Esa noche en el mundo

Del archivo de la autora.

Por Paulina Villalpando

I.

Esa noche en el mundo

pasaron cosas muy extrañas,

vi a un gato negro caminando

por la calle empedrada

y me mordí la lengua,

escuché a los árboles susurrar

la palabra se me cayó al suelo

se convirtió en un insecto rastrero,

de la tierra agrietada de mi hogar

brotaron flores brillantes que germinaron

por luz de luna,

no ladraron los perros

por esa figura extraña,

una mujer en la plaza del pueblo

soltó un alarido chirriante

como el de una lechuza,

entre los montes lejanos

saltaban bolas de fuego,

había criaturas sin forma ni voz

que se escondían bajo la mesa de nuestra cocina

estaba llena de miedo,

me asustaba incluso la lluvia

cómo los dioses hacían del suelo

su tambor

y ese ritmo llegaba hasta mis pies

mis pies de niña dormida,

desperté en la oscuridad

por primera vez

no tuve miedo de ella, pude verme

tomarme de la mano

así dimos vueltas y vueltas

acelerando el paso

con los brazos como anclas

para no irnos a la deriva,

sintiéndonos un torbellino

como los que nacen en el desierto,

girando y girando,

pensando que en cualquier momento

tendremos que soltarnos,

no quiero bailar como fantasma

que persigue la vida

bailar aquí, como mis ancestros

*

*

*

II.

entonces alguien hablaba, o lloraba

su voz era un hilo delgado, casi invisible

podía verse solamente reflejado

en la luz de este sol

como la telaraña que nace en el campo

entre una hoja y otra

cuantas distancias tuvimos que recorrer,

esperar que ese llanto se convirtiera en mar

navegar, caminar

seguir caminando

sin una guía, sin destino

*

*

*

III.

el abuelo de mi padre

encalló en esta tierra, hemos sido

náufragos, obreros

niñas temerosas del desierto

madres

sin encontrar raíz ni sustento

hemos migrado también

pensando que podríamos huir

de esto que nos atormenta,

pero yo no sé cómo decirte

dónde nos duele

y quizás este dolor,

como la sal, creció entre los huesos

otro tejido entre los sedimentos minerales

en nuestros cuerpos

la llevamos a donde sea

*

*

*

IV.

entendí la muerte cuando vi morir

a esa polilla negra, escondida tras la puerta

era un mal augurio, debí hacerla salir,

salvarla y darla de regreso a su madre,

la luna,

pero no lo hice

mis piernas de niña no alcanzaron

el altar vuelto sepulcro,

habrá sido una mamá polilla

dejando atrás hijos polilla

en ese momento, mi peor miedo

era perder a mi madre en la oscuridad

y mis brazos ni sus brazos

pudieron sujetarse,

no hay voz que nazca de nuevo

en esta tierra infértil para poder

encontrarnos

*

*

*

Paulina Villalpando (Monterrey, Nuevo León, 2000) es licenciada en Letras Hispánicas por la UANL. Poeta y narradora, ha colaborado bimestralmente con la revista digital Armas y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon. Formó parte de la antología Fragmentos de lo que ya no está, publicada por Editorial ENE. Sus poemas han sido compartidos en eventos de micrófono abierto en Monterrey, lugar donde escribe sobre el desierto de Coahuila, la intimidad y la infancia.

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