el lector va poco a poco presintiendo que se interna en un mundo demencial, quizás el del crimen. Esa Cena debe de haberme herido en el flanco preciso. Años después comencé a escribir, y hace poco advertí que una de las raíces de mi narrativa se hunde en aquel cuento. Buena parte de lo que más tarde he hecho no es sino un mero juego de variaciones sobre aquel relato”, expresó en su discurso.
Escribir para la razón y el corazón
Un año después, Sergio Pitol regresó a la UANL para recibir un homenaje y presentar la Trilogía de la Memoria (Anagrama, 2007), publicación que incluye tres de sus obras clásicas: El Arte de la Fuga (1996), El Viaje (2000) y El mago de Viena (2005).
“El 80% de mis lectores son los muchachos, los jóvenes en México y Latinoamérica, y puede parecer una obra compleja, pero también cualquier persona puede leerme por primera vez y al final del libro puede sentir que el texto le llegó a la razón y al corazón”, expresó entonces en entrevista.
Lo dijo con un dejo de orgullo no disimulado (más bien tierno) quien hace mucho tiempo había asumido el compromiso de ser contemporáneo a la hora de escribir.
“Yo escribí todos mis libros fuera de México, salvo un librito de cuentos, cuando era muy joven, tenía unos 23 años. Poco después, a los 28 años me fui a trabajar en Relaciones Exteriores, y todos los días leía en las noches, pensaba e imaginaba la escritura, aun cuando estaba yo fuera de los grupos de escritores, nunca fui a grupos literarios, pero tenía amigos que leían mucho y hablábamos de literatura; esa distancia, y estar pensando otras cosas fue lo que derivó la obra que he creado, este estilo, planteado desde lo contemporáneo”.
El escritor, traductor y diplomático mexicano nacido en Puebla en 1933, dijo sentirse “entre amigos” durante el homenaje efectuado en Colegio Civil Centro Cultural Universitario, donde participaron además los escritores Álvaro Enrigue, Minerva Margarita Villarreal y Hugo Valdés.
“Es para mí un gran honor recibir este homenaje –expresó Pitol-: he venido varias veces a presentar libros, he hecho lecturas y cada vez que estoy aquí tengo más amigos, siento cada vez más cálido.”
El andar y el hablar se tornan cada vez más pausados, pero su brillantez se manifiesta incluso en la intención de evitar, en esta etapa de la vida, algo que pudiera no ser tan bueno.
“Este año no he escrito sino emails. Había escrito antes del Premio Cervantes unos capítulos de lo que sería una nueva novela, pero ahora, quiero dejar que corra el tiempo, para saber si es bueno o no seguir escribiendo.”
Después de recibir el Premio Cervantes en 2005, el propio Pitol observó cómo aumentaron sus actividades, viajes, ruedas de prensa y visitas de amigos, lo cual aminoró el ritmo de su escritura. Pero aun sin producir ningún otro libro, los títulos acumulados hasta entonces conformaban ya un inventario de clásicos: El desfile del amor, reconocida con el Premio Herralde en 1984, Domar a la divina garza (1988) y La vida conyugal (1991, adaptada al cine), los cuales conforman lo que editorialmente es conocido como El Tríptico del Carnaval (1999). Es autor de varios libros de cuentos, en gran parte reunidos en Cuerpo presente y Vals de Mefisto, entre otros.
Su labor de traducción nos trajo desde otras lenguas las obras de Joseph Conrad, Henry James, Robert Graves, Jane Austen, Witold Gombrowicz, Alexander Zeromsky, Kazimierz Brandys, Jerzy Andrezjewski y Bruno Schulz.
Miembro del Servicio Exterior mexicano desde 1960, Pitol escribió desde sus íntimas trincheras como agregado cultural en París, Varsovia, Budapest, Moscú y Praga. Además del Cervantes, recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1981, y el Premio Juan Rulfo en 1999 por el conjunto de su obra. El homenaje de la UANL se sumó a esta reverencia del mundo por su contribución a las letras y el conocimiento.
“Estoy muy agradecido con la Universidad Autónoma de Nuevo León, con las autoridades que me hicieron el honor de darme el Doctorado Honoris Causa, y todavía me están haciendo otro homenaje.”

El Premio Internacional Alfonso Reyes
Varios años después, en 2015, otro hecho relevante lo conectó con la UANL: ser elegido para recibir el Premio Internacional Alfonso Reyes. Para entonces, el estado de salud del narrador y ensayista mexicano no le permitió estar presente en la universidad; pero recibió el galardón con entusiasmo en su casa de Xalapa, Veracruz.
La Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria fue la sede de la develación de la placa conmemorativa, el 19 de mayo de 2016, y se programó un homenaje a la vida y obra de Sergio Pitol, con una jornada literaria en la que participaron el escritor Hugo Valdés, y las entonces estudiantes de humanidades María del Mar Rodríguez, de la Universidad de Monterrey; Victoria Garza, del Tecnológico de Monterrey; Sofía Ríos, de la Universidad Regiomontana; y Berenice Zavala, en representación de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
La presencia y el legado de Sergio Pitol en la UANL forma parte del compromiso institucional por acercar a los estudiantes, docentes y comunidad en general, lo más lúcido y relevante del pensamiento humanístico de México y el mundo.


