Buenas noches
La brisa nocturna me trajo el susurro de tu voz
un suspiro que aleteaba entre las nubes
con la corriente visitaba a las estrellas
buscaba la dirección de mi casa para asentarse
esperaba ser escuchado, esperaba ser correspondido
pero la tempestad del sueño se llevó la conciencia
y el fugaz hálito se perdió entre las sábanas
con bocanadas desesperadas intentó recobrar fuerza
el mensaje no se podía perder en la oscuridad
era imprescindible para el aliento reposar en los oídos
que aquel soplido arribara al corazón
La exhalación cargaba con seis palabras
veintiocho letras que amenazaban con convertirse en humo
en humo y polvo cargado de intención
En un arranque se oye una ventisca
Una estela que enuncia:
que sueñes con los angelitos, papá
la borrasca entonces desapareció
y la figura acolchada responde:
buenas noches, hija
sueña con los angelitos tú también
Aquel silbido te envuelve y te lleva lejos
regresa al cochón, distiende la cama
la ráfaga del pecho se disipa
y los latidos del corazón se vuelven alas
entonces la bruma del cansancio aparece en los ojos
con la respiración apaciguada
el aire del descanso corre
y con su suave cantar te arrulla
hasta que te deja caer sobre las almohadas
*
*
*
…moria
No puedo.
No puedo reprimir
el impulso de mis ojos
capturar tu belleza
Tu recuerdo
se desprende,
el tiempo devora
los detalles,
tu melodía se
fusiona con el ruido
y tú-tacto
causa ausencia
Memoria traicionera
que te cambia
maldito el tiempo
que te olvida
Sentimientos fuertes
que no te logran invocar,
sentimientos que crecen
para solo extrañar
Eres luz
que se quema
en mi memoria.
Luz que
al tocar fondo
se desvanece
Luz débil
te quiero aferrar,
pero
me…
*
*
*
La noche es un primero sueño
A Carlos Rutilo
Tras la ventana, el viento sopla:
se escucha al follaje de los árboles
y plantas mecer sus hojas
al son del imposible silencio,
y cantar la melodía más hermosa que,
bien como diría Sor Juana,
al reposo y sueño induce.
¿Será Harpócrates?
La oscura manta estrellada
ya estaba cubriendo el cielo
y la flora respondía
a su invitación de sereno.
De vez en cuando,
al son creado,
se unían voces:
perros ladrando
comunicando que
la noche y su séquito
ya habían llegado.
El sol, de la silla de montar,
se despedía,
con los vestigios de sus rayos
una señal hacía
a los fieles seguidores
de la bella y blanca sonrisa.
El primero en saludarla
fue el rey de los cantores:
el grillo;
concertista por excelencia
de todos aquellos
que a la noche sucumben
y entran al sueño.
Eterna melodía
que irrumpe el silencio,
armoniza la oscuridad
con el soplar del viento.
Quizá algún día
los romances del insecto
lleguen a oídos
de los que con ojos cerrados
permanecen quietos.
En las calles vacías
camina campante
el ropavejero:
el tlacuache que,
según Cri-Cri,
vende cachivaches.
Buscando las sobras
el rey de la calle
reverencia a la luna,
y, como su confidente
cómplice y testigo,
amenaza con asustar
a aquellos que no
están aún dormidos.
En los cielos surca
otro gran amigo,
el más antiguo de todos,
el por siempre incomprendido;
el mamífero nocturno,
el que tiene colmillos.
El murciélago vuela
¿será vampiro?
el rey de la oscuridad de la noche
baila hasta quedar rendido.
¡Oh, majestad, por qué no
permanece dormido!
De luna se levanta
y comienza a hacer ruido,
¿por qué no compartir su fiesta
con los del sueño cautivos?
El guardián del descanso
así todo poseía,
dejaba pocas melodías
para a las estrellas y a la luna
darles la bienvenida.
Aquellos no invitados
siempre dormían:
ladrones, amantes, Sor Juana,
y hasta la que esto escribía.
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SEMBLANZA
Paula Treviño (Nuevo León, México, 2002). Licenciada en Letras Hispánicas, futura promotora de lectura y, a veces, escritora. En 2025 publicó en Navegantes: revista sobre literatura infantil y juvenil (no. 10) dos textos informativos sobre la conceptualización del libro-álbum, “Terror en El libro de la negación: una construcción del miedo a partir del libro-álbum” y “El libro-álbum”. Actualmente es parte del equipo de escritoras de la colección editorial de Paseo de la Mujer Mexicana.

