La geografía interior de un poeta: Eduardo Zambrano y su “Avance en retirada”

Créditos de la fotografía: Nancy Lucio.

Por Carlos Rutilo

Para Rubén Esparza

La reunión o selección específica de una obra “completa” implica tener que hacer una auténtica revisión precisa y cuidada de cada uno de los pasos por donde ha transitado la voz poética que se ha ido construyendo a lo largo de todos estos años de trayectoria literaria, es decir, prestar atención a esa otra máscara de palabras, anhelos, latidos y ecos que el poeta trabaja y recrea en este plano terrenal. Prestar especial atención a las inquietudes, a las obsesiones, reiteraciones, a la constancia que han tenido tanto la voz poética como el poeta mismo ante los umbrales de la vida y del tiempo; y ver de qué manera han enfrentado tanto al mundo como al silencio. Pero implica también adentrarnos en esa compleja geografía interior que lo distingue y lo vuelve familiar y único ante los ojos del anónimo lector con el que se desea comunicar, y a través desde la otra orilla de la palabra y del tiempo, también se cuestiona y nos cuestiona qué es la poesía cuando brota en un preciso instante único e irrepetible y por qué la necesitamos, como si se tratase de un auténtico milagro. Ya María Zambrano, en su libro El hombre y lo divino, nos había dicho que “filosófico es el preguntar y poético el hallazgo”, por lo que esta voz en particular, la de los poemas de Eduardo Zambrano, es consciente de la existencia de una tradición que la respalda y sabe que todo poema es una semilla con la esperanza de volverse árbol en el alma de sus respectivos lectores.

Avance en retirada (Antología poética 1988-2022), es un libro que la voz poética que construye y recrea el poeta Eduardo Zambrano se ha encargado de ir hilando los libros que ha ido publicando a lo largo de su trayectoria sin importar si se comienza desde el último título publicado, transitando entre secciones donde se dialoga con los poetas preferidos y familiares, llegando hasta el primer poemario y todavía nos entrega una muestra de algunos poemas inéditos mientras nos ofrece un amable paisaje entre haikus y tankas antes de decirnos que las puertas de su mundo, como las de su acervo, siempre estarán abiertas para los lectores ávidos de poesía.

Leer y releer a Eduardo Zambrano implica hacer siempre una pregunta sobre qué es la poesía y por qué la necesitamos en nuestras vidas, sobre la relación de la soledad con el tiempo, y sobre los efímeros instantes donde una mirada pueda abarcar por completo las inquietudes de nuestros propios latidos frente al mundo:

 

Bibliofilia

 

Soy lector.

Sólo quiero dar las gracias.

Escribo para dar las gracias

de todo lo que he leído.

                  No más deudas

que las palabras

empañadas

para hacerme libre.

 

Elegí la poesía

como pude haber elegido

la novela, el cuento

o la paciencia exasperada

                     de los críticos.

 

Soy ahora un hombre flaco.

Ya dije que me gusta la poesía.

Leer poesía. Soy lector.

Mi biblioteca está llena de fantasmas.

 

Aquí voy a esperar la muerte,

esa esperanza tan temida.

La voy a aguardar leyendo, ya lo dije,

soy lector.

Sólo quiero dar las gracias.

 

Esta voz poética se sabe y se identifica como lector, y solo un lector como él es capaz de dialogar con distintas voces sin importar el orden cronológico y la geografía de cada una de ellas, pues por sus páginas resuenan los ecos de Octavio Paz y la revista Vuelta, José Emilio Pacheco, Homero, Dante, Clarice Lispector, Fernando Pessoa, Franz Kafka, Ernesto Cardenal, Gonzalo Rojas, Álvaro Mutis, Antonio Machado, Chantal Maillard, Eugenio Montejo, Guillermo Meléndez, Samuel Noyola, entre otros más (recordemos que el Eduardo Zambrano de nuestra realidad cuenta con un acervo de alrededor de más tres mil títulos de poesía de diferentes partes del mundo, y que todavía se mantiene como un lector activo y ávido de las novedades poéticas). Pero esta voz no puede quedarse quieta, necesita responder a la lectura con otro poema sin terminar de cerrar ningún círculo, con la esperanza de que el diálogo continué en otro tiempo y en otra mirada:

 

Vuelta a la claridad

 

Los intelectuales son los ingenieros de las palabras.

Construyen caminos, puentes, horizontes.

A veces ciudades enteras.

Se apoyan en ideas e infraestructuras.

De alguna forma el tiempo es medido

                            y se cimenta en proyectos.

 

Los poetas, en cambio, hacen posible los días

                                                                de sol.

De alguna forma entienden la desmesura

que nos hace vivir y nos da sentido.

 

Los intelectuales hacen posible el futuro.

Un poeta hace habitable el presente.

 

Octavio Paz reunió al intelectual y al poeta.

Octavio Paz les dio las instrucciones precisas

para refundar la vuelta a la claridad,

                     el lenguaje justo donde el pensador

tiene la osadía de florecer Árbol adentro.

 

Quien sepa de esto, se lo va a agradecer por siempre.

 

Cada uno de los poemas de Avance en retirada contienen la particularidad de ofrecernos un paisaje destinado a permanecer como una cálida huella en la memoria del lector, pues aunque algunos tengan una tonalidad pesimista, o de humor negro, eso no quiere decir que nunca deje de ser reflexiva, pues tanto el amor como el alcohol, el fracaso, la ilusión del sueño y la fugaz mirada de alguna muchacha se vuelven en momentos cargados de una tensión dramática dispuestos a crecer como un árbol en la mirada del lector que se detenga a prestar atención aquel delicado instante. Esta voz que Eduardo Zambrano ha construido a lo largo de estas décadas tiene toda la intención de no cerrar nunca el diálogo poético y leerlo ahora es aprender a mirar el mundo con la esperanza de que las palabras permanecerán y que cada poema sabrá encontrar a sus respectivos lectores, sin importar el tiempo en que los separen. Su mirada es una pregunta y sus versos son el necesario hallazgo para combatir esta realidad que nos abruma:

 

Sobre el desarrollo sustentable

 

Una sociedad sustentable

con una justicia insostenible,

es discurso de merolicos

y escucha de oportunistas.

 

El único mundo sustentable

es imaginario, y vive en la poesía

desde hace ya algunos milenios.

Los poetas hacen visible

                                a la humanidad

con el resplandor de sus miserias.

Alimentan a la tierra

con huesos que aún florecen.

Hacen del aire una palabra.

Llenan de agua a las nubes.

Alimentan el fuego sagrado

con ideales o esperanzas vanas.

 

Tierra, aire, agua, fuego.

En el poema está todo lo necesario

para vivir.

No hay más desarreglo sostenible

que el hombre.

No hay más sociedad sustentable

que la de los poetas muertos.