La importancia del rebozo como símbolo de identidad en la moda femenina de la Nueva España en la época colonial

Lavanderas, criadas, guarda de las conductas de Pachuca, en Carta Etnográfica. Antonio García Cubas. México, 1885.

Por Beatrice Akasha Díaz Delgado

Introducción

La época colonial produjo una serie de mezclas entre culturas y tradiciones de ambos mundos. Una de estas mezclas surge con la vestimenta del habitante de la nueva España y más concretamente en la mujer, puesto que la moda siempre se ha visto reflejada en mayor medida en el género femenino por lo que esto ayudó a qué surgieran diversos modos de vestir que identificaban a la mujer novohispana de la española de Europa. A lo largo del tiempo, la moda se ha visto envuelta en múltiples cambios debido al contexto de la región en el que se desenvuelve. Así pues, en México la vestimenta ha tenido adaptaciones dependiendo las necesidades de la mujer según su clase social y ocupación dentro de la misma sociedad; por otro lado, también se han creado prendas de vestir únicas que hacen sentir una identidad cultural y forman parte de las tradiciones. En México se han usado como símbolos de las costumbres que pueden tanto variar entre festividades, como llegarse a usar las mismas prendas para diferentes ocasiones. El rebozo se considera una prenda que caracteriza la vestimenta tradicional mexicana, llegando a ser usada en todas las clases sociales en la época colonial de la Nueva España, tiempo en el que esta pieza fue adaptada al vestido femenino.

Dentro de la época colonial en la Nueva España, existieron múltiples castas con una identidad cultural y tradiciones diferentes debido a la posición que se les adjudicaba, por lo que a las castas más elevadas se les otorgaba más privilegios que a las bajas. Entre estas, se encontraban los blancos (españoles peninsulares y criollos) que tuvieron a su alcance la moda europea, permitiendo su llegada al nuevo mundo. Este movimiento hizo que las castas bajas se acoplaran a lo que los gachupines dictaban en la moda. Asimismo, fue concebido el rebozo como un símbolo de la cultura en el Virreinato. Esto provocó, una apropiación de la mencionada prenda como símbolo de identidad de la mujer novohispana. En tiempos prehispánicos el uso del mámatl por los grupos de mujeres indígenas, en diversas culturas de Mesoamérica pasó por generaciones hasta a la colonización hispánica; Sin embargo, con las adaptaciones de la moda europea traídas por las clases altas, se dio paso al uso del rebozo.

El presente trabajo busca demostrar la importancia del rebozo como símbolo cultural, fundamentándose en sus orígenes en la época colonial para resaltar su uso en la vida cotidiana de la mujer novohispana y cómo este ha sido herencia de las culturas prehispánicas de México. La investigación tendrá un punto de partida en Europa para dar contextualización sobre la moda femenina de principios del siglo XVII. A partir de ahí, se analizará la moda femenina de la colonia novohispana y como fue influenciada por las distintas vías de comunicación. Con esta información, se podrá exponer algunas piezas que marcan la diferencia entre la moda de España y la Nueva España, para así establecer una relación entre esta vestimenta y el traje novohispano. Por último, se ahondará en las teorías más populares sobre la concepción del rebozó y como éste cobró importancia en la mujer colonial, y además, se reflexionará como última instancia la relevancia que tiene la prenda en cuestión y cómo llegó a cobrar un valor de identidad para la mujer de la Nueva España.

Moda femenina de Europa y su diferencia de la moda novohispana

En el siglo XVI, la palabra moda no significaba lo mismo que el concepto contemporáneo. Esta palabra se usaba de distinto modo pues el decir que alguien iba a la “moda” hacía referencia a una manera de vestir en particular dependiendo el lugar o cultura en la que la persona se encontraba y valoraba. Así pues, no fue hasta el siglo XVII que la palabra moda se comenzó a usar como un referente a vestir de acuerdo con lo que se encontraba en tendencia, “la primera vez que se ubicó el término moderno de moda en español y de forma escrita fue en la obra Avisos históricos que comprenden las noticias y sucesos más particulares ocurridos en nuestra Monarquía desde 3 de enero de 1640 a 24 de diciembre de 1641 de José Pellicer”[1]. Esta concepción se utilizó por primera vez en Europa, lo que hizo que los distintos medios de información como folletos, estampillas y libros difundiesen el concepto y llegase hasta España, en específico a la clase alta.

            Fue entonces que la mujer comenzó a adoptar distintos modos se vestir conforme dictaban los medios de comunicación, abriendo paso a tendencias y estilos de indumentaria en la élite española. Un gran ejemplo de la difusión de la moda es la reina consorte de Francia, María Antonieta de Austria. Con un característico rococó en su estilo de vestir, se podían observar en su vestuario colores pastel llamativos y holanes con moños en las mangas; en la falda se observaba una gran amplitud a muestra de su posición en la sociedad con diversas capas de tela. Giorgio Riello expone que la nobleza, formando parte de una élite, creaban y decidían que estaba de moda[2], siendo María Antonieta y su círculo social quienes dictaban que estaba de moda y después de ahí, los modos de vestir iban variando, dependiendo la clase social a la que llegaba ya que “la moda no solo era cosa de hombres y mujeres nobles, sino que afectaba a todos los estratos sociales”[3].

Habiendo llegado la moda a todas las clases sociales de Europa, se puede hablar de una revolución en su totalidad sobre la manera en la que la gente vestía. Esto dicho no solo se refiere a las tendencias rococós que la consorte de Francia había divulgado, sino que además se vio incrementado el aumento del consumismo, pues ahora el ciudadano europeo tenía más accesibilidad a las prendas por todas las calles de aquel continente[4].

Así que, esta élite femenina estaba acostumbrada a vestir con crinolinas y corsés, que moldeaban el cuerpo, con telas finas y coloridas como la seda importada, la cual a veces incluso estaba bordada, y lana para los abrigos, además de sumar los accesorios como abanicos, sombreros y ostentosas pelucas que acostumbraban a usar las mujeres de la alta sociedad; por otro lado, se encuentran los estratos sociales. Riello afirma que cuanto más se baja en la escala social, más difícil resulta saber que vestía la gente común[5], por lo que solo pueden surgir hipótesis acerca de la moda en los estratos más bajos;

todo aquel que no tenía medio de sustento, recibía los vestidos de las obras de caridad, que en el sur de Europa estaban gestionadas por la iglesia, mientras que en el norte de Europa, las autoridades municipales tenían la responsabilidad de vestir a los ciudadanos más necesitados.[6]

Se puede decir que la moda se fue adaptando a las clases sociales, pero con las mismas constantes, siendo estas las coloridas telas y las siluetas que adoptaban las prendas, siendo clave el moldeo o corrección del cuerpo femenino mediante los corsés que levantaban el busto y las crinolinas que daban forma a las faldas de las mujeres, agregando por último los accesorios que en las clases bajas iban desde lazos hasta sombreros de menor calidad.

Como se ha mencionado, las élites eran las que dictaban la moda en la época colonial y aparte eran los distribuidores de estas. Esto surgió en Europa del siglo XVII, pero se llevó a cabo un proceso diferente en la Nueva España. Es verdad que gracias a la distribución de libros, folletos y estampillas por la gente de la alta sociedad sirvieron como factor del nacimiento de una nueva moda en el mundo novohispano, pero aun así es un proceso difícil de estudiar ya que como menciona Hernández, no se ha comprobado la existencia de la llegada de los modelos pensados para la transmisión de los atuendos de moda[7].

Asimismo, se han encontrado notas de viajeros que llegan de otros lados hacia el nuevo mundo con testimonios de lo que visualizaron en la sociedad novohispana que deja entrever de forma indirecta el modo de empleo de sus vestimentas. Gracias a estos escritos se permitieron nuevas descripciones sobre la moda en la Nueva España, dando como resultado una mezcla de entre lo europeo y la herencia indígena de los antepasados. Así pues, se puede decir que la mujer novohispana se adaptaba a las condiciones sociales y locales[8].

            Por consiguiente, se puede decir que la mujer de la colonia vestía un atuendo de dos piezas similar al europeo, con los mismos adornos barrocos, pero en menor medida. Sin embargo, en la Nueva España había ya una moda local gestada, por lo que la llegada de las estampillas españolas o francesas solo sumaba un factor más a la moda novohispana[9]. Además, la Nueva España acostumbraba a importar sedas orientales de bajo costo, por lo que los colores iban variando, dependiendo el tipo de tela y el brillo que estas proporcionaban. Una de las grandes diferencias que se llegaron a notar en el vestuario femenino del mundo novohispano fue el exceso de riqueza en el traje y el rebozo, siendo estos dos accesorios que llegarían a diferenciar entre las mujeres del Viejo y Nuevo Mundo.

Con esta pequeña descripción, se pretende hacer notar las diferencias encontradas entre la forma de vestir de la Nueva España y el continente europeo en general, ya que la comunicación de modas allá era más fácil y accesible, por lo que se llegaba a notar más similitudes que con el nuevo continente. A su vez, se busca marcar una introducción hacia el rebozo, accesorio único de las mujeres novohispanas que llegó a marcar su identidad cultural mezclándola con las de Europa.

Popularización del rebozo en la mujer novohispana

Antes de hablar sobre el impacto cultural que el rebozo tuvo sobre la mujer novohispana hay que dejar en claro que esta misteriosa prenda aún no tiene bien definido su origen; a pesar de utilizar la teoría de que esta prenda es la evolución de otro accesorio prehispánico llamado mámatl, cuyo objetivo era de cargar al bebé y ser más fácil de amamantar, existen mitos acerca del rebozo que le adjudican la idea de que ésta prenda era venida de Europa. De este modo, Ana Gámez menciona que uno de los problemas que se presentan en las publicaciones sobre el rebozo, es la confusión de este con otras prendas similares como las tocas, las mantillas, los mantones españoles y el mismo mámatl[10].

            Aun así, existe la posibilidad de que la confusión en la misma época colonial por su uso en las castas bajas haya generado un sentimiento hacia esta prenda adoptándola como herencia y provocando la formación de esta identidad de la mujer en la Nueva España. Entonces, se puede diferenciar el mámatl del rebozo ya que esta última prenda, debido a los materiales por lo que está compuesta (telas como seda o tejidos de algodón) es una prenda de recato y no para carga o abrigo[11]. Asimismo, Martha Zarina deja ver como el mexicano quiere adquirir la imagen del colonizador para la adquisición de poder, valores y códigos de vestimenta de las sociedades occidentales[12], lo que en las mujeres de la Nueva España pudieron ser vestidas con las prendas de moda en aquellos tiempos, pero con la distinción del uso del rebozo; esto significaría una nueva mezcla de culturas en la forma de vestir.

            Teniendo en cuenta que una de las funciones atribuidas al rebozo es la de recato, se puede observar la influencia religiosa sobre los modos de vestir en la mujer novohispana. Una de las teorías acerca de su popularización habla sobre las mujeres indígenas y mestizas que carecían de recursos para adquirir mantillas españolas y que aprovechando la anchura de los telares prehispánicos los llegaron a utilizar para ir a la iglesia[13]. Así que la iglesia fungió como uno de los factores para el nacimiento de dicha prenda ya que, como tradicionalmente se sabe, las mujeres cristianas no tienen permitido acceder a las iglesias con la cabeza al descubierto, por lo que las mujeres indígenas que fueron evangelizadas tuvieron que asistir a esta exigencia adaptándose a su contexto social.

Otra explicación que se tiene sobre la historia prehispánica de esta prenda textil va dirigida hacia el grupo otomí-pame. Este grupo especializado en la realización del rebozo estuvo localizado en el altiplano central en la época prehispánica, fue migrando hacia distintos lugares llevando consigo esta tela[14]. Así que también se le puede atribuir a este grupo la popularización de dicho textil antes de la época colonial, dando por sentada el establecimiento del rebozo para una futura herencia hacia la mujer de la colonia.

Con la cultura otomí popularizando el telar prehispánico, llevó a su vez la técnica de teñido ikat. Estos tejidos se reconocían por el contorno difuminado de los diseños debido a la penetración irregular del tinte[15]. La mencionada técnica fue popular entre las mujeres de la colonia por los colores y formas que adquirían los rebozos. Además, otro factor de su popularización fue el tiempo de existencia de los patrones adquiridos y su uso por las mujeres indígenas desde antes de la conquista.

Asimismo, como se ha mencionado sobre la posible herencia del rebozo por parte de los asentamientos prehispánicos, se puede notar como un trozo de tela adquiere diferentes significados en las distintas culturas que existían en el mundo novohispano, por lo que como menciona Elizabeth Hulverson que los significados culturas así como la función social que estas prendas han adquirido fueron cambiando con el tiempo, pero la riqueza estética de esta tradición continúa[16], lo que da entender que a pesar de los diversos atributos dados al rebozo, se observa como mantienen la tradición de la elaboración con ciertos acabados como es la técnica mencionada anteriormente, el ikat.

Conclusiones sobre el rebozo y su valor cultural en la identidad femenina novohispana

Como se explicó anteriormente, la moda se va adaptando en todos los estratos sociales así que con eso el rebozo fue una prenda muy popular entre las mujeres de la colonia de la Nueva España[17] que se convirtió con el tiempo en un accesorio característico de su vestuario. Entonces el rebozo encontró su lugar en la indumentaria novohispana; así este telar llegó a identificar “lo novohispano” y posteriormente lo mexicano[18] gracias a que las mujeres de todas las castas llegaron a utilizarlo en su cotidianeidad y a su vez, le fueron atribuyendo tradiciones que perduran hasta tiempos actuales.

            Aunque el pasado de dicha prenda sea aún debatible, se da por hecho que el rebozo llegó a marcar la identidad de la mujer de la Nueva España. Este trozo de tela al que se le ha asignado un valor y nombre diferente con el paso del tiempo se renueva hallando usos como el de carga, de sumisión o simplemente de tradición. Entonces la mujer novohispana encontró una manera de diferenciarse del viejo continente mediante el uso de las tendencias de la moda, lo que marca así la importancia que esta tiene en la sociedad que es lo que llega a identificar a toda una sociedad o cultura que puede perdurar por generaciones.

Entonces, el rebozo comenzó a formar parte de un símbolo de mexicanidad desde el siglo XIX, lo que abrió paso a numerosas investigaciones de dicha prenda[19]. Por último, se puede ver como la moda desde su concepción moderna ha diferenciado y marcado a la mujer de maneras más profundas que la simple estética de la prenda; que sirva de ejemplo el poder de sumisión que tuvo el textil analizado ante la mujer cristiana y como esta tradición sigue en distintas culturas y religiones, llegando a prohibir distintas actividades a la mujer si no cumple con el mencionado código de vestimenta pudiendo ser repudiada (como pasaba en la colonia por los frailes hacia la mujer), e incluso perseguida y violentada

*

*

*

Semblanza

Beatrice Akasha Díaz Delgado. Estudiante de Historia y Estudios de Humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Miembro del Grupo Académico Estudiantil de Historia. Sus líneas de investigación se centran en la historia de la vida cotidiana en Nuevo León y la semiótica de la moda femenina a través del tiempo en la clase media, además de un gran interés en la investigación y los procesos archivísticos.

*

*

*

Referencias

De Ávila, Alejandro. 2012. Las técnicas textiles y la historia cultural de los pueblos otopames”, Estudios de cultura otopame, vol. 8, núm. 5: 127-192 https://www.revistas.unam.mx/index.php/eco/issue/view/3769

Gámez, Ana. 2009. “El rebozo: estudio historiográfico, origen y uso”. Tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras. https://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/jspui/handle/FFYL_UNAM/6878

Hulverson, Elizabeth. 2008. Historia y presencia del vestido en el México prehispánico. México D.F.: Editorial CACCIANI.

Riello, Giorgio. 2016. La novedad avanza: revolución de la moda en el siglo XVIII, en Breve historia de la moda. Desde la Edad Media hasta la actualidad, 37-60. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.

Sánchez, Claudia. 2023. “El arte del rebozo. Un patrimonio cultural desconocido”, El artista núm. 20: 1-21. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=87476070002

Sandoval, Martha. 2017. “Los Caminos De La Moda Hacia Nueva España: Comercio, Personas, Libros Y Papeles”. Revista De Arte Ibero Nierika, núm. 11: 7-25. https://nierika.ibero.mx/index.php/nierika/article/view/314.

Zarina, Martha. 2017. “La identidad mexicana en relación con la moda”, Controversias y Concurrencias Latinoamericanas núm. 14: 45-50. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=588666484007


[1] Martha Sandoval, “Los caminos de la moda hacia Nueva España: comercio, personas, libros y papeles”, Nierika. Revista de estudios de arte núm. 11 (2017), 9.

[2] Riello, “La novedad avanza”, 41.

[3] Ibid., 41.

[4] La Revolución Industrial a finales del siglo XVIII, masificó la producción, distribución y uso de prendas en tendencia, gracias a la invención de los telares mecanizado a vapor.

[5] Riello, “La novedad avanza”, 45.

[6] Ibid., 46.

[7] Sandoval, “Los caminos de la moda hacia Nueva España”, 11

[8] Ibid.,10.

[9] Ibid., 25.

[10] Ana Gámez, “El rebozo: estudio historiográfico, origen y uso” (tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 2009), 21, https://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/jspui/handle/FFYL_UNAM/6878

[11] Gámez, “El rebozo: estudio historiográfico, origen y uso”, 21.

[12] Martha, Zarina, “La identidad mexicana en relación con la moda”, Controversias y Concurrencias Latinoamericanas núm. 14 (2017): 47. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=588666484007

[13] Claudia Sánchez, “El arte del rebozo. Un patrimonio cultural desconocido”, El artista núm. 20 (2023): 5, https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=87476070002

[14] Sánchez, “El arte del rebozo”, 8.

[15] Alejandro de Ávila, “Las técnicas textiles y la historia cultural de los pueblos otopames”, Estudios de cultura otopame, vol. 8, núm. 5 (2012), 155, https://www.revistas.unam.mx/index.php/eco/issue/view/3769

[16] Elizabeth Hulverson, La indumentaria indígena, ayer y hoy, en Historia y presencia del vestido en el México prehispánico, (México D.F.: Editorial CACCIANI, 2008), 18.

[17] Sánchez, “El arte del rebozo”, 5.

[18] Sandoval, “Los caminos de la moda hacia Nueva España”, 11.

[19] Gámez, “El rebozo: estudio historiográfico, origen y uso”, 24.

Subir