Un centenario que se cumple en la palabra

Por Eduardo Zambrano

El poeta español José María Valverde nació el 26 de enero de 1926. Ahora que se cumple el centenario de su natalicio habrá que recordarle como un ser de palabra, lo cual en su caso trasciende el sentido figurado de un hombre íntegro, para posicionarse como un individuo que compromete su destino en ese sentido:

“Tú no nos das el mundo para que lo gocemos.

Tú nos lo entregas para que lo hagamos palabra.

Nacido en Valencia, pero desde su infancia es en Madrid donde crece y encamina sus estudios en Filosofía; sin embargo, ya desde la preparatoria escribe y publica sus primeros poemas: Hombre de Dios. Salmos, elegías y oraciones (1946) y La espera (1949). Los versos arriba citados pertenecen a estas primeras páginas donde la formación religiosa hace del poeta un hombre de Dios, pero un hombre sensiblemente enraizado en el mundo donde suceden las nubes y la lluvia, la belleza y la muerte, el desasosiego y el entusiasmo. En el tránsito a su segundo poemario se abre un impasse, una espera, que sin exigir esperanza, como aclara el poeta, le lleva a un grado de aceptación de la realidad, una realidad que no le impide seguir visionándose más allá de España y del mismo castellano.

Una vez concluidos sus estudios, entre 1950 y 1955, Valverde viaja a Roma donde se desempeña con distintos cargos en el Instituto Español de aquella ciudad; en ese tiempo se manifiestan sus otras dos vertientes literarias que lo acompañarán de por vida, pues publica sus primeras páginas de crítica literaria; Estudios sobre la palabra poética(1952); y sus primeras traducciones: Veinte poemas de Thomas Merton (1953). No menos importante son sus colaboraciones en un semanario cultural de Barcelona, y la publicación de su tercer poemario: Versos del domingo (1954). En este libro, además de destacar el ojo fotográfico que despliega para entrar en el paisaje romano, también el hombre se visualiza en su entorno familiar, tanto en el matrimonio como en la presencia de su primer hijo. Y, no menos importante, sobresalen sus afanosas convicciones sociales y políticas, su comunión con la causa revolucionaria del Nicaragua de entonces; no de balde está un texto dedicado a Ernesto Cardenal y una carta al también poeta Pablo Antonio Cuadra.

Para principios de la década de los 60 se incorporan a su corpus poético Voces y acompañamientos para San Mateo y La conquista de este mundo. En estas páginas se vuelven a abrir los pasadizos donde fluyen y confluyen las preocupaciones espirituales y las domésticas. Pero lo que quizá más se destaca en estos años, es la invitación que recibe José María Valverde a colaborar (a instancias de L. Alonso Schöel) en el equipo que iba a traducir la Biblia al castellano, que en acuerdo a la apertura del Concilio Vaticano de entonces, así se demandaba.

Por motivos políticos y solidarios con colegas marginados por el régimen franquista, Valverde se exilia y viaja a los Estados Unidos, donde fue profesor en la Universidad de Virginia de literaturas hispánicas y comparada. También en esos años fue catedrático de literatura española en la Universidad de Trent, en Canadá.

Ya para 1970 aparece el poemario Años inciertos; la dedicatoria al poeta cubano Cintio Vitier nos señala, de alguna forma, de los vínculos que el escritor español mantiene con las preocupaciones literarias, sociales, revolucionarias incluso, en América Latina. Pero además de estos puentes afectivos, está la soledad del poeta en su exilio, ‘las estampas de costumbres’ y ‘el profesor de español’, dos apartados que desde el nombre nos orientan al adentrarnos en la lectura.

Con la muerte de Franco, en 1977 la familia regresa a España y se intensifica la labor del traductor; Valverde nos lleva a la poesía de T.S. Eliot y de Whitman, pero también a la narrativa de Jane Austen; más cercanos a su entorno igual traduce del catalán a Gabriel Ferrater. Y en cuanto estudios críticos, publica ensayos sobre Antonio Machado y James Joyce. Al margen de estas formalidades, hay también un columnista asiduo y presente en los diarios y los suplementos culturales de Barcelona.

En 1979 es elegido presidente de “La Casa de Nicaragua” y se aproxima a la “teología de la liberación”, dos puntos de referencia para destacar también su servicio solidario en espacios cercanos a las necesidades del pueblo, de la sociedad más necesitada de atención.

De vuelta al espacio estrictamente de la poesía, José María Valverde publica en 1976 el que sería su último poemario: Ser de palabra. Para ese entonces habrá cumplido 50 años, y de alguna forma, cierra la puerta de su intimidad para salir al mundo:

Para dejar atrás mi nombre

y hablar por todos juntos, yo no sé

    si servirá la voz que tengo,

si valgo ya para ese menester…

En 1983 se le rinde en Barcelona un homenaje como traductor, oficio que sigue ejerciendo intensamente y en tan variados e interesantes caminos: Novalis, Faulkner, Heidegger, Rilke, la poesía de Hölderlin y la de algunos poetas románticos ingleses.

En 1984, en colaboración con Martín de Riquer, se empieza a publicar (en lo que serán diez tomos) la Historia de la Literatura Universal. En sus últimas instancias aparece también Breve historia y antología de la estética, además de una antología que reúne y cierra su poesía.

Intentando resumir el eje temático de la obra poética de Valverde: por un lado su mundo íntimo y la presencia de Dios, la relaciones de familia; por otro, el compromiso social (dar la palabra) como una obediencia para el destino; además algunas postales de viajes y el exilio donde se ejerce como maestro en los Estados Unidos.

José María Valverde muere en 1996, a los setenta años; antes se había jubilado de la Universidad de Barcelona como Profesor Emérito, y publica su último libro: Diccionario de historia.

Para esta cronología me apoyé en el libro Obras Completas 1 / Poesía (Editorial Trotta, 1998).

A cien años de su nacimiento, la poesía de José María Valverde es un valioso registro histórico y poético de la literatura española del siglo XX. Su poema de juventud Oración por nosotros los poetas, es un referente obligado para conocerlo o regresar a profundizar en su obra:

 

Señor, ¿qué nos darás en premio a los poetas?

Mira, nada tenemos, ni aun nuestra propia vida;

somos los mensajeros de algo que no entendemos.

Nuestro cuerpo lo quema una llama celeste;

si miramos, es sólo para verterlo en voz.

No podemos coger ni la flor de un vallado

para que sea nuestra y nada más que nuestra,

ni tendernos tranquilos en medio de las cosas,

sin pensar, a gozarlas en su presencia sólo.

Nunca sabremos cómo son de verdad las tardes,

libre de nuestra angustia su desnuda belleza;

jamás conoceremos lo que es una mujer

en sus profundos bosques donde hay que entrar callado.

Tú no nos das el mundo para que lo gocemos,

Tú nos lo entregas para que lo hagamos palabra.

Y después que la tierra tiene voz por nosotros

nos quedamos sin ella, con sólo el alma grande…

 

Ya ves que por nosotros es sonora la vida,

igual que por las piedras lo es el cristal del río.

Tú no has hecho tu obra para hundirla en silencio,

en el silencio huyente de la gente afanosa;

para vivirla sólo, sin pararse a mirarla…

Por eso nos has puesto a un lado del camino

con el único oficio de gritar asombrados.

En nosotros descansa la prisa de los hombres.

Porque, si no existiéramos, ¿para qué tantas cosas

inútiles y bellas como Dios ha creado,

tantos ocasos rojos, y tanto árbol sin fruta,

y tanta flor, y tanto pájaro vagabundo?

Solamente nosotros sentimos tu regalo

y te lo agradecemos en éxtasis de gritos.

Tú sonríes, Señor, sintiéndote pagado

con nuestro aplastamiento de asombro y maravilla.

 

Esto que nos exalta sólo puede ser tuyo.

Sólo quien nos ha hecho puede así destruirnos

en brazos de una llama tan cruel y magnífica.

 

… Tú que cuidas los pájaros que dicen tu mensaje,

guarda en la muerte nuestros cansados corazones;

dales paz, esa paz que en vida les negaste,

bórrales el doliente pensamiento sin tregua.

Tú nos darás en Ti el Todo que buscamos;

nos darás a nosotros mismos, pues te tendremos

para nosotros solos, y no para cantarte.

 

Título próximamente disponible en el Fondo Eduardo Zambrano.
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